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El crecimiento de la NWSL: de estadios de béisbol a récords de asistencia

Diez años atrás, un partido de la National Women’s Soccer League en un estadio de béisbol era una señal de precariedad. Un parche. En 2016, una cancha diminuta en un ballpark de ligas menores fue calificada por las propias estrellas de la liga como “impactante y embarazosa”. Aquello simbolizaba un techo bajo, casi sofocante.

En 2026, esos mismos ballparks se han convertido en escaparates de lujo. Chicago reventó el aforo en Wrigley Field, San Francisco hizo lo propio en Oracle Park, y la noche del miércoles en Nueva York añadió otro capítulo mayúsculo: el 1-0 de Gotham FC sobre Washington Spirit en Citi Field reunió a 42.175 personas, la segunda mayor entrada en la historia de la NWSL y el evento deportivo femenino más concurrido que haya visto jamás la ciudad.

Un clásico de costa Este bajo humo y calor

El contexto no era menor. Tras una pausa de un mes por el Mundial masculino, la NWSL retomó la acción el 3 de julio. Si había un partido destinado a marcar el tono del resto de la temporada, era éste. San Diego sigue en lo alto de la tabla, pero el triunfo en Queens empujó a Gotham a igualar en puntos a Spirit y Portland Thorns. Washington se mantiene segundo por diferencia de goles. Son viejos conocidos: finalistas el año pasado, entre ambos suman dos títulos de liga (Gotham), dos subcampeonatos (Spirit) y tres trofeos en otras competiciones en las últimas tres campañas.

El duelo, bautizado como Queens Classic, fue algo más que un partido grande. Fue un retrato condensado de lo que es hoy la NWSL en su temporada 14: partidos con peso real, estrellas globales, ambición desbordada… y polémicas que no terminan de irse.

En lo futbolístico, el desenlace llevó la firma de siempre. Rose Lavelle, el faro de Gotham y autora del gol que decidió la última final, sacó de la chistera una rosca magnífica en el minuto 37. Un disparo con clase, el único tanto de la noche. La grada se inclinaba claramente por el equipo local, pero las camisetas con el número 2 de Trinity Rodman salpicaban el estadio. La delantera de Spirit volvió a ser un imán para la vista, encaró, lo intentó cinco veces, pero se fue sin premio.

El rugido más ensordecedor, sin embargo, llegó a la hora de partido. Minuto 63. Sam Kerr pisa el césped. Primeros minutos con Gotham tras seis años y medio en Chelsea. Un regreso que olía a ajuste de cuentas con la historia: la delantera australiana fue la gran estrella de la era Sky Blue, cuando sus goles la catapultaron a máxima artillera histórica de la NWSL mientras el club lidiaba con problemas fuera del campo y jugaba ante poco más de 3.000 personas.

“Me siento muy mimada jugando en este club, porque no paramos de traer jugadoras increíbles”, reconoció Lavelle, aludiendo a una lista de fichajes que en apenas un mes ha sumado a Kerr, a la capitana de Irlanda Denise O’Sullivan y a la centrocampista noruega Guro Reiten. Rodman, siempre afilada, contó entre risas que en un córner se acercó a Kerr para decirle: “Bienvenida de vuelta, pero cálmate”.

De duchas sin agua a proyectos millonarios

Cuando Kerr se marchó de Sky Blue en 2018, los titulares no hablaban de récords de asistencia ni de traspasos de impacto. Se hablaba de resultados mediocres, de campos de entrenamiento sin agua corriente, de recursos mínimos. Ese club parece hoy un recuerdo en sepia.

El cambio va mucho más allá de los nuevos colores, los mejores resultados o una directiva renovada. La semana pasada, Gotham anunció que se mudará definitivamente a Nueva York en 2028, al futuro Etihad Park, a pocos kilómetros de Citi Field. La previa de este Queens Classic fue una campaña en toda regla: publicidad en el metro, promociones específicas, una iniciativa de entradas a 15 dólares impulsada por el alcalde Zohran Mamdani. El dato que más llamó la atención dentro del club: el 70% de los compradores eran “nuevos aficionados”.

“Fue muy especial ver cuánta gente estaba allí y que ese era su primer partido de Gotham”, confesó la centrocampista Jaedyn Shaw.

El rival de la noche también encajaba con el relato. Washington Spirit es otro ejemplo de reconstrucción desde abajo, de ambición en una liga cuyo modelo no siempre la facilita. Dos clubes que hace no tanto peleaban por sobrevivir, hoy llenan un estadio de béisbol y marcan el paso.

“En muchos sentidos, esto es un momento de círculo completo”, afirmó la comisionada Jessica Berman al descanso. “Sabemos que, con inversión, si lo construyes, la gente vendrá, y esto es una prueba de ello”.

La otra cara del espectáculo: calor, humo y pausas

El crecimiento acelerado de la NWSL tiene brillo, pero también aristas. En los últimos 12 meses, la liga ha batido récords de asistencia, audiencia televisiva y tasas de expansión. El precio del salto se ve en noches como la del miércoles.

Casi diez años después de aquel césped ridículo en un ballpark de ligas menores, jugadoras y técnicos coincidieron en que la cancha de Citi Field no era un desastre, pero tampoco un tapete de postal. “Es el show business”, bromeó Lavelle. El partido se emitió en horario estelar por ESPN, pero el único gol llegó justo mientras la pantalla se dividía para una entrevista, con narrador y reportera de banda pisándose en una narración caótica. El momento grande de la noche, partido a la mitad por la televisión.

El clima sumó una capa más de incomodidad. Ola de calor. Temperaturas entre los 30 y 35 grados, sensación térmica por encima de 38. Nueva York pasó el día bajo alerta por calidad del aire, con humo de incendios forestales en Canadá arrastrado hacia el sur. A la hora del atardecer, el estadio se hundía en una neblina marrón anaranjada. El olor a humo no se fue en todo el encuentro.

La NWSL ya ha suspendido partidos por aire irrespirable, pero también ha recibido críticas por mantener citas de alto perfil en condiciones adversas para futbolistas y aficionados. El episodio más sonado llegó el año pasado: un duelo estelar entre Orlando Pride y Kansas City Current, emitido a nivel nacional, se jugó pese al calor extremo y acabó con más de una docena de espectadores en el hospital.

Esta vez, los parámetros no llegaron al umbral de aplazamiento. El índice de calidad del aire se situó por encima de 150 —“no saludable” según la Agencia de Protección Ambiental—, pero por debajo del rango de 180-200 que abre la puerta a un retraso y del 200+ que obliga a posponer. La solución fue instaurar dos pausas de hidratación por tiempo.

Al entrenador de Spirit, Adrián González, no le gustó nada el remedio. Admitió que los parones mataron el ritmo, aunque reconoció que eran necesarios. Rodman fue más directa: “Creo que en ambos lados pensábamos: ‘Otra pausa, otra pausa, otra pausa’. Si tenemos que parar cada 15 minutos para hidratarnos, entonces no deberíamos estar jugando, y esa es mi opinión. Pero al final del día, hay 40.000 personas, es todo un evento. Es muy difícil. Fue una situación muy complicada para todos”.

El dilema está servido: espectáculo y negocio frente a salud y condiciones de trabajo. La liga camina sobre esa cuerda floja.

Un sueño hecho trabajo

Más allá de las dudas, la noche se archivará como un éxito rotundo. Escenas que hace unos años parecían ciencia ficción: la entrada de Citi Field duplicó la asistencia total de los 12 partidos en casa de la temporada inaugural del club en 2013. De 3.000 personas en gradas semivacías a 42.175 espectadores llenando un estadio de MLB.

Aceptar dos verdades a la vez —que la liga ha avanzado una barbaridad y que aún le queda mucho por recorrer— es la única forma honesta de leer este capítulo.

“Es bastante increíble cuando estás ahí fuera y te das cuenta de que este es tu trabajo”, reflexionó la veterana centrocampista de Spirit Andi Sullivan, “y que esto es lo que parecían tus sueños, o quizá lo que no parecían en el camino”.

La NWSL ya no juega a sobrevivir. Juega a llenar ballparks, a fichar estrellas y a estirar sus límites. La pregunta, después de una noche como la de Queens, no es si la gente vendrá. Es hasta dónde se atreverá a llegar esta liga antes de chocar con su propio techo.