El nuevo Tottenham de De Zerbi: ambición y reconstrucción
Tottenham se ha cansado de mirar hacia abajo en la tabla. Dos temporadas seguidas acabando 17º, coqueteando con el desastre, han forzado un giro brusco en el proyecto. Esta vez no son solo palabras: son 237 millones de libras y un cambio de mentalidad que ya se palpa en el vestuario.
Micky van de Ven, una de las voces con más peso en la plantilla, lo resume sin rodeos durante la gira de pretemporada por Oceanía. La pasada campaña fue “inaceptable”. El club, dice, necesitaba un corte limpio. Y ese corte tiene nombre propio: Roberto De Zerbi.
De la angustia al proyecto
La llegada del técnico italiano a finales de marzo marcó una ruptura con el pragmatismo gris de los últimos años. De Zerbi ha aterrizado con una idea clara: balón, posesión, ataque. Nada de especular, nada de sobrevivir a base de repliegues eternos. Tottenham quiere volver a jugar, y quiere que se note.
Van de Ven lo siente en el día a día. El central habla de un vestuario tocado anímicamente por la pelea constante por no descender, un grupo “un poco abajo” que necesitaba una sacudida. De Zerbi la ha dado. Intensidad en los entrenamientos, exigencia táctica, un mensaje directo: quien no esté de acuerdo con el nuevo rumbo, que se busque salida.
El neerlandés no lo ve como una amenaza, sino como un alivio. Habla de “nueva ambición”, de la importancia de dejar atrás la temporada pasada y empezar limpio. Para los que llevan tiempo en el club, ese cambio de tono desde la cúpula –y el dinero invertido– es una declaración de intenciones.
Un verano a golpe de talonario
El discurso no se sostiene sin hechos. Tottenham ha roto su récord de traspasos dos veces… en 48 horas. Primero, Mateus Fernandes llega desde West Ham por 85 millones de libras. Un golpe fuerte en el mercado interno. Apenas digerido ese movimiento, aterriza Sandro Tonali desde Newcastle United por 100 millones. Fichaje de impacto, nombre de élite, mensaje directo a la liga: el club no quiere volver a sufrir.
La reconstrucción no se queda ahí. Desde Brighton llega Jan Paul van Hecke por 52 millones, apuntalando una defensa que en las dos últimas campañas vivió al límite. Y, alrededor de ese núcleo millonario, un trío de veteranos que aportan oficio y experiencia: Andrew Robertson, Marcos Senesi y Martin Dubravka, todos como agentes libres.
No son simples retoques. Es un rediseño completo de la columna vertebral del equipo. De Zerbi tiene ahora piezas para llevar su idea hasta el césped: salida limpia desde atrás, mediocampo con personalidad, laterales valientes, un bloque que se sienta cómodo con la pelota.
Un vestuario que respira distinto
El efecto en el ambiente ya se nota en la gira por Oceanía. En Sydney, Van de Ven habla de un “muy buen” sentimiento de grupo, de compañeros nuevos que “han encajado muy bien”. No son frases vacías de pretemporada: tras dos años mirando al abismo, la normalidad ya es una buena noticia.
En los entrenamientos, el balón manda. El central reconoce que “va a ser diferente” respecto al técnico del curso pasado: más juego, más posesión, más ataque, más disfrute para la grada. El fútbol que promete De Zerbi no solo busca puntos, también espectáculo. Tottenham quiere volver a ser un equipo que se mira con ganas, no con preocupación.
La gira por Oceania sirve como laboratorio. Victoria ante Auckland FC en Nueva Zelanda, siguiente parada ante Sydney FC el miércoles. Son amistosos, sí, pero el tono importa. El grupo necesita resultados que acompañen al discurso, sensaciones que confirmen que la pesadilla reciente empieza a quedar atrás.
De la teoría a la Premier League
El reto real, claro, no está en Sydney ni en Auckland. Está en volver a la Premier League con una identidad reconocible y una tabla que ya no asuste. De Zerbi ha dejado claro que no habrá concesiones para los que duden del plan. El club le ha entregado una plantilla reforzada y un presupuesto de gran club. Ya no hay excusas.
Van de Ven, uno de los que ha sobrevivido a la travesía por el desierto, lo sabe. Habla de “energía buena”, de un técnico que ha traído “pasión y mentalidad” a un grupo que lo necesitaba. El discurso suena diferente al de otros veranos en el norte de Londres. Menos resignación, más determinación.
Tottenham ha elegido un camino: gastar, arriesgar y apostar por un fútbol ofensivo bajo la batuta de un entrenador con ideas fuertes. La pregunta ya no es si el club quiere cambiar. La cuestión, cuando ruede el balón en la Premier, será otra: ¿está preparado para sostener este nuevo estándar cuando vuelvan la presión, los errores y los viejos fantasmas?






