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Un año de Andrew Cavenagh sin títulos en Rangers

Andrew Cavenagh cumple un año al mando de Rangers y lo hace con una confesión que retrata el peso del cargo: el club ocupa “el 150%” de sus pensamientos. No hay trofeos que exhibir, sí decisiones fuertes, errores caros y una sensación de vacío que él mismo define como “increíblemente decepcionante” y con “un terrible sabor de boca para todos”. Pero ni un ápice de duda sobre su implicación.

Hace exactamente un año, un consorcio de inversores liderado por el empresario estadounidense y por 49ers Enterprises tomó el control mayoritario del club de Ibrox. La promesa era clara: inversión, ambición y un proyecto capaz de devolver a Rangers a la cima con solidez. La realidad del primer curso ha sido mucho más áspera.

Un año de giros bruscos

La temporada empezó con un golpe de timón en el banquillo. Rangers nombró a Russell Martin como entrenador en junio. En octubre ya estaba fuera. Un despido temprano que abrió la puerta a una cascada de cambios estructurales: al mes siguiente cayeron también el director ejecutivo Patrick Stewart y el director deportivo Kevin Thelwell.

El mensaje era inequívoco: el nuevo grupo inversor no iba a tolerar la deriva deportiva ni la falta de resultados. Pero el coste de esa inestabilidad se notó sobre el césped.

La llegada de Danny Rohl dio aire. El nuevo técnico logró reanimar una carrera por el título que parecía enterrada. El equipo reaccionó, se enganchó a la pelea y devolvió algo de pulso a una grada que empezaba a perder la paciencia.

Y entonces, cuando más necesitaba firmeza, Rangers se desmoronó: cuatro derrotas en los últimos cinco partidos acabaron con cualquier opción de levantar el campeonato. Un desplome en el tramo más cruel del calendario.

Cuarenta millones y cero trofeos

La cifra duele: hasta 40 millones de libras invertidos en fichajes y ni un solo trofeo que llevar al museo. La pregunta era inevitable. ¿Se ha preguntado Cavenagh en algún momento por qué se metió en todo esto?

Su respuesta es tajante: “No”. Sin matices.

El presidente explica el porqué con una frase que revela hasta qué punto se siente atrapado por el club: “Este club se te mete a nivel molecular. Y, una vez lo hace, ya estás perdido. Me ha pasado a mí y a varios de nosotros”.

No habla de “disfrute” ni de “diversión”. Rehúye esas palabras de forma deliberada. “No quiero usar las palabras ‘disfrutar’ o ‘diversión’ porque no puedes tener una temporada como la que hemos tenido y usar esas palabras”, admite. La honestidad, al menos, va al mismo ritmo que la frustración.

Lo que sí reivindica es el atractivo del desafío. Para él y para Paraag Marathe, el otro rostro visible del consorcio ligado a San Francisco 49ers Enterprises, el reto sigue siendo un imán. “El desafío es algo que saboreo y Paraag también, igual que el resto de nosotros”, subraya.

La decepción, insiste, no ha generado dudas, sino combustible. “La decepción de este año es muy real para nosotros, pero lo único que ha hecho es darnos motivación para seguir adelante”. De ese golpe, asegura, debe nacer una respuesta. “Probar la decepción nos impulsará hacia donde queremos llegar” y hará “el éxito más dulce” cuando llegue.

Cara a cara con la grada

Cavenagh no se ha escondido. Durante la temporada se le ha visto varias veces mezclado con los aficionados que acuden al estadio, y en el tramo final, en Falkirk, volvió a exponerse al contacto directo con la hinchada. Lejos de incomodarle, dice que lo ha acogido con agrado.

“Mis conversaciones con nuestros aficionados he llegado realmente a disfrutarlas”, comenta. Alguien le sugirió que debía conocerlos “uno por uno”. Él mismo reconoce que un partido en Falkirk no era precisamente el mejor escenario para algo así, pero el gesto de acercarse quedó ahí.

Ese diálogo, a veces tenso, se sostiene sobre una base común: “Ya sea en la grada o en la calle, compartimos ciertas cosas como la ambición de ganar y el entendimiento de que no somos lo suficientemente buenos”. No hay maquillaje. La autocrítica es compartida.

En esas charlas aparecen discrepancias sobre los métodos, sobre las decisiones, sobre el rumbo. Pero Cavenagh insiste en que hay un punto de encuentro: “El objetivo común es el mismo, así que hay un terreno común en esas conversaciones, incluso si hay desacuerdos sobre los métodos”.

Un año después de la llegada del nuevo grupo inversor, Rangers mira un espejo incómodo: sin títulos, con una inversión importante y con la exigencia histórica intacta. Cavenagh asegura que el club ya le ha atrapado “a nivel molecular”. La próxima temporada dirá si esa obsesión se traduce, por fin, en algo más que palabras y promesas.

Un año de Andrew Cavenagh sin títulos en Rangers