Russell Martin asume el reto en Leicester City: "Que me juzguen por lo que hagamos"
Diez años después de tocar el cielo con aquel título de liga imposible, Leicester City mira al espejo y apenas se reconoce. De campeón de la Premier League a un proyecto en reconstrucción en League One, tras dos descensos consecutivos y una caída que ha dejado cicatrices profundas en el King Power Stadium.
En medio de ese paisaje aparece Russell Martin, decidido a no cargar con fantasmas ajenos.
“Sé que el club descendió pero, antes de eso, tuvo un éxito increíble durante un periodo prolongado, enorme, y claro que quizá se te juzga a partir de eso”, explicó en BBC Radio Leicester. “Tenemos que encontrar nuestro propio camino y que nos juzguen por eso, porque yo no puedo juzgar a la gente por los últimos dos años”.
No habla solo de la entidad. Habla también de sí mismo.
El técnico llega a Leicester con una etiqueta incómoda: la de entrenador que conoció el ascenso con Southampton hace poco más de dos años, pero que también vio dañada su reputación tras un turbulento paso de 123 días por Rangers. Él lo asume, pero no quiere vivir atrapado en ese relato.
“Ojalá me juzguen por el trabajo que haga aquí y no por mi trabajo anterior y todo eso. Para mí es lo mismo”, subraya.
Un club señalado por su propia gente
El nombramiento de Martin fue la primera gran decisión desde que James McCarron asumió el cargo de director deportivo la pasada temporada. Su figura se sitúa por debajo del chief football officer, Jon Rudkin, uno de los nombres más cuestionados por la afición junto al propietario y presidente Khun Aiyawatt ‘Top’ Srivaddhanaprabha, símbolos de un declive que nadie vio venir a tiempo.
Martin, sin embargo, no ha llegado para ajustar cuentas con el pasado.
Preguntado por su relación con la cúpula, respondió con elogios inesperados para un entorno tan crispado: habló de sinceridad, de problemas reconocidos sin rodeos, de un club que, al menos puertas adentro, ha dejado de fingir.
“Hubo una honestidad real sobre lo que ha pasado, pero ahora hay honestidad, apertura y voluntad de avanzar”, aseguró. “No puedo juzgar nada de lo que ocurrió antes porque yo no estaba aquí. Lo ves desde fuera y la gente hace sus suposiciones, pero yo he venido muy abierto a dejarme sorprender y la gente ha sido fantástica”.
Un objetivo sin matices: ascender
Si algo no le sorprendió fue el listón que le han colocado desde el primer día. No hay medias tintas ni discurso de transición larga.
“El objetivo es ascender, ante todo”, admite sin rodeos. A eso añade un matiz que va más allá de la clasificación: “[Y] jugar de una manera que todo el mundo entienda y en la que crea, que les haga sentirse conectados y orgullosos”.
Ascenso y estilo. Resultado y pertenencia. Nada sencillo en un club que encara apenas su segunda temporada en la tercera categoría en 142 años de historia.
Un vestuario desmontado y una economía vigilada
Para llegar ahí, primero había que vaciar. El verano se ha convertido en una operación salida constante: se han ido algunos de los salarios más altos y nombres más visibles de los descensos encadenados.
- El danés Jannik Vestergaard rescindió contrato de mutuo acuerdo.
- Harry Winks puso rumbo a Cagliari.
- El traspaso de Abdul Fatawu a Ipswich Town dejó unos 20 millones de libras en caja.
No se trataba solo de limpiar un vestuario marcado por los fracasos recientes. También de sobrevivir al marco financiero. Las dificultades de Leicester para cumplir las normas de gasto, que ya derivaron en una sanción de puntos la pasada temporada por infracciones históricas, han empujado al club a tomar decisiones dolorosas con su talento joven.
El caso más llamativo: Jeremy Monga, 17 años, vendido a Manchester City en plena ventana de fichajes. Un mensaje claro de hasta dónde llegan las urgencias.
A eso se suma una limpia final de curso que dejó al equipo sin un solo delantero sénior tras las salidas, entre otros, de Patson Daka y Jordan Ayew. Para un técnico que quiere un equipo reconocible y competitivo desde el primer día, el rompecabezas es evidente.
Chaplin como primer paso, no como solución
En ese contexto, la llegada de Conor Chaplin es más un punto de partida que una solución definitiva. El exdelantero de Ipswich Town, máximo goleador de los Tractor Boys en su ascenso desde League One hace solo cuatro temporadas, es uno de los dos únicos fichajes desde el descenso.
Demasiado poco para un equipo que aspira a mandar en la categoría.
Martin no lo esconde: hace falta pólvora. Y hace falta variedad.
“La idea es traer más potencia arriba con varios jugadores que ofrezcan cosas distintas”, explicó. “Idealmente, tendríamos dos o tres delanteros. No queremos solo uno del mismo perfil, y lo mismo con los extremos”.
No se trata de fichar por fichar. El técnico insiste en el perfil humano y competitivo tanto como en el futbolístico.
“Sea cual sea el jugador que busquemos, sea cual sea el perfil, tiene que encajar con nosotros. Tienen que estar desesperados por venir aquí y jugar, desesperados por ayudarnos a tener éxito”.
Un club entre el recuerdo y la urgencia
Leicester vive atrapado entre la sombra de aquel milagro de 5.000-1 y la crudeza de la League One. Martin ha dejado claro que no piensa dirigir mirando por el retrovisor, pero tampoco puede ignorar el peso de una afición que ha visto cómo el sueño se deshacía en cámara lenta.
El reto ya está definido: ascender, reconstruir una identidad y hacerlo con un plantel que todavía está en obras. La pregunta es cuánto tiempo tardará en sonar otra vez el King Power como un estadio de élite… y si esta vez el club habrá aprendido a no confiarse en la cima.






