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El impacto de los traspasos de 100 millones en la Premier League

Hay una razón por la que ocho de los 10 traspasos más caros entre clubes ingleses este verano han tenido el mismo destino: el centro del campo.

En un mercado enloquecido, donde se cruzan edad, años de contrato, métricas de rendimiento, historial médico y, en algún rincón, la desesperación de Tottenham, todo empieza con una comparación. ¿Cuánto vale tu jugador frente al resto? Cuando Spurs pagó 85 millones de libras a West Ham por Mateus Fernandes en junio, y cuatro días después destrozó su propio récord con los 100 millones que envió a Newcastle por Sandro Tonali, el listón quedó fijado. A partir de ahí se midieron Bruno Guimarães, Morgan Rogers, Elliot Anderson, Carlos Baleba y Enzo Fernández. El mercado ya tenía nuevas referencias.

Al final de dos meses de frenesí, en los que los clubes de la Premier League han gastado algo parecido al PIB de Andorra, aún hay aficionados y ejecutivos intentando entender las cifras. Cada operación tiene sus matices, su contexto, sus urgencias. Pero juntas dejan una pregunta incómoda flotando en el aire: ¿puede un futbolista valer de verdad 100 millones de libras para un club?

La respuesta se parte en dos: el impacto sobre el rendimiento deportivo y el impacto sobre el negocio del club. En lo comercial, solo un puñado de estrellas globales mueve de verdad la aguja de los ingresos de una gran entidad de la Premier League. El resto vive muy lejos de ese estrato.

En el césped, sí hay ejemplos que parecen justificarlo todo. Virgil van Dijk se perdió casi toda la temporada 2020/21 del Liverpool por lesión y el equipo se desplomó 30 puntos respecto al curso anterior. Cuánto pesó exactamente su ausencia es imposible de medir: el equipo de Jürgen Klopp vivió una plaga de lesiones y su gran problema fue la falta de pegada. Manchester City sufrió un derrumbe similar sin Rodri en 2024/25, pero de nuevo su baja fue solo una pieza en un cuadro mucho más amplio.

Ahí entra Omar Chaudhuri, director de inteligencia de Twenty First Group, consultora que asesora a clubes en su estrategia de fichajes. Llevan años diseccionando el mercado y su conclusión es poco romántica: la mayoría de los traspasos, por sí solos, no cambian drásticamente el destino de un club.

Entonces, ¿hay alguna justificación para el futbolista de 100 millones?

“En valor intrínseco, no”, sentencia Chaudhuri. “Si analizas cuánto puede influir un solo jugador en el resultado de un equipo a lo largo de una temporada, nunca va a ser más de tres, cuatro, cinco puntos, salvo que seas Lionel Messi en Inter Miami, donde el abismo entre tú y el resto es enorme”.

La reflexión golpea con fuerza cuando se baja a nombres concretos. “Enzo Fernández es un buen jugador, pero no es un futbolista transformador, y es muy difícil encontrar jugadores transformadores en la Premier League porque el nivel ya es muy alto. Es una tarifa de 125 millones, pero a lo largo del contrato puedes acabar gastando 200 millones en un jugador. No podrías decir realmente que la diferencia entre tener a Enzo Fernández y no tener a Enzo Fernández vale 200 millones de ingresos para Manchester City, sería difícil cuadrar las cuentas. Pero al final tienes que pagar los precios que marca el mercado. Y si todos están dispuestos a pagar esas cifras, solo te queda aceptar que compites en un mercado inflado.

Ese mercado se ha ido deformando a medida que los clubes se han dejado arrastrar hacia gastos descomunales, muchas veces empujados por una mala racha de resultados o por la ilusión de que un gran fichaje es un atajo hacia el éxito. Esa idea, repetida cada verano, se ha demostrado una y otra vez equivocada.

“El mercado de fichajes es una oportunidad enormemente sobrevalorada para mejorar tu equipo”, insiste Chaudhuri. “Se ve como la gran vía porque miras la calidad de tus jugadores como el motor de tu éxito en el campo. Pero si miras históricamente, la cantidad que un club gasta neto en un mercado no tiene ninguna relación con cuánto mejora o empeora su rendimiento la temporada siguiente, literalmente ninguna relación, lo cual es impactante. Un club que gasta 200 millones netos no está más destinado a mejorar su posición que uno que genera 200 millones de beneficio neto”.

La realidad es más aburrida, pero mucho más eficaz: la ejecución paciente y disciplinada de un plan a largo plazo supera al gasto compulsivo. La buena noticia para los más pequeños es que la exuberancia de los grandes abre ventanas de oportunidad. Brighton y Brentford han aprendido a golpear por encima de su peso vendiendo jugadores en la zona más inflada del mercado de la Premier League y encontrando sustitutos en aguas mucho más tranquilas.

“Cuando asesoramos a clubes, siempre buscan esa estrategia milagrosa o ese mercado secreto del que reclutar”, explica Chaudhuri. “El hecho, un poco más aburrido, es que necesitas un plan y la disciplina para ejecutarlo. Casi no importa cuál sea el plan. El gran fallo de la mayoría de los clubes es que no tienen un plan realmente claro”.

Su ejemplo favorito se repite: “Hablamos mucho de Brentford y Brighton. Es muy raro ver clubes con una especie de visión de túnel en la forma de operar. La cantidad de clubes que cambian de rumbo de una temporada a otra en su estructura, en la dirección deportiva, en el entrenador, el estilo de juego, el reclutamiento… es un caos. Tener un plan y ser consistente con él suena básico, pero falta en muchísimos clubes”.

Detrás de las cifras astronómicas hay otro matiz: muchas de estas tarifas son, en parte, humo contable. La mayoría incluye variables que quizá nunca se activen. Casi todos los pagos se amortizan, se trocean a lo largo de la duración del contrato. Los 125 millones que Manchester City ha comprometido por Enzo Fernández se convierten en 25 millones al año durante cinco temporadas. Y si dentro de tres años lo venden por la mitad, el dinero recuperado basta para cubrir la deuda pendiente en los libros.

Ese andamiaje financiero sostiene el castillo. Un reciente y alarmante reportaje de The Independent lo describía como una montaña de arena sobre la que se ha levantado la Premier League, con voces internas advirtiendo de que podría venirse abajo en un colapso serio. Hasta que llegue ese día, si llega, nada parece capaz de frenar a los clubes a la hora de seguir lanzando cifras desorbitadas a un mercado sobreexcitado.

Chaudhuri apunta a una vía distinta, casi revolucionaria por lo olvidada que está. “Muy pocos clubes se centran de verdad en mejorar a sus propios jugadores. Vemos constantemente cómo el rendimiento sube y baja: en un tramo de la temporada un equipo puede mostrar nivel de Champions League y en otro tramo tener nivel de media tabla. Eso demuestra que los clubes tienen capacidad para generar un rendimiento mucho mejor con el mismo grupo de jugadores, sin necesidad de fichar”.

El mensaje es incómodo para una industria que vive del anuncio, del rumor y del gran titular del verano. “Hay muy poca atención a lo que los clubes pueden hacer para construir equipos cohesionados y mejorar a sus propios futbolistas”, concluye Chaudhuri. “Muchos han perdido de vista eso en los últimos años”.

La pregunta, viendo otro verano de cheques en blanco, es quién se atreverá a recuperar ese camino antes de que la factura del mercado termine por cobrarse en el campo… o en el balance.