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El duro verano de Fermín López: de la ausencia en el Mundial a la revancha

Fermín López habla sin rodeos. No maquilla el golpe. Su ausencia forzada del Mundial con España le dejó una herida que todavía escuece. Tanto, que al principio ni siquiera fue capaz de encender la televisión.

“Ha sido el peor verano de mi vida. Estaba en mi mejor momento, todo iba bien y llegó la lesión”, confesó en Catalunya Ràdio, desde la concentración de pretemporada del Barça en Inglaterra.

No es una frase hecha: el centrocampista reconoce que el impacto emocional fue tan fuerte que se borró del torneo.

No vio los primeros partidos de la selección. No podía. Le dolía demasiado imaginarse ahí, en el Mundial, mientras el resto de sus compañeros peleaban por el título. El vacío de quien sabe que se había ganado el derecho a estar y, de repente, se queda fuera por una jugada cruel del destino.

El apoyo que le sostuvo

En ese túnel, Fermín no estuvo solo. “He pasado un verano muy duro. He salido adelante gracias a mi familia, mi pareja y mis amigos. Necesitaba ayuda”, explicó. Lo dice con la serenidad de quien ya ha tocado fondo y ha empezado a escalar.

También tuvo una figura clave en el vestuario: su entrenador. “Ya la tenía antes, pero mi míster me ha ayudado mucho a superarlo”, añadió, subrayando el rol del técnico en su reconstrucción anímica y competitiva.

Con el paso de las semanas, la herida empezó a cerrar. El rechazo inicial dio paso a algo distinto. Primero, a poder ver a España sin que se le encogiera el estómago. Después, a algo más grande: viajar para vivir el último capítulo.

“Quiero dejar claro que me hizo muy feliz ver a mis compañeros ganar el Mundial. Hacia el final me encontré un poco mejor y decidí ir a ver la final en directo en Nueva York”.

Del apagón total a presenciar el momento culminante. Un gesto que habla de madurez en plena tormenta.

Luz al final del túnel

Superado el shock, llega el trabajo. Meses de rehabilitación dura, silenciosa, sin focos. Ahora, por fin, Fermín empieza a ver recompensa. Ya se entrena con el grupo de Hansi Flick en el Reino Unido, centrado en recuperar ritmo de competición y sensaciones antes del arranque oficial.

Su discurso ha cambiado de tono. El lamento se ha transformado en desafío. “Me siento mejor cada día. No tengo molestias, que es lo importante”, explicó. La frase clave, sin embargo, mira al césped y a una fecha marcada en rojo: el Trofeo Joan Gamper.

“Si todo va bien, podría jugar unos minutos en el Gamper. La intención es volver de esta lesión con todavía más motivación. Creo que estoy muy preparado. Ya he demostrado cómo puedo ayudar al Barça y tengo que seguir haciendo lo mismo la próxima temporada”.

No suena a tópico. En su caso, la lesión no solo le ha quitado un Mundial; le ha encendido una chispa nueva.

Champions, Liga y una ambición compartida

El horizonte de Fermín no se queda en volver. Es más ambicioso. Apunta al techo europeo y a la hegemonía doméstica. Y lo hace hablando en plural, como parte de un bloque que ya se conoce de memoria.

“El sueño de ganar la Champions League lo comparte todo el equipo. Hemos cerrado los últimos dos años. Esta temporada puede ser buena. Llevamos tres años jugando juntos y hemos vivido muchas cosas. Siento que estamos preparados para ganar la Champions”, aseguró.

No se olvida de la Liga. Ni de lo que significa intentar algo histórico. “Ganar una tercera liga consecutiva es difícil. Será un año duro. Pero si estamos centrados en nuestro juego y unidos, podemos ganar una tercera liga”.

Esa es la foto actual de Fermín: un futbolista que ha atravesado su peor verano, que ha visto el Mundial desde fuera con un nudo en la garganta y que ahora se planta en pretemporada con una idea fija. Volver mejor. Volver más fuerte. Y demostrar, esta vez sobre el césped, que aquella oportunidad perdida solo ha sido el prólogo de lo que quiere escribir con el Barça.