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Inglaterra enfrenta ansiedad por Declan Rice y el virus antes del partido contra Noruega

La concentración de la selección de Inglaterra vive días de nervios. A dos jornadas del choque de cuartos de final del Mundial ante Noruega, la gran preocupación tiene nombre propio: Declan Rice. El centrocampista, de 27 años, se ha perdido su segunda sesión consecutiva de entrenamiento, golpeado por un virus que llega en el peor momento posible.

No es solo un resfriado inoportuno. Según apuntan medios británicos, entre ellos la BBC, el estado del mediocentro se ve agravado por una dolencia neural que ya arrastraba en el isquiotibial y la zona lumbar. Un cóctel peligroso cuando el torneo entra en territorio de eliminatorias directas.

El cuerpo médico inglés se ha puesto en modo contención. Aíslan el caso, refuerzan protocolos, extreman cuidados. Nadie quiere que un brote se extienda por el vestuario justo antes de un partido que puede marcar el rumbo del proyecto. Cada estornudo se mira con recelo. Cada ausencia, con sospecha.

Tuchel, mientras tanto, hace encaje de bolillos con la enfermería. Además del caso Rice, debe vigilar de cerca el estado de Marc Guehi, tocado en el isquiotibial. Otra pieza clave que llega entre algodones a una cita que no admite errores.

El virus también roza a Noruega

El ruido no solo viene del lado inglés. En la concentración de Noruega, instalada en Estados Unidos, también se han registrado episodios de malestar. Cambios bruscos de temperatura, aire acondicionado al límite, viajes… y varios jugadores con síntomas leves.

Martin Odegaard lo explicó sin dramatismo: cambios de clima, algo de malestar, “nada grave”, según el capitán. Un par de compañeros con náuseas, cansancio, estómagos revueltos. Nada que, en teoría, vaya a impedirles estar listos el sábado.

Cuando el runrún empezó a crecer, Stale Solbakken cortó de raíz cualquier intento de crisis sanitaria mediática. El seleccionador noruego fue tajante: lo del “equipo enfermo” es solo un rumor. Aseguró que todos sus futbolistas están en perfectas condiciones y listos para competir.

Incluso tiró de ironía: el Odegaard enfermo es el tío de Martin, fisioterapeuta del equipo, no el capitán. Reconoció uno o dos casos de enfermedad en el cuerpo técnico, pero insistió en que entre los jugadores no hay rastro de un brote. Mensaje claro: nada de excusas, nada de distracciones.

Inglaterra, entre el miedo al virus y el miedo a Haaland

Mientras los médicos toman la palabra puertas adentro, el fútbol no espera. El duelo en el Miami Stadium se presenta como un examen duro para la racha inglesa: siete partidos sin perder, ahora sometidos al estrés de las bajas, las dudas físicas y la amenaza de un rival feroz.

Hay, al menos, una noticia que alivia ligeramente a Tuchel. Reece James ha vuelto a entrenar con normalidad y se perfila como solución inmediata para recomponer una zaga tocada por la sanción de Jarell Quansah, expulsado en el último encuentro. Un regreso que no solo suma piernas, también jerarquía y salida de balón.

La defensa inglesa, sin embargo, sabe dónde está el epicentro del peligro. Erling Haaland llega desatado: siete goles en el torneo, un depredador que no necesita demasiadas ocasiones para destrozar un plan de partido. Cada balón al área, cada transición, cada centro lateral, tendrá el nombre del delantero escrito en rojo en la pizarra de Tuchel.

Entre termómetros, masajes y sesiones tácticas, Inglaterra se prepara para una noche que puede definirlo todo: la continuidad de su racha, la salud de su vestuario y la capacidad real de este grupo para sobrevivir a la presión, al virus… y a Haaland.

Inglaterra enfrenta ansiedad por Declan Rice y el virus antes del partido contra Noruega