Ghana se prepara para enfrentar a Inglaterra en el Mundial
Ghana, un aviso a tiempo antes de Inglaterra
Sobre el papel, el debut de Ghana en el Mundial debía ser un trámite. Número 73 del ranking FIFA, 39 puestos por debajo de Panamá, pero favorita clara por talento, historia y jerarquía. En la cancha fue otra cosa: 1-0 sufrido, juego espeso y demasiadas dudas para un equipo que en la próxima jornada se mide al gran coco del grupo, Inglaterra.
El resultado maquilla una actuación preocupante. Ghana ganó, sí, pero se sostuvo más por la pizarra de Carlos Queiroz y el orgullo de sus jugadores que por un plan redondo. Falló la elección de nombres, falló la estructura táctica y varios futbolistas se quedaron muy lejos del nivel que exige un Mundial. Ante Panamá se perdona. Ante Inglaterra, no.
El duelo de este martes en fase de grupos será histórico: primera vez que Ghana e Inglaterra se cruzan en partido oficial, trece años después de aquel amistoso 1-1 en Wembley en 2011. El contexto ahora es radicalmente distinto. Los ingleses llegan como candidatos al título tras aplastar 4-2 a Croacia. Ghana llega con tres puntos… y una lista clara de ajustes urgentes.
El dilema Jordan Ayew
Todo empieza por el capitán. Jordan Ayew es más que un delantero: es el jugador más experimentado de la plantilla, el líder del vestuario y el heredero de un apellido, Abedi Pelé, que pesa en la historia del fútbol ghanés. Ante Panamá, al saltar al campo, se unió al selecto grupo de futbolistas de Ghana que han disputado tres Mundiales, tras 2014 y 2022. No es un detalle menor.
Pero la jerarquía no tapa lo que se vio sobre el césped. Ayew sufrió. Mucho. Le faltó ritmo, le faltó chispa, y cuando por fin tenía la pelota, sus decisiones fueron a menudo las equivocadas. La imagen que queda es demoledora: recibe de Antoine Semenyo con metros por delante, el atacante del Manchester City rompe al espacio, la línea de pase está clara… y Ayew decide conducir hacia el tráfico, se encierra y pierde el balón.
Panamá no castigó esos errores. Inglaterra sí lo haría.
Un ‘9’ lento contra una defensa como la inglesa es un lujo que Ghana no puede permitirse. Brandon Thomas-Asante, que dio la asistencia para el gol de Caleb Yirenkyi, ofrece velocidad, agresividad y desmarques al espacio. No tiene la experiencia de Ayew, no se ha medido todavía al nivel de estrellas que presentará Inglaterra, pero su perfil encaja mejor en un partido de máxima exigencia física.
Queiroz, sin embargo, sabe que no puede prescindir del capitán. Dejarlo en el banquillo le resta liderazgo en un duelo que va a exigir carácter. Mantenerlo como referencia ofensiva, a la vista de lo visto, es inviable. La solución más lógica pasa por moverlo unos metros hacia atrás.
Cuando Ayew retrasó su posición ante Panamá y se situó como mediapunta, Ghana mejoró. Con más juego entre líneas que carreras a la espalda, su lectura del juego empezó a pesar. Desde ahí puede recibir, girar, conectar con los puntas y atacar los espacios frontales sin quedar expuesto en duelos de velocidad pura.
Un tridente con Ayew por detrás de Semenyo y uno entre Thomas-Asante y Abdul Fatawu permitiría a Ghana explotar con piernas frescas los puntos débiles de la zaga inglesa, mientras el capitán se dedica a lo que mejor hace a estas alturas de su carrera: organizar, pausar, elegir.
Thomas Partey, de vuelta al timón
El otro gran cambio se llama Thomas Partey. Ante Panamá, Elisha Owusu quedó desbordado. Superado por la presión, por los espacios, por un partido que le pedía cosas que la estructura del equipo no le facilitaba. No fue el único culpable, pero el contraste con lo que puede ofrecer Partey es demasiado evidente.
El centrocampista debe regresar al once. Sin matices. Ghana se va a medir a un mediocampo de élite, con Jude Bellingham y Declan Rice marcando el ritmo del torneo desde el primer día. Ante Croacia, Inglaterra mostró un centro del campo capaz de acelerar, romper líneas y castigar cualquier desajuste con una naturalidad escalofriante.
Con Partey al lado de Yirenkyi, el panorama cambia. Ghana deja de correr detrás del balón para, al menos por fases, poder mandar con él. Los dos pueden cerrar el carril central, frenar las conducciones de Bellingham y obligar a Rice a pensar más en defender que en incorporarse al ataque. Ese pequeño giro táctico puede ser oro: libera a Ayew para moverse entre líneas y da aire a una defensa que no puede permitirse quedar expuesta.
Yirenkyi, que ya dejó una impresión excelente en el debut, gana además un socio con jerarquía para repartir esfuerzos y responsabilidades. Partey no solo roba; ordena. Y Ghana necesita orden.
Cómo hacer daño a Inglaterra
El 4-2 a Croacia dejó un mensaje claro: Inglaterra es letal arriba, pero no es impermeable atrás. Recibió dos goles y pudo encajar alguno más. El talón de Aquiles apareció en las bandas, donde los laterales sufrieron cuando los croatas aceleraron.
Reece James quedó señalado en uno de los tantos por perder la marca. En la izquierda, Nico O’Reilly volvió a demostrar que ofrece mucho con balón, pero que aún es “un trabajo en progreso” cuando tiene que defender en campo abierto. Ahí se abre una ventana que Ghana no puede desaprovechar.
Semenyo, con su potencia y su carrera frontal, puede forzar uno contra uno constantes. Thomas-Asante, con su velocidad y su físico, amenaza el espacio a la espalda. Abdul Fatawu y Ernest Nuamah, desde las bandas, tienen la capacidad de encarar, de fijar y de desbordar. Si Ghana logra lanzar a estos hombres antes de que la defensa inglesa se organice, el partido se puede partir.
Croacia hizo daño cada vez que atacó rápido, sin florituras, obligando a los centrales a defender hacia su propia portería. Ghana tiene algo que los balcánicos no tienen tanto: un punto extra de potencia y agresividad en los duelos. Si une esa energía con precisión en las transiciones, el favorito puede tambalearse.
Empezar a mil, no a medio gas
Contra Panamá, Ghana jugó a la ruleta rusa durante una hora. Cedió la pelota, reculó, aceptó sufrir. Los centroamericanos manejaron los tiempos, generaron ocasiones y forzaron a los de Queiroz a un partido incómodo, a remolque.
Todo cambió cuando el técnico movió piezas. Semenyo pasó al centro, el equipo ganó un punto de apoyo ofensivo y las sustituciones subieron la intensidad de la presión. Desde ahí, Panamá empezó a cometer errores y Ghana, por fin, mandó.
Contra la Inglaterra de Thomas Tuchel, ese guion es una invitación al desastre. Los ingleses mostraron fisuras cuando Croacia los apretó arriba desde el inicio, robando cerca del área y exponiendo una estructura defensiva todavía en construcción. Pero también dejaron claro algo más: si se les concede tiempo y metros, castigan sin piedad.
En el estreno, Inglaterra marcó dos goles en la primera parte. Si Ghana se encierra como ante Panamá y espera a “entrar en partido” tras el descanso, es probable que cuando quiera reaccionar ya esté dos tantos abajo y sin margen de maniobra.
La única salida es empezar con el pie en el acelerador. Presión alta, duelos fuertes, ritmo alto desde el minuto uno. Convertir el partido en una batalla de desgaste, donde cada balón dividido duela y donde Inglaterra no encuentre nunca un tramo cómodo para tocar y girar. Ghana no puede ganar este choque a base de control; debe ganarlo a base de incomodidad.
La trampa de las jugadas a balón parado
Hay un dato que no admite interpretaciones: en la primera jornada del Mundial, ninguna selección generó más ocasiones claras ni más tiros a puerta en jugadas de estrategia (sin contar penaltis) que Inglaterra. El segundo gol de Harry Kane ante Croacia llegó así, con un cabezazo completamente libre tras un córner botado por Rice.
Ahí no hay margen para el error. Sea Lawrence Ati-Zigi o Benjamin Asare quien ocupe la portería —la duda sigue abierta tras la sustitución de Ati-Zigi al descanso ante Panamá por un choque en la primera parte—, Ghana no puede permitirse perder una sola marca en córners o faltas laterales.
La primera defensa de las jugadas a balón parado empieza lejos del área: evitar regalar faltas frontales, no permitir los mismos agujeros en la frontal que Panamá explotó durante tramos del partido. Otra vez, el peso de Partey se vuelve clave para cerrar ese carril central y reducir el número de acciones a balón parado peligrosas.
Los penaltis, directamente, son inasumibles. Kane domina el arte del engaño en la carrera de lanzamiento, estudia patrones, fuerza a los porteros a decidirse antes de tiempo. Si Ghana incurre en un penal, Asare y Ati-Zigi deberán llegar al duelo habiendo hecho los deberes, conociendo al detalle las rutinas del delantero inglés.
Queiroz ya marcó el tono tras el triunfo ante Panamá: “Tenemos que sufrir; no hay otra manera”, dijo. Y añadió que sacar un resultado en este Mundial “es muy caro” y que sus jugadores están dispuestos a pagar ese precio.
La factura contra Inglaterra será más alta todavía. La cuestión es si Ghana está preparada para abonarla con cabeza, no solo con corazón.





