Manchester City inicia una nueva era sin Pep Guardiola
Por primera vez en una década, el Manchester City arranca una temporada sin Pep Guardiola en la banda. Se cierra una era irrepetible: seis títulos de Premier League, una Champions y la transformación total del club en la referencia del fútbol inglés.
Enzo Maresca toma ahora el mando. Hereda un vestuario de élite, liderado por el noruego Erling Haaland, pero también el peso de suceder a un entrenador legendario. El domingo, ante el Bournemouth en el Etihad, comienza el examen real. Y las dudas son muchas.
¿Cómo se triunfa después de Guardiola?
El City lleva diez años construido a imagen y semejanza de un solo hombre. Cada fichaje, cada matiz táctico, cada decisión estructural ha girado alrededor de Guardiola. No extraña que muchos recuerden el desplome del Manchester United tras la salida de Sir Alex Ferguson en 2013.
Maresca no llega como un desconocido. Fue asistente de Guardiola en la temporada del triplete y, después, se labró su propio nombre en Leicester y Chelsea. No es un salto al vacío. El atractivo principal de su fichaje es la continuidad: el club no quiere romper con la idea de juego que lo ha llevado a la cima.
Se espera que el City siga reconociéndose con balón: posesión, control, paciencia. Pero Maresca necesita, y rápido, imprimir su sello. Su carácter también entra en juego. Tiene fama de chocar de vez en cuando con jugadores y miembros del staff, un riesgo añadido en un vestuario acostumbrado a un líder con autoridad absoluta pero también con una gestión muy afinada de los egos.
La exigencia es inmediata. La directiva y la grada piden pelear el título desde el primer día. Sin embargo, el primer partido oficial de la era Maresca fue un golpe seco: 3-0 ante el Arsenal en la Community Shield, un repaso que encendió todas las alarmas.
¿Quién hace de Rodri?
El vacío más grande no está en el banquillo, sino en el centro del campo. Rodri era el metrónomo y el ancla del City: pase, colocación, lectura defensiva. El hombre que sostuvo el juego durante años y que, además, impulsó a España hasta el título mundial, llevándose el Balón de Oro del torneo. Su marcha al Barcelona es un mazazo deportivo de primer nivel.
El club ha reaccionado con fuerza en el mercado: llega el inglés Elliot Anderson desde el Nottingham Forest por unos 116 millones de libras. Energía, recorrido, capacidad para recuperar y llegar al área. Un interior de ida y vuelta, más que un mediocentro puro. No es un sustituto calcado.
El siguiente objetivo apunta a futuro: el City se prepara para lanzarse a por Ayyoub Bouaddi, mediocentro de 18 años del Lille. Talento, sí, pero muy verde todavía para asumir el timón inmediato del equipo.
La realidad es cruda: no hay hoy un mediocentro defensivo mejor que Rodri. Es, sencillamente, insustituible. Maresca tendrá que repartir sus funciones entre varios jugadores jóvenes y esperar que el engranaje colectivo compense la pérdida de un futbolista único.
¿Puede Maresca corregir la gestión de partidos?
La pasada temporada se escapó, en parte, por un defecto básico: el City dejó escapar 17 puntos desde situaciones de ventaja. Un gigante que se descompone cuando gana no puede aspirar a dominar la liga.
Aquí entra la etiqueta de técnico más pragmático que acompaña a Maresca. Su perfil, menos dogmático que el de Guardiola en algunos momentos, podría ayudar a cerrar partidos con más oficio, menos concesiones y menos caos en los minutos finales.
Pero hay una incógnita clave: se han marchado John Stones, Bernardo Silva y Nathan Aké. Tres jugadores que daban pausa, control y salida limpia desde atrás. Sin ellos, está por ver si las nuevas piezas encajan en una versión más controladora o si el equipo pierde precisamente la capacidad de templar los encuentros cuando más falta hace.
¿Basta con el cañón de Haaland?
Haaland sigue siendo la gran amenaza ofensiva. Si el City funciona a medias, el noruego convierte ocasiones medias en goles seguros. Muy pocas defensas de la Premier pueden soportar 90 minutos con él al máximo nivel.
Pero ya se ha visto que construir una candidatura al título casi exclusivamente sobre un solo goleador puede resultar frágil. El propio City lo vivió el curso pasado: cuando el flujo de juego hacia Haaland se cortó, el equipo se quedó sin demasiados planes alternativos.
Omar Marmoush aporta trabajo, movilidad y profundidad, pero está varios escalones por debajo del noruego. No es una segunda estrella, sino un complemento. Maresca debe conseguir que el ataque del City sea menos previsible, con más focos de peligro, más llegadas desde segunda línea y más participación de los extremos y mediapuntas.
Si el plan ofensivo vuelve a reducirse a “encontrar a Haaland”, el margen de error será mínimo.
¿Pesará el desgaste del Mundial en un vestuario ya agitado?
El calendario tampoco ayuda. El City llevó a buena parte de su plantilla hasta las últimas rondas del Mundial, con figuras como Haaland y Doku entre los más exigidos y seis titulares llegando hasta la última semana del torneo. Eso deja a Maresca con un grupo reducido para el arranque de la pretemporada y menos tiempo para inculcar ideas nuevas.
El impacto ya se ha visto. Frente al Arsenal en la Community Shield, el equipo pareció pesado, sin chispa, muy lejos del ritmo de un rival más fresco.
“No sé si fue cuestión de condición física, tuvimos muchos jugadores en el Mundial”, admitió Maresca después. “Tras el primer gol, la reacción fue muy buena, pero después del segundo todo se complicó”.
Entre la resaca física del torneo, un mercado de fichajes movido y el cambio más grande que ha vivido el club en diez años, el Manchester City entra en una temporada cargada de interrogantes. La cuestión ya no es si puede seguir ganando, sino si sabrá reinventarse a la altura de la era que acaba de perder.





