Sunderland rompe racha de 17 años y logra su primera victoria
Álvaro Arbeloa se quedó clavado en la banda, gesto serio, mirada perdida. Al otro lado, Régis Le Bris exhaló como quien se quita un peso de encima. El miedo a perder se había adueñado de la noche y el partido solo se desbloqueó cuando dos suplentes de la segunda parte, Habib Diarra y Wilson Isidor, se encontraron en el área para que el segundo firmara el gol decisivo.
Ese tanto no solo dio a Sunderland su primera victoria de la temporada y dejó al equipo de Arbeloa sin puntos. También rompió una racha que pesaba como una losa: 17 años sin ganar a Fulham en la Premier League.
Un primer tiempo atenazado
El inicio fue un ejercicio de precaución. Posesiones largas, pocas rupturas, casi nada de riesgo. En medio de ese paisaje plano, emergió una figura: Noah Sadiki. El internacional de la República Democrática del Congo se adueñó del centro del campo, barrió líneas de pase y apagó cada chispa visitante antes de que prendiera.
Con Sadiki mandando, Fulham apenas encontró una rendija. Su única ocasión real antes del descanso llegó cuando Josh King, tras una buena acción de Alex Iwobi, se topó con el ángulo imposible de su disparo y con su propia ejecución. Robin Roefs, en la portería local, apenas tuvo que mancharse los guantes.
Sunderland dominaba la pelota, pero no el marcador. Su ataque carecía de filo, las llegadas se deshacían en la frontal y Bernd Leno vivía una tarde tranquila. El bloqueo ofensivo dejaba un mensaje claro para el palco: Kyril-Louis Dreyfus tenía delante, en directo, la prueba de por qué Le Bris insiste en fichar un extremo derecho específico y otro delantero antes del cierre del mercado.
Mukiele sostiene, Fulham amenaza
Al menos Le Bris recuperó una pieza clave atrás. Nordi Mukiele, ya restablecido, volvió al eje de la defensa y no tardó en justificar su importancia en Wearside. Nada más arrancar la segunda parte, Sander Berge filtró un pase magnífico que dejó a Gonzalo García encarando lo que parecía un gol cantado. Entonces apareció Mukiele, con una entrada al límite, limpia y decisiva, para bloquear un tanto casi seguro.
García, que había marcado en sus dos primeros partidos oficiales con Fulham tras llegar desde Real Madrid, se encontró esta vez con un muro. La zaga de Sunderland no se dejó descifrar con facilidad.
Aun así, la sensación era que Fulham empezaba a soltarse. Le Bris lo percibió y reaccionó. Doble cambio. Al césped, Habib Diarra y Wilson Isidor. Al banquillo, Nilson Angulo y Brian Brobbey, discretos durante la hora que estuvieron en el campo.
Isidor falla… y luego rompe la maldición
El impacto fue casi inmediato. Enzo Le Fée, con un toque de primera, puso un balón perfecto cruzado en el área pequeña. La jugada pedía gol. Isidor llegó lanzado, con todo a favor. Parecía más fácil marcar que fallar.
Falló.
El disparo se estrelló en la base del poste y Le Bris se desplomó de rodillas en la zona técnica, incrédulo. Isidor se quedó hundido, mirada al suelo, consciente de la ocasión que acababa de desperdiciar.
Pero el fútbol siempre guarda una segunda oportunidad para quien se mueve bien. Y esta vez llegó rápido. Diarra, muy activo entre líneas, encontró espacio por derecha y puso otro envío tenso y medido al corazón del área. Isidor atacó el balón con rabia, con decisión, y soltó un disparo seco, violento, que salió disparado hacia la portería de Leno. Esta vez no hubo poste que lo salvara.
Gol. Liberación. Sunderland por delante y una racha de 17 años hecha añicos en un solo gesto.
Diarra e Isidor habían cambiado el pulso del partido. Sunderland, que hasta entonces había vivido más de intenciones que de remates, encontró profundidad aprovechando la defensa adelantada de Fulham. Cada transición parecía un aviso.
El problema fue que el impulso de Diarra duró poco. Una molestia física le obligó a pedir el cambio y Le Bris recurrió a Chris Rigg. El joven entró para cerrar espacios y ayudar a conservar un resultado que ya valía oro.
No importó la brevedad del cameo. Diarra, como Isidor, ya había hecho lo suficiente. Y mientras Arbeloa se marchaba con la mirada oscura y cero puntos, Sunderland salía del campo con algo más que una victoria: un peso histórico menos y la sensación de que, con un par de retoques en el mercado, esta vez la temporada puede escribirse en otro tono.





