Neymar cierra su carrera con Brasil: un adiós simbólico
En Nueva Jersey, en el mismo escenario donde todo comenzó, Neymar bajó el telón de su carrera con la selección de Brasil. Sin vuelta atrás, sin matices. Tras la derrota 2-1 ante Noruega en los octavos de final, el delantero de 34 años anunció que su ciclo con la Canarinha ha llegado a su fin.
Lo hizo entre lágrimas, ante las cámaras de TV Globo, aún con el eco del pitido final flotando sobre el MetLife Stadium. Había marcado el único gol de Brasil, de penalti, en el tiempo de descuento. Un gol tardío, insuficiente para evitar la eliminación, pero cargado de simbolismo.
“Yo lo intenté, lo intenté. Ahora se acabó. Empecé aquí, terminé aquí”, dijo, visiblemente roto.
Del primer grito al último en el mismo estadio
La frase no era una metáfora. Neymar debutó con la selección absoluta precisamente en ese estadio, el 10 de abril de 2010, en un amistoso ante Estados Unidos. Tenía 18 años, una cresta inconfundible y una promesa colgada en las botas. También marcó aquel día. El círculo se cerró 16 años después, en el mismo césped, con otro gol y con un adiós.
Entre una noche y la otra, Neymar se convirtió en el máximo goleador de la historia de Brasil: 80 tantos con la camiseta amarilla. Por detrás queda el mito Pelé, con 77. El delantero igualó además otra marca simbólica del Rey: como él, disputó cuatro Copas del Mundo, un club al que solo pertenecía Pelé antes de que el ’10’ moderno lo alcanzara este domingo.
En número de partidos, solo Cafu se mantiene por encima. El histórico lateral derecho firmó 142 apariciones con Brasil; Neymar se despide con 130, segundo en la lista de todos los tiempos.
Una despedida marcada por las lesiones
Su último gol con la selección antes de este Mundial databa de 2023. Desde entonces, el cuerpo empezó a pasar factura. Ese mismo año sufrió la rotura del ligamento cruzado anterior, una lesión que frenó en seco su ritmo competitivo y condicionó su preparación para 2026.
En esta Copa del Mundo llegó entre algodones. Se perdió los dos primeros partidos de la fase de grupos por una lesión en el gemelo derecho. Volvió a pisar el césped el 24 de junio ante Escocia, apenas 15 minutos saliendo desde el banquillo. Ante Noruega, en el duelo que terminó marcando su despedida, ingresó en el minuto 67, otra vez como suplente.
No hubo remontada épica. No hubo último baile glorioso. Solo un penalti convertido, un abrazo con sus compañeros y una frase que sonó a sentencia.
El legado y el vacío
Las cifras son contundentes. Máximo goleador de la selección, segundo con más partidos, cuatro Mundiales a la espalda. Neymar se marcha dejando una huella estadística indiscutible y una sensación agridulce: la de un talento descomunal al que las lesiones y los golpes del calendario le robaron capítulos que parecían escritos para él.
Brasil pierde a su faro de la última década. El jugador que cargó con el peso de la camiseta 10, que vivió tanto la euforia como el trauma, que pasó de niño prodigio a veterano marcado por las batallas físicas.
El MetLife Stadium fue testigo del nacimiento y del final de esa historia. El mismo túnel, el mismo escudo en el pecho, otra mirada. Entonces, un chico que empezaba. Ahora, un líder que decide decir basta.
La pregunta ya no es qué más podía darle Neymar a Brasil. La verdadera incógnita es quién se atreverá a ocupar ese vacío en la próxima generación.





