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Raúl Asencio agota su última bala para evitar la cirugía

Raúl Asencio agota su última bala para evitar el quirófano. El defensa del Real Madrid, que ya había superado una lesión en el cuádriceps esta misma temporada, vuelve a mirar a la misma pierna con preocupación. Esta vez no es el músculo. Es la tibia. Y el problema viene de lejos.

Una pierna que no deja de hablar

Asencio arrastra molestias en la espinilla desde la pasada temporada. No es una dolencia nueva ni inesperada, pero sí mucho más tozuda de lo que preveían los médicos. El hueso no ha respondido como se esperaba al descanso y a los tratamientos iniciales, y el dolor ha vuelto a ganar terreno.

Según informa Marca, la situación ha obligado al jugador a iniciar un nuevo plan de tratamiento en Valdebebas. Ya ha completado varias sesiones específicas con un objetivo claro: rebajar la tensión en la zona dañada y acelerar una recuperación que, por ahora, se resiste.

Si este último intento no funciona, el siguiente paso será la cirugía. Y ahí no hay matices: operación y entre seis y ocho semanas fuera.

El precio de no parar

Esta lesión no aparece de la nada. El tramo final de la pasada campaña ya dejó señales. La plantilla del Real Madrid estaba golpeada por las lesiones y las piernas empezaban a pasar factura. Asencio, como otros, llegó al límite.

Pudo parar. No quiso. El equipo se quedaba sin defensas y él decidió seguir. Preguntado entonces por la posibilidad de descansar, fue tajante: “No voy a parar ahora, imposible”. Una frase que retrata al jugador y también el riesgo que asumía.

Fue un acto de valentía. También de temeridad. Se jugó el cuerpo en plena crisis de efectivos.

Los médicos buscaron entonces una solución intermedia que le permitiera seguir compitiendo. El defensa se sometió a un tratamiento mínimamente invasivo para eliminar células anómalas del tejido cicatricial en la tibia, donde se habían formado crecimientos óseos mal curados.

El problema es que la curación no fue suficiente. Esa zona debilitada amenazaba con convertir una fisura en una fractura. El cuerpo médico optó por un tratamiento que le ganara tiempo y evitara el quirófano en plena temporada. Asencio apuró al máximo y continuó ayudando al equipo.

Un verano que no curó nada

Con el final de curso, el plan parecía sencillo: parar, descansar y dejar que el hueso se regenerara. Verano de calma, sin forzar, con la expectativa de que la tibia reaccionara tras meses de carga extrema.

No lo hizo. La respuesta del hueso fue peor de la esperada. Las molestias no solo no desaparecieron, sino que el cuadro se complicó. La espinilla volvió a colocarse en el centro del problema y amenazó de nuevo su temporada.

La lesión de cuádriceps en la misma pierna no ayudó. Esa dolencia obligó a modificar cargas de trabajo y ejercicios durante la pretemporada, y ese desequilibrio pudo agravar el estado de la tibia. Una pierna tocada por dos frentes distintos, pero conectados.

Último intento antes del bisturí

Ahora todo se reduce a este nuevo tratamiento en Valdebebas. Asencio ya ha completado las primeras sesiones. El plan médico busca aliviar la presión sobre la zona dañada y darle una última oportunidad al hueso para que cicatrice sin necesidad de operación.

Las opciones son reducidas. Si la evolución no es la adecuada, no habrá más rodeos: pasará por el quirófano y estará alrededor de dos meses fuera de los terrenos de juego.

El defensa del Real Madrid se mueve en el filo. Entre su instinto competitivo, que ya le llevó a jugar “cuando era imposible parar”, y una realidad médica que esta vez no admite heroicidades sin consecuencias. La pregunta es clara: ¿le alcanzará esta última apuesta para seguir en pie sin pasar por la mesa de operaciones?