Lamine Yamal brilla en el Mundial y lidera a España hacia la victoria
España necesitaba una reacción. No solo un triunfo, sino una respuesta de peso, de esas que cambian el tono de un torneo. Tras el gris 0-0 ante Cabo Verde, La Roja apareció por fin en el Mundial 2026: 4-0 a Arabia Saudí, fútbol afilado y la sensación de que el equipo, ahora sí, ha llegado al campeonato.
En el centro de todo, un chico de 18 años que juega como si llevara una década en esto: Lamine Yamal. A su lado, un capitán silencioso pero letal, Mikel Oyarzabal. Entre los dos destrozaron el partido antes de que el reloj marcara el minuto 25.
De la clase al escaparate del mundo
Hace dos años, Lamine Yamal veía el Mundial desde un aula. Esta vez, lo marca. Titular después de su irrupción como suplente en el debut, entró en el partido como si alguien hubiera subido el volumen de España de golpe.
A los 10 minutos, la primera puñalada. Una jugada de posesión larguísima, 39 pases hilvanados, paciencia y precisión. El balón acaba en la derecha, aparece Oyarzabal con un centro raso y tenso, y Yamal se lanza al segundo palo. Llega forzado, casi sin ángulo, pero mete la puntera y la cruza. Gol. El primero en un Mundial, en su primera titularidad mundialista.
No fue una obra de arte al ángulo, fue un gol de área pequeña, de olfato. De los que anuncian que, además de regates y fantasía, este chico va a sumar números serios.
Él mismo lo resumió después ante DAZN: el plan era jugar solo una parte, ayudar, marcar y descansar. Exactamente lo que hizo.
Oyarzabal, el martillo silencioso
El impacto de Yamal encendió a España. El de Oyarzabal la remató. El capitán de la Real Sociedad necesitó apenas un suspiro para convertir la superioridad en una goleada.
Minuto 21: córner, rechace, balón suelto en el segundo palo. Oyarzabal aparece donde duele, mete la pierna entre piernas saudíes y empuja el 2-0. Gol feo, sí. Gol imprescindible.
Minuto 23: dos toques después, el 3-0. España vuelve a entrar por la derecha, centro al área y Oyarzabal, otra vez, se adelanta a todos para definir con más intención y calma. Mismo protagonista, distinta factura. Arabia Saudí, desbordada, sin aire ni respuestas antes del primer parón de hidratación.
Pudo ser un hat-trick exprés. En el 36, un error en la entrega de Mohammed Al Owais lo dejó solo. Controló el regalo y golpeó de primeras, pero el balón besó la parte superior del larguero. El estadio ya cantaba el tercero en su cuenta. Esta vez se libró Arabia.
Con 3-0 y el partido roto, Luis de la Fuente tomó una decisión de entrenador que mira largo: al descanso, al banquillo Yamal y Oyarzabal. Gestión de minutos, cumpleaños feliz para el seleccionador —65 años recién cumplidos— y un mensaje claro: lo importante viene ahora.
España baja una marcha, el marcador no
La segunda parte ya no tuvo la electricidad del arranque. España levantó ligeramente el pie, pero no perdió el control. La pelota siguió siendo roja, el dominio también.
El cuarto llegó en una acción que explica bien el momento de los defensas en este Mundial: todo lo que puede salir mal, sale peor. Saque de esquina, peinada en el primer palo, Marc Cucurella engancha el remate y Al Owais firma una gran parada. El problema para Arabia vino en el rebote: el balón golpea a Hassan Al Tambakti y se cuela en su propia portería. 4-0, otro central que engorda la estadística más amarga del torneo.
El tanto añadió un capítulo más a una tendencia llamativa: ya van ocho autogoles en este Mundial, a un ritmo de casi uno cada cuatro partidos. Solo una edición anterior había visto tantos, y la fase de grupos ni siquiera ha llegado a su ecuador.
España, mientras tanto, siguió mandando sin necesidad de pisar el acelerador. Llegaron los cambios, se repartieron esfuerzos y el equipo se limitó a controlar, a guardar piernas pensando en lo que viene.
VAR, gol anulado y un aviso al grupo
En el tiempo añadido, Ferran Torres creyó poner la guinda. Centro tenso de Fabián Ruiz desde la izquierda, desmarque al primer palo y remate cruzado del delantero. 5-0 sobre el césped, celebración contenida… y la sala VAR entrando en escena.
La revisión se alargó hasta el 90+5. Línea trazada, fuera de juego y gol anulado. El marcador se quedó en 4-0, pero el mensaje ya estaba enviado.
La victoria coloca a España en lo más alto del Grupo H, a la espera de lo que hagan Uruguay y Cabo Verde. Arabia Saudí cae al fondo de la clasificación, castigada por un vendaval que la superó desde el primer minuto.
“Ahora sí hemos llegado”
En DAZN, Lamine Yamal no escondió la sensación que flotaba en el vestuario: el empate ante Cabo Verde dolió. Les hizo pensar. Les obligó a mirarse al espejo.
“El primer partido no fue realmente nosotros, era diferente, pero ahora hemos llegado y vamos a por más”, explicó. Irse al descanso con 3-0 le permitió, como él mismo admitió, descansar con la tranquilidad del deber cumplido.
Luis de la Fuente fue igual de claro en su análisis. Admitió que, tras revisar el debut, todos coincidieron en que España necesitaba más verticalidad, más ritmo, más colmillo. Ante Arabia Saudí, La Roja salió a morder desde el primer minuto, a encerrar al rival en su área a base de tiros y centros. Y lo consiguió.
El seleccionador también dejó dos pinceladas importantes. Una, sobre Yamal: “Está en perfectas condiciones para afrontar partidos completos”, dijo, aunque celebró poder retirarlo dejando al chico con hambre de más. La otra, sobre Oyarzabal: arrastraba una pequeña molestia, no grave, pero volvió a responder con una actuación sobresaliente.
Un líder, un grupo y un examen llamado Uruguay
Más allá del resultado, el partido dejó una sensación nítida: esta España tiene calidad repartida por toda la plantilla, pero necesita que su gran talento marque el tono. En Atlanta, Lamine Yamal lo hizo. Desde el primer regate, desde el primer centro, arrastró al resto a un nivel que no se vio en el debut.
Con él desatado, con Oyarzabal con el punto de mira afinado y con un equipo que por fin combinó posesión con colmillo, España se presentó en serio al Mundial.
Ahora llega el siguiente escalón: Uruguay, un rival duro, físico, competitivo, de esos que no conceden tanto espacio ni perdonan las dudas. La Roja ha dado un paso importante. La pregunta es clara: ¿mantendrá este filo cuando el escenario se vuelva realmente hostil?






