El verano de Milos Kerkez: desafíos y liderazgo en Liverpool
El verano en la vida de Milos Kerkez no ha sido precisamente tranquilo. Días en casa en Serbia, descanso en Montenegro y España, un golpe frenético en la puerta de su habitación para decirle que Arne Slot había sido despedido, una inesperada reunión con Andoni Iraola poco después y, entre medias, miles de mensajes felicitándole por una boda que no era la suya, tras ser fotografiado llevando a una novia a la iglesia en su Vrbas natal. Las enhorabuenas vuelven a aparecer al inicio de la entrevista, en la azotea del hotel de concentración de Liverpool.
Kerkez se ríe… y corta en seco.
—¡No! Esto está mal, todos lo entienden mal —exclama el lateral. Explica que fue su hermano mayor quien se casó, que en Serbia es normal que los hermanos pequeños lleven a la novia a la iglesia y que, desde entonces, medio mundo da por hecho que él pasó por el altar. “Era Rade, no yo”, insiste. Son tres hermanos: Rade, el mayor; Marko, el del medio; y él, el pequeño. “Voy por el club desde que volvimos y la gente me felicita. Yo digo: ‘¡No, todavía no estoy listo para eso!’”.
Boda descartada, compromiso absoluto con otra responsabilidad: dejar de vivir a la sombra de Andy Robertson y consolidarse en Liverpool. Es pronto, sí, pero en la concentración de pretemporada en el centro de alto rendimiento de Chicago Fire ya ha llamado la atención cómo el lateral de 22 años y su compatriota en la selección de Hungría, Dominik Szoboszlai, han asumido un rol de liderazgo en una plantilla relativamente joven.
Kerkez, internacional con Hungría gracias a sus abuelos paternos, parte con ventaja en el arranque de la era Iraola, marcada por dobles sesiones durísimas y un primer amistoso saldado con victoria ante Sunderland en Nashville. Conoce al nuevo técnico mejor que nadie en el vestuario: con él se convirtió en un lateral zurdo valorado en 40 millones de libras durante sus dos temporadas en Bournemouth. Sabe que no necesita “presentarse” ante el entrenador. Iraola le valora. Y sabe también que, después de un debut complicado en Anfield, ahora trabaja con un técnico que puede exprimir al máximo sus virtudes.
“Estaba encantado, de verdad”, recuerda al enterarse de que Liverpool apostaba por Iraola. “Me ayudó y me mejoró mucho en los dos años que pasé con él. Estaba muy feliz, obviamente por mí, pero también por el equipo. Todos saben qué tipo de fútbol juega, así que creo que es el encaje perfecto para nosotros”.
La palabra que repite es intensidad. “Es la intensidad. No tiene miedo de jugar uno contra uno por todo el campo, de presionar alto y de estar siempre hacia adelante. Si ves imágenes de cómo terminamos después de entrenar, todos tirados en el suelo, ves para qué nos está preparando. Necesitas piernas y una condición física muy buena para hacer lo que quiere, pero estaremos bien”. En los partidillos de tres o cuatro equipos, el técnico los llama “consecuencias”: los dos últimos corren. Cuánto, lo decide él en el momento. Lo único fijo es que el que pierde paga con carrera.
Iraola exige, controla el detalle, marca distancias. “Es intenso y le gustan los detalles. Es muy profesional. Le gusta hablar a veces, pero no mucho. Creo que quizá no quiere estar demasiado cerca de algunos jugadores y quiere mostrar que todos somos iguales en el equipo, así que no quiere estar demasiado cerca de nadie en particular. Lo mantiene profesional, con mucho trabajo duro”.
La temporada pasada, ese trabajo duro se vio a veces encorsetado por la idea de Slot de salir jugando desde atrás y de utilizar a los laterales por dentro. Kerkez había brillado precisamente por lo contrario en Bournemouth: campo abierto, ida y vuelta, potencia y recorrido por la banda. Ese despliegue le llevó al once del año de la Professional Footballers’ Association en 2024-25 y convenció a Liverpool para invertir fuerte en él. Todo indica que, con Iraola, podrá volver a jugar a su favor.
“El míster prefiere usar a los laterales por fuera, con desmarques por dentro y por fuera”, explica. “Me funcionó muy bien en Bournemouth, así que creo que también me irá bien aquí. Siempre me dijo que defender es muy importante, para él eso es lo primero, y que, como eres lateral, tienes que defender muy fuerte. Todo lo que haces por delante es como un bonus. Así que siempre me centré primero en defender y luego en correr hacia adelante para ayudar a los extremos. Me mostró que cuando haces tu trabajo, eres libre para hacer lo que quieres, y me sentí muy libre con él. Te deja más libertad para hacer tus cosas”.
No por eso señala a Slot. Al contrario. Siguen en contacto. El serbio reconoce que la destitución del técnico neerlandés, apenas 12 meses después de ganar la Premier League, le pilló durmiendo en Serbia. Su hermano le despertó con golpes en la puerta. Sorpresa absoluta. “Nadie lo sabía. No podía creerlo, fue como: ‘Wow’”. Desde entonces se han intercambiado algunos mensajes.
Kerkez admite que la pasada campaña fue “dura para todos” en Liverpool. Cada vez que el equipo parecía resolver un problema, aparecía otro. Él formó parte de una inversión millonaria que no dio el rendimiento esperado, aunque su impacto fue mayor que el de otros fichajes. La lupa se posó con fuerza sobre los recién llegados, sobre todo en su banda. Dice que no le afectó.
“Sinceramente, no me importa la presión”, asegura el lateral, que se medirá a Wrexham en el segundo partido de la gira estadounidense, en Nueva York. “No me gusta la ‘presión’ y esas cosas. Crecí un poco diferente en Serbia. Crecimos diferente. Se puede decir que estamos hechos un poco diferente. Por ejemplo, empecé a conducir un camión cuando tenía 10 años”. Lo cuenta y se ríe. Iba con su padre. Él llevaba el volante; su padre, los pedales. No llegaba.
Su padre, Sebastijan, todavía le lleva en coche de vez en cuando al centro de entrenamiento de Liverpool. Él y su madre, Tijana, se han mudado a Inglaterra para ayudar a su hijo a asentarse en la Premier League. “Son muy importantes”, subraya. Sus hermanos ya hacen su vida, pero sus padres están con él y eso le da calma. Y un punto de exigencia que no se negocia. “Mi padre está aquí para darme un golpe en la cabeza de vez en cuando y recordármelo. A veces juegas unos cuantos buenos partidos y quizá empiezas a venirte un poco arriba. Pero mi padre está aquí para darme el golpe. Vuelvo directo al suelo y vuelvo a conectarme”.
En el día a día, otra figura clave ha sido Robertson, el hombre —y la leyenda del club— al que fue fichado para suceder. El ahora lateral de Tottenham, capitán de Escocia, le tomó bajo su ala la temporada pasada, con charlas constantes sobre detalles de la posición. No hubo gran discurso de despedida en mayo, cuando tocó decir adiós a Anfield.
“No quería cargarle demasiado”, explica Kerkez, que el curso pasado también forjó una relación muy cercana con Mohamed Salah. “Estaba un poco emocional porque todo se estaba terminando. No quería ir demasiado sobre él, pero durante el año me ayudó. Tuvimos algunas conversaciones sobre los centros y sobre los grandes pulmones que necesitamos para poder correr hasta mañana. Él hizo muchas temporadas, yo también debo tener lo mismo. Tuvimos conversaciones así. También sobre dónde poner el último pase, concentrarme, levantar la cabeza y a veces poner mejores centros”.
Kerkez no esquiva el peso de la herencia. “Todos sabemos lo que Andy hizo por el club. No huyo de eso. Quiero hacer mi propio camino. Voy a trabajar duro. Sé lo que significa jugar para Liverpool. Lo mostré un poco el año pasado y lo voy a mostrar más este año”.
Antes de volar desde el Axa, la ciudad deportiva de Liverpool, hacia Chicago, una imagen se le quedó grabada. En la televisión, un programa repasaba las cifras de goles y asistencias de Salah: cerca de 380 acciones decisivas. Kerkez se levantó y se fue. “¿Qué es esto?”, pensó. El tiempo vuela. Una generación se marcha, otra asoma. Y él quiere que, cuando el club mire atrás dentro de unos años, su nombre ya no sea solo el del heredero de Robertson, sino el del lateral que hizo suya la banda izquierda de Anfield.






