futbolalinstante full logo

Ouahbi acepta derrota ante Francia y resalta crecimiento de Marruecos

Walid Ouahbi salió del césped con una sensación doble: enfado por el gol que abrió el marcador y respeto absoluto por el rival que lo castigó. El seleccionador marroquí no escondió su molestia con el árbitro Facundo Tello por validar el tanto inicial de Francia, nacido, según él, de una mano clara de Adrien Rabiot antes de que Kylian Mbappé fusilara la portería de Marruecos.

Ante las cámaras de beIN Sports, el técnico explicó cómo vivió la acción que encendió el partido.
«El gol viene de un balón un poco… compartido, algunos jugadores se pararon porque vieron una mano. Fue mano, no sé si se debía pitar o no, no lo sé», admitió, subrayando la confusión que se apoderó de sus futbolistas en ese instante.

La escena lo resume todo: un balón dividido, dudas, brazos levantados pidiendo infracción y, en un segundo, Mbappé castigando cualquier distracción con un disparo seco al fondo de la red marroquí. El tipo de jugada que rompe planes y estados de ánimo.

Respeto por el rival y autocrítica

Ouahbi, sin embargo, se negó a refugiarse solo en la polémica. El técnico de 49 años se detuvo para reconocer el peso específico del adversario y la dificultad del duelo desde el primer minuto.

«Hay que admitir que hemos jugado contra un muy buen equipo. Sufrimos mucho en la primera parte, y Bounou hizo una gran parada en el penalti», recordó, poniendo en valor la actuación de su guardameta, decisivo para mantener con vida a Marruecos cuando el partido amenazaba con romperse.

La primera mitad fue un suplicio por momentos. El propio entrenador lo describió casi como una lucha física interna de varios de sus jugadores, incapaces de encontrar aire ni claridad con la pelota.
«En la primera parte parecía que algunos jugadores estaban recuperando el aliento», confesó, retratando un equipo que llegó tarde a demasiadas acciones y se vio obligado a correr detrás del balón.

Reacción y señales de crecimiento

El descanso cambió el guion. Marruecos ajustó líneas, respiró mejor y empezó a tratar el balón con más calma. La diferencia se notó de inmediato.

«En la segunda parte defendimos mejor y, sobre todo, estuvimos más tranquilos con el balón. Estuvimos mucho mejor», valoró Ouahbi. Los mismos futbolistas que se ahogaban en el primer acto reaparecieron con otra energía tras el paso por vestuarios, más seguros en la salida, más precisos en las asociaciones cortas, menos sometidos al vértigo francés.

La mejora no alcanzó para voltear el resultado, pero sí para dejar una sensación distinta: la de un equipo que, aun golpeado, fue capaz de recomponerse y competir con más criterio.

Un final duro y un mensaje para el futuro

El tramo final se hizo largo. Francia apretó, Marruecos se sostuvo como pudo y el desgaste terminó por pasar factura. Ouahbi no lo maquilló: «Fue duro al final», reconoció, antes de marcar con claridad el camino que, a su juicio, debe seguir su selección.

«Debemos seguir creyendo, seguir trabajando. También debemos seguir trabajando las bases, asegurándonos de que, cuando haya lesiones, jugadores menos frescos, podamos tener un grupo más amplio de futbolistas», explicó, abriendo el foco más allá de los 90 minutos.

El mensaje es claro: no basta con un once competitivo, hace falta fondo de armario para sostener el nivel cuando llegan las bajas y el calendario aprieta. Marruecos, para su técnico, está en pleno proceso de construcción.

La decepción, no obstante, es profunda. «Estamos muy decepcionados, queríamos más, pero tenemos que aceptarlo», sentenció. Sin dramatismos, sin excusas, con la lucidez de quien sabe que noches como esta, marcadas por una decisión arbitral discutida y por la pegada de un gigante como Francia, también forjan el carácter de un grupo.

La cuestión ahora es si este golpe servirá como punto de inflexión para que Marruecos dé el siguiente salto competitivo o quedará como otra oportunidad perdida en el camino.