Rodri y la batalla por su fichaje: Barça y Madrid en la puja
La imagen es reciente y poderosa: Rodri levantando la Copa del Mundo como capitán de España tras tumbar a la Argentina de Lionel Messi. Golden Ball al mejor jugador del torneo, héroe nacional, epicentro de todo. Era cuestión de tiempo que LaLiga llamara de nuevo a su puerta.
La llamada ya ha llegado. Y lo ha cambiado todo.
El Barça ve por fin al heredero de Busquets
En Barcelona llevan años buscando al sucesor natural de Sergio Busquets. El nombre de Rodri siempre flotó en los despachos, pero más como sueño que como objetivo real. Este verano no estaba en el plan inicial.
Hasta que las piezas empezaron a encajar.
La lesión de Frenkie de Jong abrió un hueco inesperado en el centro del campo. Hansi Flick, recién aterrizado, pidió un mediocentro que ordenara al equipo, que diera pausa y jerarquía. Deco empezó a explorar el mercado. Y, de pronto, la opción Rodri dejó de ser una quimera.
En el club detectaron algo clave: el jugador estaba dispuesto a priorizar al Barça por delante del Real Madrid. Ese giro, impensable hace unos meses, encendió todas las alarmas en la Ciudad Deportiva. Rodri siempre había sido imaginado de blanco si regresaba a España. Pero el contexto ha cambiado.
Ha ganado el Mundial rodeado de ocho jugadores del Barça. Se siente cómodo con un estilo de juego que encaja con la idea de Flick. Y no es menor la influencia de la colonia catalana que ha pasado por el Manchester City en la última década, gente que conoce el club azulgrana y ha hablado maravillas del proyecto.
El resultado: acuerdo verbal avanzado con el futbolista sobre las condiciones personales, según fuentes del club. El optimismo ha crecido a tal punto que en el Barça ya hablan de Rodri como la pieza que puede elevar al equipo un peldaño más en Europa.
Falta lo más difícil: convencer al City.
Un primer intento ya fue rechazado. Las conversaciones siguen y el paquete total podría alcanzar los 70 millones de euros. En los despachos asumen que la operación es compleja, pero sienten que el momento es ahora. Rodri, con un año de contrato por delante, quiere volver a casa. Y el Barça está dispuesto a apostar fuerte, incluso por delante de la llegada de un central, que no se descarta, pero ha pasado a un segundo plano.
Si se cierra el fichaje, Flick se encontraría con un centro del campo de lujo: Rodri rodeado por Pedri, Gavi, Marc Bernal, Fermín López y Dani Olmo. La incógnita se llama De Jong. ¿Dónde encaja cuando vuelva? ¿Y con qué rol? Son preguntas que en el club se harán después. Hoy, la prioridad es otra: rematar la operación que puede cambiar el peso del Barça en la Champions, donde persigue su primera corona desde 2015.
El Madrid se despierta tarde y ve cómo se le escapa
En el Bernabéu la historia con Rodri ha sido un viaje lleno de curvas. Durante meses, el mensaje interno fue claro: no está en la agenda. Ni prioridad ni objetivo. Nada.
Llamaba la atención. Hablamos del mejor mediocentro del mundo, campeón de todo con el Manchester City, madrileño, con solo un año de contrato y un perfil que encajaba de lleno en varias necesidades del equipo. Pero dentro del club pesaban las dudas.
Florentino Pérez, según fuentes, no terminaba de fiarse de su historial reciente de lesiones. José Mourinho, por su parte, prefería otro tipo de mediocentro. La dirección deportiva había apostado por renovar a Aurélien Tchouaméni como gesto de confianza en la solución interna. Rodri ni siquiera figuraba en la lista corta.
Entonces llegó el Mundial.
Rodri firmó un torneo descomunal. Liderazgo, físico, fútbol. Borró cualquier sospecha sobre su estado. En Madrid tomaron nota. José Ángel Sánchez y Juni Calafat, dos voces clave en la planificación, pasaron de la cautela a la apertura: sí, ahora sí, Rodri era una opción real.
El ambiente cambió. A finales de julio, algunas fuentes del club ya se mostraban moderadamente optimistas. El jugador quería volver a España, el Madrid le atraía, pero el City no cedía. No había acuerdo en el precio y el club inglés, además, quería asegurarse antes un sustituto.
Los blancos, mientras tanto, repartían esfuerzos: negociaciones por Yan Diomande, conversaciones por la renovación de Vinícius Júnior, planificación de plantilla. Confiaban en que el tiempo jugara a su favor. Rodri quería venir, pensaban. Ya caerá.
Hasta que apareció el Barça.
Una noche de miércoles, todo se dio la vuelta. Desde dentro empezaron a llegar avisos: el Barcelona se había metido de lleno en la puja. Y no como comparsa. Algunas fuentes hablaban ya de un 50-50 entre ambos gigantes. Rodri escuchaba a los dos.
Veinticuatro horas después, el panorama era aún más negro para el Madrid. En el club asumían que estaban prácticamente fuera. El jugador, según varias voces, no había olvidado las dudas iniciales del presidente y de Mourinho. En cambio, Flick sí había cogido el teléfono. Le explicó su idea de juego, su rol, su importancia. Ese gesto pesó.
El Madrid se planteó un último intento, un arreón final. Pero con la sensación, reconocida en privado, de que llegaban tarde. El entorno de Rodri se sentía decepcionado por no haber visto una apuesta firme desde el principio.
Hoy, salvo giro inesperado, en el Bernabéu dan por perdido al mediocentro del City. Toca decidir si buscan un plan B en el mercado o si refuerzan su fe en lo que ya tienen. El nombre de Bernardo Silva circula en algunos informes como posible pieza para el centro del campo junto a Tchouaméni o Federico Valverde. Nada cerrado, solo una idea. Pero el tren Rodri, ese que parecía hecho a medida para el Madrid, está a punto de tomar la vía del Camp Nou.
El City, entre el discurso oficial y la realidad del mercado
En Manchester el mensaje público es nítido. Enzo Maresca repite la misma idea cada vez que le preguntan: Rodri es fundamental y el club quiere renovarle. Nadie discute su importancia. Trece títulos en siete años, cuatro Premier League, el gol que decidió la final de la Champions 2022-23, un Balón de Oro que selló su estatus como uno de los mejores centrocampistas del planeta.
Pero la trastienda cuenta otra cosa.
En el City saben desde hace tiempo que el jugador sueña con regresar a España algún día. Tanto, que ese fue uno de los motivos para fichar a Kalvin Phillips en 2022, un movimiento que nunca funcionó. El club inglés tiene una norma no escrita: no retener a quien ya ha decidido marcharse. Lo aplicaron con otros grandes nombres y no quieren cambiar ahora.
La ecuación es delicada. Rodri tiene 30 años, viene de alguna lesión que preocupa, y entra en su último año de contrato. Si no renueva, en 12 meses podría irse gratis del Etihad Stadium. Eso pesa. Y mucho.
En los despachos lo tienen claro: no habrá rebajas. Si Barcelona o Real Madrid ponen sobre la mesa una oferta superior a los 70 millones de euros, el City se sentará a negociar. Por debajo de esa cifra, no. El club, además, debe pensar en el relevo. Y ahí empiezan los problemas.
Las dudas sobre el futuro de Tijjani Reijnders y Nico González obligan a contemplar una reestructuración profunda del centro del campo si Rodri se marcha. Ya ha llegado Elliot Anderson desde el Nottingham Forest y siguen las conversaciones con el Lille por Ayyoub Bouaddi, una de las revelaciones del último Mundial con Marruecos. No basta. Maresca no puede iniciar una temporada de transición, tras una década bajo Pep Guardiola, con el corazón del equipo desguarnecido.
De momento, el City mantiene la calma. No ha llegado ninguna propuesta que consideren aceptable. Observan el movimiento de Barça y Madrid, toman nota, revisan alternativas. En el Etihad crece la sensación de que el adiós de Rodri es cuestión de tiempo, quizá de semanas. Pero el reloj no lo marcan ellos.
Lo marcan los dos gigantes de España. Uno ya ha dado el paso al frente. El otro duda, mira al mercado y se pregunta cuánto puede costarle haber tardado tanto en creer en el mediocentro que acaba de conquistar el mundo.






