Vietnam se corona campeón de la ASEAN Championship 2024-25
HANOI (Vietnam) — Vietnam se abrazó a la historia en un Mỹ Đình National Stadium en ebullición. Defendió con éxito el título de la ASEAN Championship por primera vez y levantó su cuarta corona regional, sufriendo, resistiendo y aprovechando al máximo un 2-2 que, sumado al 2-0 de la ida en el Rajamangala Stadium de Bangkok, cerró un 4-2 global ante Tailandia.
Un golpe temprano que heló a Hanoi
La ventaja de dos goles obtenida el sábado parecía un colchón cómodo. Pero en cuanto el balón echó a rodar en Hanoi, quedó claro que Tailandia no había viajado para rendirse.
Anthony Hudson lo había anunciado en la previa. Su equipo salió agresivo, valiente, con la sensación de que solo servía atacar. Y a los 12 minutos, silenció a la mayoría de los 38.646 aficionados presentes.
La jugada nació en la derecha, maduró hacia atrás y terminó en los pies del central Nattapong Sayriya, que colgó un balón tenso desde muy lejos. Dentro del área, Seksan Ratree no pudo controlar, pero sí desviar lo justo para habilitar a Yotsakorn Burapha. El atacante conectó un derechazo seco, de primera, que se coló pese a la mano de Lê Giang Patrik. 0-1 y el ambiente, de golpe, enrarecido.
Con el gol, Tailandia se creció. Atacó con decisión, se instaló en campo rival y obligó a Vietnam a replegarse. Sin embargo, la ocasión más clara antes del descanso fue local: un centro exquisito desde la izquierda de Phan Tuấn Tài que eliminó a tres rivales y encontró a Rafaelson lanzado en el segundo palo. El brasileño nacionalizado se estiró al máximo, cabeceó… y el balón se estrelló contra el poste. Un aviso de que la noche iba a convivir con el metal.
El penalti que cambió la historia
La primera parte dejó a Tailandia en ventaja en el marcador del partido, pero aún por detrás en el global. El siguiente paso era evidente: igualar la eliminatoria. La ocasión llegó nada más arrancar la segunda mitad.
Un contraataque eléctrico dejó a la zaga vietnamita descolocada. El balón terminó en los pies de Kakana Khamyok, que dejó atrás a Trương Tiến Anh y cayó dentro del área tras sentir el contacto en los talones. El árbitro Darwish Ahmed Eisa no dudó: penalti.
Kakana, uno de los nombres propios del torneo para esta joven Tailandia, tomó la responsabilidad. Respiró, miró al portero… y mandó el balón muy por encima del travesaño. Una oportunidad de oro, desperdiciada en el minuto 48. El gesto de sus compañeros lo decía todo.
El castigo no tardó.
Solo cuatro minutos después, Vietnam golpeó. De nuevo apareció Phan Tuấn Tài por la izquierda, esta vez tras un sensacional cambio de juego de Nguyễn Hoàng Đức. El lateral controló y puso un centro preciso al pie de Hêndrio. El remate del brasileño, de interior, se estrelló en la base del poste. Parecía que otra vez el hierro salvaba a los tailandeses, pero el rebote cruzó el área pequeña, pegó en los pies de Chatchai Budprom y terminó dentro de su propia portería.
Un gol cruel. Un 1-1 que, por la norma de la eliminatoria, obligaba de nuevo a Tailandia a marcar al menos dos tantos más.
Tailandia se lanza, Vietnam perdona
Con el reloj en contra, los War Elephants no tuvieron alternativa: adelantar líneas, asumir riesgos y dejar metros a la espalda. Vietnam, cómodo con espacios, empezó a encontrar situaciones para sentenciar.
Hêndrio probó desde fuera del área alrededor del minuto 60 con un disparo que se fue por encima del larguero. Poco después, Tiến Anh, liberado por la derecha, recortó hacia dentro y se plantó solo en el área. Tenía todo a favor, pero cruzó demasiado y la pelota se marchó fuera. Una ocasión que el propio jugador pareció no creerse.
El poste volvió a ser protagonista en el 69. Una falta rápida, lanzada en largo por Đoàn Văn Hậu, pilló desprevenida a la defensa tailandesa. Nguyễn Hai Long atacó el espacio, controló y fusiló. Otra vez, el balón se estrelló contra el palo. El estadio contuvo el aliento. La eliminatoria seguía abierta.
Un respiro tardío… y un final cruel
Con el tiempo consumiéndose, Tailandia encontró un hilo de esperanza. Minuto 85. Jehhanafee Mamah levantó la cabeza en la derecha y puso un centro que no parecía encerrar demasiado peligro. Sin embargo, Tiến Anh, en una noche muy complicada a nivel individual, falló estrepitosamente en el control. El balón quedó muerto en el área para Wanchai Jarunongkran, que no dudó: disparo raso, ajustado al palo, y 2-1 para los visitantes.
De pronto, la final se encendía. Un gol más metía a Tailandia de lleno en la pelea por el título.
Pero la misma bota que encendió la esperanza acabaría apagándola.
Ya en el tercer minuto del tiempo añadido, con Vietnam tratando de dormir el partido, Nguyễn Quang Hải lanzó un pase largo buscando a Rafaelson. Wanchai, obligado a intervenir desde fuera del área, llegó al balón con la pierna derecha, dispuesto a despejar. El gesto técnico le traicionó: el balón salió directo hacia su propia portería y se coló de manera espectacular. Otro autogol. El 2-2 que mataba cualquier atisbo de remontada.
Un campeón sin discusión
Tailandia se marchó con la sensación de haber peleado hasta el final, pero también con el peso de sus propios errores: un penalti clave enviado a la grada y dos goles en contra provocados por sus propios jugadores.
Vietnam, en cambio, supo sufrir, golpear en los momentos justos y gestionar una ventaja que había construido desde la ida. Sobre el conjunto de los 180 minutos, el veredicto es claro: el campeón de la ASEAN Championship 2024-25 tiene nombre y juega de rojo.
La pregunta, ahora, es otra: ¿quién se atreve a destronar a esta Vietnam que ya sabe lo que es reinar y, lo que es más difícil, volver a hacerlo?






