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El vacío cautivo de la gran ilusión en el fútbol

“Estuvimos tan cerca… Al final del día, le hicieron una oferta que no podía rechazar… Demuestra hacia dónde queremos llevar al club… Se ha escrito mucha basura en los periódicos que hay que encajar, me temo; deberían estar hablando de lo bien que está jugando ahora mismo la selección inglesa de críquet”.

No lo dijo Mikel Arteta tras ver cómo se escapaba Vinícius Júnior rumbo a una nueva firma con Real Madrid. Lo dijo Glenn Hoddle en 2002, cuando Tottenham se quedó sin Rivaldo. La última frase lo delataba, claro. Entonces, los Spurs taparon el agujero brasileño fichando a Robbie Keane, el niño que soñaba con ese club.

¿Qué hará ahora Arsenal ante el mismo tipo de vacío, pero en versión galáctica? ¿Mirar hacia Cristian Romero, como se susurra en algunos rincones?

El mercado como mundo paralelo

La persecución fallida de Vinícius ha vuelto a poner en primer plano el universo paralelo en el que viven los aficionados cuando se abre el mercado y no rueda un solo balón de competición. Es el territorio del “imagina”.

Imagina lo que habría hecho Vinícius contra las defensas de Nuestra Liga. En ese limbo de verano no hay martes lluviosos en Stoke, nadie se rompe, nadie se deprime lejos de casa. Solo hay goles a espuertas y delanteros que destrozan su propio xG. Fútbol celestial. Sin fisuras.

También existe la cara oscura. Un verano entero de ansiedad porque no llega nadie, o porque el único que llega no basta. Basta con asomarse a las redes sociales y escuchar los lamentos de un sector del hincha de Liverpool, desesperado porque Virgil van Dijk, 73 años según la ironía de la grada, es el único central de peso en los Red Men. Quizá la llegada de Bradley Barcola sirva de calmante, aunque todavía no es un DONE DEAL, como se apresuran a recordar los que viven pegados al mercado.

En el norte de Londres, el consuelo ya tiene nombre propio: Bruno Guimarães. Muchos en Arsenal se dicen que, si el otro brasileño no llega, siempre queda el que puede surtir de balones a, ejem, Gabriel Martinelli. No es Vinícius, pero alimenta la esperanza.

El fichaje que mueve placas tectónicas

Cada verano hay una operación que desbloquea el resto. Un movimiento que altera jerarquías, planes y presupuestos. Esta vez, el giro no lo provoca un traspaso, sino una renovación: Real Madrid ha decidido poner todo el dinero sobre la mesa para blindar a Vinícius.

Esa apuesta, en plena era de contratos descomunales, cambia el paisaje. Con el brasileño atado, el horizonte se despeja en otra dirección: Rodri, reciente ganador del Balón de Oro 2024, protagonista de un monumental enfado por parte del propio Vinícius y del club blanco, ya casi no tiene hueco en el Bernabéu.

Con Kylian Mbappé instalado en un salario estratosférico y Vinícius subido al mismo tren, el capitán de España se queda sin cama en esa posada. El resultado es tan simple como demoledor: el hombre clave de Manchester City, el mejor jugador de ese peculiar Mundial de Geopolítica que es el fútbol moderno, apunta ahora a Barcelona.

Sería un golpe durísimo para su club y para Nuestra Liga. Pero así funciona el mercado: es mejor haber amado y perdido que no haber fichado a nadie.

Noche de copa y guerra en los despachos

Mientras el mercado hierve, el balón también se mueve, aunque sea en versión retro. Viernes por la noche, olor a Littlewoods Cup, Middlesbrough y Wrexham firmando un 0-0 que se decide 1-0 en los penaltis. Fútbol de copa, de nervios y de detalles.

Lejos de ese escenario, el ruido es político. La presidenta de la Federación Noruega, Lise Klaveness, ya no se muerde la lengua: asegura que la confianza en Gianni Infantino se ha roto por completo y le pide que se marche. La guerra civil en el corazón de Fifa se recrudece, con México y Argentina alineados con el presidente. Las trincheras están claras.

Escocia: del centro del universo al foso de siempre

Hubo un momento, a finales de mayo, en que la Premiership escocesa se convirtió, por un parpadeo, en el centro del universo futbolístico. Parecía el inicio de algo.

Bastaron unas semanas para que todo volviera al paisaje habitual: un pozo de autocrítica feroz y reproches cruzados. El éxodo de talento de Hearts hacia Rangers, que se vendió como el gran movimiento interno del verano, de momento no le ha sentado bien a nadie.

Hearts, sin el técnico Derek McInnes ni su referencia Lawrence Shankland, encajó un 6-0 ante Sturm Graz en la Bigger Cup y después un 6-1 en la ida de la Bigger Vase frente a Benfica. Golpe tras golpe.

Rangers tampoco se libra. Empate 1-1 en liga ante Dundee United y derrota 2-1 en Polonia frente a Jagiellonia Bialystok en el mismo torneo europeo. McInnes ya siente el agua al cuello.

No todo son malas noticias: Motherwell sacó un 1-1 en casa de HJK Helsinki y Hibernian derrotó a Shkendija de Macedonia en la fase previa de la Tin Pot. Pequeñas luces en un verano áspero.

Toney, Caf, fichajes y banquillos

En Inglaterra, el nombre propio del día es Ivan Toney. El delantero de Al-Ahli y de la selección inglesa ha sido acusado de agresión con lesiones reales tras un incidente en una discoteca londinense el pasado diciembre. Deberá comparecer ante los magistrados de Westminster el 24 de septiembre.

En África, un giro estratégico ha tenido un precio altísimo: Caf renunció a un acuerdo valorado en al menos 1.000 millones de dólares en ingresos asegurados a ocho años al decidir que la Afcon deje de ser bienal para disputarse cada cuatro años. Una apuesta de calendario que reordena el mapa económico del continente.

De vuelta a Inglaterra, Leeds United ha agitado el mercado de porteros. Ha convertido a James Trafford en el cuarto guardameta más caro de la historia con un traspaso de unos 40 millones de libras desde Manchester City. El propio Trafford lo ve claro: confía en sus capacidades y asegura que solo piensa en trabajar al máximo y disfrutar.

En el norte de Londres, otro foco: Cristian Romero amenaza con aguar la diversión de los rumores. Tottenham negocia su venta a Atlético, mientras Micky van de Ven se prepara para firmar una renovación que lo afiance como pilar de la zaga.

En el tablero de selecciones, Mark van Bommel se sube a una montaña exigente: se convierte en el nuevo guía de la llamada Golden Generation™ de Bélgica. No ha querido esperar a una hipotética llamada de Países Bajos. Lo dijo sin rodeos: no le interesaba aguardar por el banquillo neerlandés y siente que este reto encaja con él.

En categorías más modestas, el golpe lo recibe Bristol City, ya eliminado de la Coca-Cola Cup tras caer 1-0 en casa ante Walsall, equipo de League Two. Pese al tropiezo, el técnico Lee Grant se aferra a las señales positivas y alogia el esfuerzo colectivo. El resultado no acompañó, pero el discurso mira al vestuario, no al marcador.

Memoria y futuro en blanco y negro

En el noreste, el calendario trae una fecha redonda: se acerca el centenario del último título liguero de Newcastle United. La imagen de St James’ Park en el verano de 1926 muestra un estadio irreconocible para el aficionado actual. Sin Shearer’s Bar, por supuesto, lo cual quizá era una bendición: habría sido imposible mantener lejos de la barra a Hughie Gallacher, autor de 36 goles en aquella campaña gloriosa.

Cien años después, el fútbol vive de contratos astronómicos, guerras en los despachos y veranos de ansiedad en redes sociales. Pero el pulso es el mismo: ilusión, enfado, sueños de grandeza.

Hoy es Vinícius quien se queda en Madrid, Rodri quien mira a Barcelona y Arsenal quien vuelve a preguntarse qué le falta para dar el salto definitivo. La ventana se cerrará, como siempre. La pregunta es quién se quedará mirando al vacío y quién habrá encontrado, por fin, a su propio Hughie Gallacher.