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Noruega en el Mundial: más allá de Haaland

Erling Haaland acapara todos los focos. Es inevitable. Pero el plan de Noruega para su regreso a un Mundial, 28 años después de Francia 98, va mucho más allá del ‘9’ del Manchester City. Stale Solbakken ha construido un equipo que ataca desde los costados de una forma peculiar, exprime al máximo a su mediocampo de élite y se apoya en un lateral derecho que actúa como si fuera un extremo clásico.

En el llamado “Grupo de la Muerte”, con Francia, Senegal e Iraq, los noruegos no viajan a Norteamérica para hacer turismo. Van a molestar.

Nusa, Schjelderup y un costado izquierdo de futuro

Por la izquierda, el titular casi cantado es Antonio Nusa, joya de RB Leipzig. Tiene 21 años, desborde, cambio de ritmo y esa frialdad para “desaparecer” ante el marcador y reaparecer un segundo después en ventaja. En la fase de clasificación fue un martirio para las defensas: seis contribuciones de gol en seis partidos, con gol y asistencia en el 3-0 a Italia y otra actuación decisiva en el 4-1 de la vuelta.

Detrás aparece Andreas Schjelderup, otro talento precoz que llega lanzado. El atacante de Benfica firmó un segundo tramo de temporada sobresaliente a las órdenes de José Mourinho: 10 goles y asistencias combinadas en apenas 14 encuentros de liga, además de un doblete ante Real Madrid en Champions en enero. Todavía no es indiscutible, pero en Portugal muchos ya hablan de él como una estrella en ciernes. Y en la selección, Solbakken sabe que tiene un revulsivo de primer nivel.

Sorloth, el ‘9’ que hace de extremo

El costado derecho rompe los esquemas. Ahí aparece Alexander Sorloth, delantero centro de 1,96 m, desplazado a la banda para encajar en un sistema que gira en torno a Haaland… pero que no se limita a servirle centros.

En ataque posicional, Sorloth se cierra, se mete por dentro y actúa casi como segundo punta. Sus números en la clasificación hablan solos: ocho contribuciones de gol en ocho partidos. Llega al Mundial tras una temporada con 20 tantos en Atlético de Madrid, pese a no ser titular indiscutible.

Solbakken lo explicó con claridad en una entrevista con FIFA: Sorloth aporta físico, versatilidad y una ética de trabajo que le permite asumir roles que no siempre son los que más le gustan. Puede jugar junto a Haaland, puede caer a la derecha, puede ser referencia si el ‘9’ del City no está. Y siempre supone amenaza de gol… y de asistencia.

En la recámara, Fulham cuenta con Oscar Bobb, opción interesante aunque su adaptación a Craven Cottage esté siendo lenta. También se ha ganado un sitio Jens Petter Hauge, ex de AC Milan, que se ha reenganchado al máximo nivel con un Bodo/Glimt desatado, protagonista de victorias memorables en Champions ante Man City e Inter. No participó en la clasificación, pero se ha ganado la llamada a base de actuaciones grandes en noches grandes.

Odegaard y un mediocampo con sello Champions

El centro del campo es, quizá, el verdadero músculo de esta Noruega. Ahí manda Martin Odegaard, capitán de Arsenal y cerebro absoluto del equipo. A su lado, Sander Berge (Fulham) como ancla y Fredrik Aursnes (Benfica) como interior todoterreno completan un triángulo que mezcla experiencia, criterio y kilómetros en las piernas.

Aursnes es un caso singular. A los 30 años, decidió retirarse de la selección hace dos temporadas para “tener más tiempo y libertad para priorizar otras cosas en mi vida además del fútbol”. En febrero dio marcha atrás. Hoy apunta a titular en el Mundial sin haber jugado un solo minuto en la fase de clasificación. Un regreso que habla tanto de su nivel como de la necesidad de Solbakken de contar con su inteligencia táctica.

Detrás de ellos, el seleccionador tiene fondo de armario. Patrick Berg, capitán de Bodo/Glimt, aporta pausa y calidad en la base de la jugada. Kristian Thorstvedt y Morten Thorsby, asentados en el fútbol italiano, ofrecen recorrido, llegada y agresividad para partidos que se rompan.

Pero todo orbita alrededor de Odegaard. En Arsenal genera debate por su irregularidad en ciertos tramos y por esa tendencia a desaparecer en algunos encuentros. Con la camiseta de Noruega, el guion cambia. Se siente líder, pide la pelota y marca el ritmo. Pese a perderse tres de los ocho duelos de clasificación en una temporada marcada por las lesiones, el mediapunta firmó siete asistencias, con un partido descomunal ante Israel en el que repartió tres. Ningún jugador en Europa dio más pases de gol en la fase clasificatoria.

Su conexión con los extremos y, sobre todo, con Haaland será el termómetro del equipo. Si Odegaard está fino, Noruega tiene fútbol para tumbar a cualquiera en una noche inspirada.

Un plan B de lujo si Haaland no está

Solbakken cuenta con un privilegio que pocas selecciones tienen: incluso si Haaland se cae, el puesto de ‘9’ no queda desierto.

Sorloth sería el heredero natural. Su registro con la selección es sólido, llega de una campaña notable en Atlético de Madrid y conoce el sistema al detalle. Cambiaría su rol de “falso extremo gigante” por el de referencia total.

La otra carta es Jorgen Strand Larsen, delantero de Crystal Palace. Desde su aterrizaje en la Premier League en 2024 se ha ganado elogios por su capacidad para fijar centrales y atacar el área. Se presenta al Mundial después de marcar un doblete en un amistoso ante Suecia y de ver puerta contra Italia en la clasificación. Aunque Haaland esté sano, todo indica que tendrá minutos, sobre todo porque Sorloth suele partir desde la derecha. Es un relevo fiable y una amenaza real para cualquier defensa cansada.

Ryerson, el lateral que lo cambia todo

La pieza que explica la “rareza” táctica de Noruega en las bandas es Julian Ryerson. Oficialmente lateral derecho de Borussia Dortmund. En la práctica, un puñal que vive en campo contrario.

Cuando Noruega tiene el balón, Sorloth abandona la cal y se instala en el carril central, liberando el pasillo exterior para las subidas de Ryerson. El resultado es simple y devastador: un lateral llegando a zona de centro con espacio y un área repleta de objetivos gigantes, con Haaland y Sorloth listos para rematar.

Los números del defensor en la Bundesliga 2025-26 lo dicen todo: 18 asistencias. Una cifra descomunal para un lateral. Muchas de ellas, desde balón parado. Ryerson es especialista en córners y faltas laterales, otro foco de peligro para una Noruega que, por altura y poderío físico, puede hacer muchísimo daño en acciones a balón parado.

En Norteamérica, más de un rival descubrirá tarde que el gran problema no era solo Haaland. Era el lateral que centraba una y otra vez hacia dos torres imparables.

Un país que despierta, sin vender humo

El regreso al Mundial ha desatado algo profundo en Noruega. Solbakken lo resumió con una imagen poderosa: 50.000 aficionados recibiendo al equipo un lunes, a cuatro grados bajo cero, tras certificar la clasificación. Dos generaciones enteras sin ver a su selección en la gran cita. La espera se hizo larga.

El técnico, sin embargo, huye de la euforia fácil. No se ve como candidato oculto al título. Prefiere otro papel: el del invitado incómodo capaz de tumbar a un grande en un buen día. En un grupo con Francia, Senegal e Iraq, cualquier exceso de confianza sería un suicidio. Él habla de un grupo “muy duro”, de partidos “muy apretados” y de la necesidad de que la organización colectiva y los “jugadores decisivos” marquen la diferencia.

Solbakken quiere que este Mundial sea, sobre todo, una declaración de intenciones. Mostrar una Noruega distinta a la de antaño: ofensiva, valiente, con individualidades brillantes que trabajan unas para otras. Haaland pondrá los goles. Odegaard, las ideas. Ryerson, los centros. Nusa, Schjelderup, Sorloth y compañía, el desequilibrio.

El seleccionador guarda para sí su “escenario soñado”. No lo revela. No hace falta. La verdadera pregunta es otra: con este arsenal y un país entero empujando desde el frío del norte, ¿quién se atreve a descartarlos en el “Grupo de la Muerte”?