Gasperini transforma a la Roma: un reto histórico con Donyell Malen
La Roma ha arrancado la temporada como si alguien hubiera bajado el interruptor y encendido todas las luces de golpe. Ese alguien se llama Gian Piero Gasperini. Pocas jornadas han bastado para que el nuevo técnico deje una huella nítida en Trigoria y en el vestuario giallorosso, con una sensación clara: su mano pesa más que la de muchos de sus predecesores. Incluso más que la de José Mourinho.
En Verona, en el Stadio Marcantonio Bentegodi, la imagen fue elocuente. Gasperini, en la banda, gesticulando sin descanso durante el duelo de Serie A ante Hellas Verona, marcando cada movimiento, corrigiendo posiciones, reclamando intensidad. No parecía un recién llegado. Parecía el dueño del proyecto.
Un entrenador con poder real
Lorenzo Bettoni y Wayne Girard han analizado este inicio de curso y coinciden en un punto clave: la influencia de Gasperini dentro del club crece a gran velocidad. No solo dirige al equipo, también condiciona decisiones deportivas y marca la línea de la Roma que viene.
La estructura se ha adaptado a él, no al revés. Su idea de juego, agresiva, vertical, con presión alta y un uso muy exigente de los carriles, ya se ve reflejada en el campo. El equipo ha asumido riesgos, pero también ha ganado personalidad. Y eso, en un club históricamente volcánico como la Roma, no es un detalle menor.
La comparación con Mourinho surge de forma inevitable. El portugués manejaba el foco mediático, la narrativa, el peso emocional. Gasperini, en cambio, parece estar acumulando poder futbolístico puro: decisiones tácticas, elección de perfiles, jerarquías internas. Una Roma moldeada a su imagen.
Donyell Malen, el proyecto de goleador total
En ese nuevo ecosistema aparece una figura central: Donyell Malen. Bettoni y Girard ponen el foco en el delantero y en la posibilidad de que Gasperini sea el técnico que logre desbloquear definitivamente todo su potencial.
La pregunta es ambiciosa, casi provocadora: ¿puede Malen, con este contexto y este entrenador, atacar el histórico récord de 36 goles en una temporada de Serie A que ostenta Gonzalo Higuaín?
Gasperini conoce bien el arte de potenciar atacantes. Sus equipos han convertido a delanteros en máquinas de números cuando el sistema encaja. Y la Roma actual, con su volumen ofensivo y su forma de llegar al área, parece diseñada para que un ‘9’ viva en el punto de penalti.
El récord de Higuaín, ¿sueño o objetivo?
El debate no se queda en el titular fácil. Con la temporada todavía en sus primeros compases, Bettoni y Girard bajan la euforia al terreno de lo medible: ¿es realista pensar en 36 goles?
El listón de Higuaín es brutal. Exige constancia, un estado de forma casi perfecto y un equipo que juegue para ti durante meses. La Roma, por ahora, ofrece señales ilusionantes: genera ocasiones, pisa área con muchos hombres y no renuncia a atacar incluso con el marcador a favor.
La cuestión es si ese ritmo se puede sostener. Si Gasperini puede mantener a Malen físicamente al máximo, mentalmente enchufado y, sobre todo, bien alimentado de balones claros. Si todo eso encaja, la conversación sobre el récord dejará de ser una exageración para convertirse en una posibilidad incómoda para las defensas rivales.
¿Un aspirante al título… y a la historia?
Más allá de los números individuales, el análisis apunta a algo aún más grande: esta Roma tiene pinta de candidata seria. No solo por los resultados, también por la sensación de control, de plan, de identidad.
Un entrenador con poder real. Un equipo que responde. Un delantero con margen para explotar. Y un récord legendario, el de Higuaín, asomando en el horizonte como tentación máxima.
Si la Roma mantiene este pulso, la temporada no solo puede traer un aspirante al Scudetto. Podría también escribir una de las historias goleadoras más salvajes que haya visto la Serie A en años.





