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Carlos Cordeiro dimite en protesta por la venta de participaciones de FIFA

Carlos Cordeiro, asesor sénior del presidente de FIFA Gianni Infantino, ha presentado su dimisión en señal de protesta ante los planes del organismo de abrir una consulta para vender participaciones de una entidad comercial vinculada al Mundial a inversores privados. Un movimiento brusco, público y cargado de mensaje político en el corazón del fútbol global.

En una declaración exclusiva a Sky News, Cordeiro fue tajante: «Como asesor sénior del presidente de FIFA, exbanquero y aficionado al fútbol de toda la vida, no puedo quedarme de brazos cruzados mientras FIFA considera vender una participación en la Copa del Mundo. Que quede claro: no tuve ninguna participación en esta propuesta y me opongo de forma inequívoca. Es un mal negocio para las asociaciones miembro de FIFA, un mal negocio para el fútbol y un mal negocio para el futuro a largo plazo del juego».

La renuncia llega en medio de una tormenta sin precedentes alrededor de la propuesta de crear FIFA Forward Enterprise (FFE), una estructura comercial en la que un grupo inversor, encabezado por Thrive Eternal —fundada por Joshua Kushner, cuñado del hijo político del expresidente estadounidense Donald Trump—, espera hacerse con una participación minoritaria.

Rebelión continental contra Zúrich

El terremoto no lo ha provocado solo Cordeiro. El jueves, las 55 asociaciones miembro de UEFA anunciaron de forma conjunta que no participarán en ningún torneo de FIFA mientras la propuesta siga sobre la mesa. Su posición, en palabras del organismo europeo, es «unánime e inequívoca». El mensaje fue igual de contundente: ningún combinado nacional europeo acudirá a competiciones de FIFA a menos que el plan se abandone por completo y haya garantías vinculantes de que la gobernanza y las competiciones no se abrirán jamás a la propiedad privada.

CONCACAF, que agrupa a 41 países de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe, también rechazó el proyecto. La confederación lo expresó sin rodeos: «rechaza la propuesta».

El efecto dominó alcanzó a la Asian Football Confederation (AFC), que representa a 47 federaciones. Hasta ahora uno de los grandes apoyos de Infantino, el organismo asiático se alineó con UEFA y CONCACAF, pidió una «revisión urgente» de la gobernanza de FIFA y elevó el tono hasta rozar la desautorización del presidente. No es un detalle menor: su máximo dirigente, Sheikh Salman, perdió las elecciones presidenciales de FIFA en 2016 precisamente ante Infantino.

Con estas tres confederaciones en contra, ya son 143 de las 211 asociaciones miembro de FIFA las que se oponen al plan. Una mayoría abrumadora en términos políticos, aunque el proceso formal siga vivo.

FIFA insiste: «Nadie está vendiendo el fútbol»

En la madrugada del viernes, desde la sede de Zúrich, llegó la respuesta. En un comunicado, FIFA defendió la consulta y trató de apagar el incendio con un mensaje directo: «Nadie está vendiendo el fútbol. Esto no es algo que FIFA contemplaría jamás».

El organismo afirmó haber «escuchado los comentarios de las confederaciones» sobre la creación de FFE y subrayó su compromiso con un proceso «abierto y democrático». Al mismo tiempo, acusó a «informaciones incorrectas en los medios» de haber alterado el desarrollo de la consulta, pero dejó claro que seguirá adelante para que «cada asociación miembro pueda expresar su voto basándose en hechos».

La argumentación oficial presenta FFE como un mecanismo para que todas las federaciones nacionales «tengan la oportunidad de asumir una participación significativa en la oportunidad comercial del fútbol en sus respectivos países», sin sacrificar «el espíritu ni la gobernanza de FIFA o del fútbol en sí».

La idea, sobre el papel, promete retornos económicos muy elevados para las asociaciones si el proyecto prospera. Pero la amenaza de un Mundial masculino y femenino sin selecciones europeas —y con otras confederaciones clave en rebeldía— golpea de lleno la viabilidad real de esas proyecciones.

Miedo a un fútbol aún más saturado

Las ligas europeas y mundiales también se han colocado en el bloque del “no”. Su temor es claro: que el nuevo modelo empuje a FIFA a ampliar todavía más el calendario internacional, con torneos más grandes y frecuentes, presionando aún más los ya sobrecargados calendarios domésticos.

La batalla no es solo ideológica. Es económica, de calendario y de poder. Quién manda, quién cobra y quién decide el futuro del producto más valioso del deporte mundial: la Copa del Mundo.

FIFA, en su comunicado, defendió que «cada asociación miembro debe poder revisar la propuesta y tener voz a la hora de moldear su propio futuro». Pero el concepto de “democracia” que se discute ahora va mucho más allá de un simple voto.

La AFC lo dejó escrito en un texto que suena a ultimátum institucional: este momento, dijo, debe ser «un catalizador para reforzar la reforma institucional». Y advirtió que la democracia real no se mide solo por la posibilidad de votar, sino que «empieza con una gobernanza transparente, una consulta oportuna, una deliberación informada y una participación genuina durante todo el proceso de toma de decisiones». De ahí su llamada a una revisión urgente del marco de gobernanza y decisión de FIFA para que las propuestas «de significación global» se desarrollen con la supervisión adecuada de los órganos estatutarios.

Infantino, en el centro del huracán

Mientras el fuego político crece, todas las miradas apuntan al presidente. Gianni Infantino ha respaldado públicamente el plan, pero el comunicado de FIFA, emitido de madrugada, ni siquiera menciona su nombre. Un detalle que no pasó desapercibido para Kaveh Solhekol, periodista de Sky Sports News, que calificó la nota como «desesperada» y «desentonada» y la interpretó más como un texto personal de Infantino que como una posición consensuada del aparato de FIFA.

Solhekol fue más allá al describir al dirigente como alguien «en un agujero» que «tiene que dejar de cavar», y le instó a «leer la sala», aceptar que su poder «empieza a menguar» y pedir perdón: al fútbol, a los aficionados y a las confederaciones y presidentes de las 211 asociaciones miembro. También criticó la fijación del dirigente con culpar a los medios, una actitud que comparó con la del expresidente Trump, subrayando que las investigaciones publicadas por The Times y Financial Times han sido «completamente precisas» y esenciales para destapar el alcance real del proyecto.

¿Hay salida?

No es la primera vez que Infantino se ve rodeado. Ya ha sorteado crisis anteriores. Pero esta vez el contexto es distinto: se enfrenta a la mayor parte del mapa futbolístico organizado y al cuestionamiento directo de su estilo de gobierno.

Solhekol cree que esta es «la mayor crisis» de su mandato y que es «de su propia creación». El presidente parece decidido a presentar todo como un mero ejercicio democrático: una consulta en la que las 211 federaciones decidirán si el plan sigue adelante. Si lo tumban, intentará reducirlo a una «tormenta en una taza de té». Si lo aprueban, habrá ganado una batalla histórica.

Otros, sin embargo, le recomendarían otro camino: salir a pedir perdón, bajar el perfil, capear el temporal y presentarse a la reelección el próximo marzo, quizá sin rival. Por ahora, no es el rumbo que ha elegido.

La pregunta ya no es solo si FFE verá la luz. Es si un presidente que ha empujado a UEFA, CONCACAF y AFC a una rebelión abierta puede seguir pilotando, sin fracturas irreparables, el futuro de la Copa del Mundo.