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La SFA respalda a Don Robertson en controversia arbitral

La polémica por el final del partido no se apaga en Escocia. Apenas unos minutos después de que la Scottish FA hiciera público el audio y el vídeo del incidente que certifican que el encuentro fue dado por finalizado —y no abandonado— por el equipo arbitral, Tam Foulkes volvió a la carga en X con un mensaje directo: “Hay más aún por revelar respecto a la SFA”.

Antes de esa publicación del organismo, Foulkes ya había confirmado que había escrito al director ejecutivo Ian Maxwell para solicitar una revisión formal de lo sucedido. La presión política y mediática crecía. La federación respondió con una maniobra contundente: transparencia controlada y respaldo absoluto al árbitro principal, Don Robertson.

El audio que cambia el relato

En su comunicado, la SFA sostiene que las imágenes y el sonido liberados despejan cualquier duda sobre el proceder del colegiado. Para el ente rector, Robertson actuó “correctamente al dar por terminado el partido”, no al suspenderlo.

“Quedó claro en aquella reunión que el árbitro, Don Robertson, tomó la acción correcta al finalizar el encuentro”, señala la nota oficial.

La controversia giraba en torno a un detalle muy concreto: el pitido final. ¿Hubo o no hubo silbato reglamentario? La SFA se aferra al texto: las Reglas de Juego exigen que el árbitro señale el final del partido, pero no especifican el método exacto de esa señal. En otras palabras, importa la comunicación efectiva, no el ritual.

El organismo remite al contexto, al desarrollo de los hechos, al informe del incidente y a lo que se escucha en la grabación. Según la federación, todo ello demuestra que el colegiado dejó claro a los protagonistas que el partido había concluido y que no se trataba de una suspensión.

El reloj, la clave silenciosa

La SFA también se protege con un dato frío, difícil de rebatir: el tiempo. En el vídeo se aprecia el marcador en 53:07 [98:07], por encima de los ocho minutos de añadido mínimos que se habían señalado. Para la federación, ese detalle liquida cualquier insinuación de que el choque se cortó antes de tiempo.

“El vídeo muestra que, cuando el árbitro confirma que el partido ha terminado, el reloj marca 53.07 [98.07], más que el tiempo adicional mínimo de ocho minutos indicado”, remarca el comunicado.

Ahí se apoya buena parte de la defensa institucional: el tiempo jugado cumplía lo exigido, el árbitro comunicó el final y las reglas le amparan.

Diálogo con el banquillo de Hearts

Hay otro elemento que la SFA quiso subrayar: la conversación previa con el cuerpo técnico de Heart of Midlothian.

Según el audio difundido, la decisión de poner punto final al choque llegó después de un intercambio con el banquillo de Hearts. El propio comunicado lo detalla: “También quedó patente en el audio que esta decisión se tomó tras un diálogo con el entrenador principal de Hearts, que había expresado su preocupación por la seguridad de los jugadores”.

Ese matiz no es menor. Introduce la noción de protección de los futbolistas y sitúa al árbitro no como un actor aislado, sino como alguien que escucha, valora el contexto y actúa con rapidez. Para la SFA, eso no es un error; es liderazgo arbitral.

La ley y el cierre de filas

La federación termina de blindar a Robertson apelando a la letra de la ley. Cita la Regla 5 de las IFAB Laws of the Game: “Las decisiones del árbitro relativas a hechos vinculados con el juego son definitivas”. No hay margen para reinterpretaciones posteriores dentro del terreno de juego.

El mensaje final es inequívoco: “Apoyamos plenamente la acción decisiva tomada por Don Robertson y su equipo para terminar el partido”.

La SFA ha marcado su posición y se ha alineado sin fisuras con su árbitro. Foulkes, en cambio, asegura que la historia aún no ha terminado. La pregunta ahora es clara: ¿será este comunicado el punto final de la controversia, o solo el inicio de un pulso más profundo sobre la autoridad arbitral y la transparencia en el fútbol escocés?