Mastantuono en el alambre: el dilema táctico de Scaloni
El césped impecable del complejo Lionel Messi, en Ezeiza, es hoy el escenario de una de las historias más delicadas de la lista de Argentina: el futuro inmediato de Mastantuono. El joven de 18 años, delantero y una de las grandes apuestas de futuro del fútbol argentino, corre serio riesgo de quedarse fuera de la lista definitiva para el Mundial, según informó AS.
Llega después de una temporada de aprendizaje duro en Madrid, con 23 partidos a cuestas, más roce que brillo, más golpes que portadas. Pero llega sano. Físicamente entero, sin rastro de lesión. Y ahí está el matiz que marca la tensión de estos días: si se queda fuera, no será por el cuerpo, será por la pizarra.
Un corte por pizarra, no por médico
El cuerpo técnico de Lionel Scaloni exprime cada sesión en Ezeiza con la calculadora en la mano. No se trata solo de nombres, sino de perfiles, de funciones, de cómo encaja cada pieza en un campeón del mundo obligado a defender la corona sin fisuras.
“Todavía tenemos algunas dudas que vamos a resolver en los próximos días”, admitió Scaloni, en plena cuenta atrás hacia el cierre del plazo. Sin rodeos, el técnico remarcó el filtro definitivo: el rendimiento y el estado de forma con el que cada jugador llega a la concentración.
Ese criterio deja a Mastantuono en una zona gris. No es un descarte por problemas físicos ni por indisciplina. Es un posible sacrificio táctico. Un ajuste fino de un plantel que ya sabe lo que es ganar un Mundial y que ahora se permite ser implacable con los detalles.
Tres lesionados, una rendija de esperanza
La esperanza del delantero pasa, paradójicamente, por las piernas tocadas de otros. El destino de Mastantuono está atado a las pruebas dinámicas que deben superar tres nombres con peso específico en el grupo: Nahuel Molina, Nico González y Gonzalo Montiel.
Los tres arrastran problemas físicos y serán sometidos a test específicos para comprobar si resisten la exigencia del torneo. Si alguno no supera esos exámenes, se abrirán huecos inesperados en la estructura táctica. Y en esos huecos podría entrar el joven atacante.
No se trata de un “plan B” improvisado, sino de escenarios que el cuerpo técnico ya maneja. Si falta un lateral, si cae un extremo, si se modifica el dibujo, cambian las necesidades del banco. Y ahí Mastantuono puede transformarse, de último en la fila, en recurso valioso para agitar partidos cerrados.
El reloj aprieta al campeón
La fecha límite para entregar la lista definitiva se acerca y en la concentración de Argentina nadie se engaña: el margen de error es mínimo. El campeón del mundo no puede permitirse dudas físicas justo antes de arrancar la defensa del título.
El calendario tampoco da respiro. El equipo de Scaloni debutará en el Grupo J ante Argelia, Austria y Jordania. Tres rivales distintos, tres contextos de partido que exigen variantes, piernas frescas y soluciones desde el banco.
Por eso cada entrenamiento se ha convertido en un examen silencioso. Cada sprint, cada cambio de ritmo, cada gesto de los lesionados es observado al milímetro. De esos detalles depende no solo la estructura del equipo, sino también el sueño de un chico de 18 años que pelea por subirse al avión.
Mastantuono ya hizo lo más difícil: entrar en la órbita de una selección campeona del mundo. Lo que viene ahora es todavía más cruel. En cuestión de días sabrá si su nombre figura en la lista o si deberá esperar otro ciclo, otra oportunidad, otro Mundial. Y en el fútbol de élite, nadie puede asegurar que esa segunda oportunidad llegue.






