Mundial en ebullición: Inglaterra, Escocia y el rugido de Ronaldo
La tercera jornada de la fase de grupos del Mundial arranca con dos sensaciones muy distintas a ambos lados del Reino Unido. Inglaterra sale de Boston con un 0-0 ante Ghana que sabe a poco, mientras Escocia aterriza en Miami para medirse a Brasil con el sueño de hacer historia… y la amenaza de quedarse, otra vez, a las puertas.
Bellingham pone nombre al bloqueo de Inglaterra
El 0-0 frente a Ghana dejó a Inglaterra con un punto más, pero con muchas más dudas. El empate impide a los de Thomas Tuchel sellar aún su billete matemático a los octavos, y abre un debate que ya suena repetido en los grandes torneos.
Jude Bellingham, elegido mejor jugador del partido, rebajó el dramatismo. Habló de “second game fever”, esa especie de bloqueo del segundo partido que persigue a Inglaterra desde la Eurocopa 2020: cuatro empates seguidos en el segundo duelo de un gran torneo. El mensaje del centrocampista fue claro: hay que “roll with it”, aceptar el tropiezo, aprender y resetear de cara al cierre del grupo ante Panamá.
El plan es sencillo: ganar el sábado, recuperar sensaciones y cerrar el liderato del Grupo L. El contexto, algo más complejo. Declan Rice vio la primera amarilla inglesa del torneo por una falta sobre Jerome Opoku y queda apercibido: otra tarjeta frente a Panamá le dejaría fuera del partido de octavos. Según el reglamento de la FIFA, dos amarillas en la fase de grupos implican un partido de sanción, aunque las tarjetas se limpian al término de esta fase.
Para Tuchel, la gestión del riesgo será clave. Más aún después de que Rice saliera cojeando y abandonara el estadio de Boston con la pierna vendada. La previsión es que no haya lesión grave, pero el mediocentro, junto a Reece James, será evaluado antes de decidir si entra en el once o descansa.
Kane falla… pero no se hunde
El otro foco del empate ante Ghana fue Harry Kane. El capitán tuvo la victoria en sus botas en el tramo final y mandó la ocasión por encima del larguero desde apenas siete metros. Un fallo que, en un Mundial, suele perseguir al delantero durante días.
Kane, sin embargo, se niega a flagelarse. A sus 32 años, el delantero del Bayern Munich ha vivido suficientes torneos como para saber que un error no puede marcar una campaña. Lo explicó sin dramatismos: es “parte de la vida de un ‘9’”. Nueve de cada diez veces, esa pelota acaba dentro. Esta vez no fue así. La siguiente, insiste, volverá a confiar en sí mismo.
El debate sobre si Inglaterra depende demasiado de su goleador volvió a aparecer. Ni el propio Kane ni Eberechi Eze compran esa teoría. El mediocampista recordó la cantidad de talento ofensivo que tiene la selección y defendió que la percepción de dependencia nace, precisamente, de la brutal eficacia de su capitán. Cuando él no marca, el ruido se multiplica.
La polémica Bellingham y la protesta de Paraguay
El partido ante Ghana dejó otro frente abierto, esta vez en los despachos. En España se informa de que la federación de Paraguay ha presentado una queja formal ante la FIFA por el trato arbitral a Jude Bellingham en comparación con Miguel Almirón.
La imagen del inglés tapándose la boca con la mano mientras hablaba con Jordan Ayew encendió las alarmas por la nueva norma de este Mundial: se puede mostrar tarjeta roja a un jugador que oculte su boca en una confrontación con un rival. Bellingham no fue sancionado porque, según se ha explicado, se trató de una conversación amistosa, sin tensión.
Almirón, en cambio, se convirtió en el primer expulsado por este motivo tras un intercambio encendido en el Paraguay–Turquía, castigado tras revisión del VAR. La federación paraguaya considera que el reglamento no se está aplicando de forma uniforme y ha elevado su protesta. De momento, sin consecuencias deportivas para Inglaterra, pero con la sensación de que la regla ya ha abierto una caja de truenos.
Escocia, ante el gigante: Brasil y la historia en juego
Mientras Inglaterra mira de reojo a Panamá, Escocia se prepara para una noche que puede definir una generación. En Miami les espera Brasil, cinco veces campeona del mundo, dirigida por Carlo Ancelotti y con Neymar ya disponible tras superar sus problemas de gemelo.
El técnico italiano no se fía lo más mínimo. Ha elogiado a la selección de Steve Clarke como un equipo de “luchadores”, bien organizado y con piezas de jerarquía como Scott McTominay y John McGinn. No hay partidos fáciles en un Mundial, avisó. Y menos contra una Escocia que se juega la vida.
Las cuentas son tan simples como brutales: si Escocia derrota a Brasil, estará en los octavos y podría incluso liderar el grupo si Marruecos tropieza ante Haití. Un empate casi les garantiza el pase como una de las mejores terceras, con cuatro puntos. Incluso una derrota ajustada podría servir, gracias al 1-0 encajado ante Marruecos, que mantiene la diferencia de goles bajo control.
Pero la historia pesa. Escocia ya se midió a Brasil en 1974, 1982, 1990 y 1998. Nunca ganó. Esta vez, eso sí, tendrá detrás una marea azul que ha tomado Miami. La Tartan Army ha llenado playas, bares y calles con gaitas, faldas y cerveza, ganándose elogios de la policía local por el ambiente “inolvidable”. La imagen contrasta con viejos tópicos y refuerza la idea de que el Mundial, en Estados Unidos, se está viviendo como una fiesta.
Neymar vuelve, Raphinha se cae
Brasil, ya clasificada, llega con buenas noticias y un contratiempo. Neymar ha completado una semana de entrenamientos a buen ritmo y Ancelotti confirma que está “listo para jugar”: podría tener media parte o incluso los 90 minutos, según cómo se desarrolle el encuentro. Es un refuerzo de lujo para una selección que ya mostró su pegada en el 3-0 a Haití.
La mala noticia es la baja de Raphinha, lesionado en los isquiotibiales en ese mismo partido. El extremo del Barcelona se perderá la cita con Escocia, lo que abre un hueco en las bandas brasileñas y obliga a Ancelotti a ajustar su plan ofensivo.
Ronaldo se reivindica, Portugal se divierte
En otro punto del mapa, el Mundial volvió a escuchar un viejo rugido. Cristiano Ronaldo firmó un doblete en el 5-0 de Portugal sobre Uzbekistán y proclamó a los cuatro vientos que está “de vuelta”. El marcador no deja lugar a dudas: la selección lusa destrozó a la débil escuadra centroasiática y se coloca en una posición inmejorable para cerrar el grupo.
Bruno Fernandes, capitán del Manchester United y socio habitual de Ronaldo, no ocultó su alivio. Admitió que era importante que el capitán marcara, que el equipo le necesita como referencia ofensiva y que su producción goleadora sigue siendo el termómetro de Portugal. El mediocampista, asistente en el segundo tanto de Cristiano, remarcó que su misión es surtir de balones a los de arriba, marque él o no.
El siguiente examen para Portugal será Colombia, en Miami, con el liderato del grupo en juego. Un escenario grande para un Cristiano que ya ha encendido el debate: ¿es esta realmente su resurrección mundialista o solo un espejismo ante un rival menor?
Alemania no levanta el pie
Quien no quiere relajarse es Alemania. Ya clasificada para los cruces, la selección de Julian Nagelsmann se mide a Ecuador con un mensaje nítido desde el vestuario. Nadiem Amiri lo resumió con una frase: lo afrontarán “como una final”.
El argumento es deportivo y moral. Ganar, dice el mediocentro, alimenta la confianza y el equipo siente que debe respeto al torneo y al resto de selecciones. No habrá grandes experimentos, al menos según la previsión del propio Amiri. Alemania quiere llegar a octavos con la máquina en marcha, no a medio gas.
Tormentas, horarios y viejos fantasmas
Sobre el Mundial planea otra preocupación: el calendario de la última jornada de grupos. Desde el famoso “Desastre de Gijón” en 1982, la FIFA programa los dos últimos partidos de cada grupo a la misma hora para evitar sospechas de pactos o amaños.
Esta vez, el problema se llama clima. El duelo entre Francia e Irak ya sufrió un parón de casi cuatro horas por tormentas eléctricas. Mientras fue el segundo partido de grupo, el impacto fue limitado. Si algo parecido sucede en una última jornada, la simultaneidad se rompería.
El reglamento deja una puerta abierta en su artículo 12.4: los partidos deben jugarse al mismo tiempo “salvo que la FIFA estipule lo contrario” por causas de fuerza mayor. De momento no hay protocolo específico para tormentas veraniegas. La sensación es clara: si el tiempo irrumpe en el guion, el Mundial podría revivir viejos fantasmas.
Messi no descansa y Argentina aprieta
En Dallas, Argentina ya ha hecho los deberes: ha ganado el Grupo J con un partido de margen y tiene billete asegurado para los octavos en Miami. Pero Lionel Scaloni no piensa en rotaciones masivas ni en dar vacaciones a Lionel Messi.
El seleccionador ha hablado con su capitán y este le ha dejado claro que quiere jugar al menos 45 minutos contra Jordania. Con cinco goles en dos partidos y liderando la carrera por la Bota de Oro, Messi no está para ahorrar esfuerzos. Scaloni, eso sí, tendrá que dosificar a otros. Cristian Romero, central del Tottenham, seguirá de baja hasta la fase de eliminatorias, si Argentina avanza.
Habrá minutos para jugadores menos habituales como Giuliano Simeone, Valentín Barco o José Manuel López. Todo ello en un Dallas abrasador, con previsiones de 100 grados Fahrenheit, un factor que ya condiciona sesiones de entrenamiento y planteamientos físicos.
Escocia–Inglaterra, el cruce que se insinúa
Mientras los aficionados llenan estadios y playas, las calculadoras echan humo. A día de hoy, con Inglaterra liderando el Grupo L y Escocia tercera en el C, el cuadro marca una cita explosiva: un posible Inglaterra–Escocia en octavos, en Ciudad de México, el 6 de julio.
Nada está cerrado. Inglaterra aún debe rematar ante Panamá. Escocia, sobrevivir a Brasil o, al menos, evitar un descalabro. Pero la posibilidad está ahí, latiendo en el fondo de cada conversación entre aficionados británicos desplazados a Estados Unidos y México.
¿Será este Mundial el que, por fin, vea a Escocia superar una fase de grupos? ¿O acabará todo reducido a una noche de resistencia heroica ante Brasil y a otra decepción más? La respuesta llegará en Miami, bajo el ruido de las gaitas y el eco de un gigante vestido de amarillo.






