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Marruecos avanza a cuartos de final con autoridad

HOUSTON — Marruecos ya no toca la puerta de la élite. La ha tirado abajo.

El equipo de Mohamed Ouahbi volvió a meterse en los cuartos de final del Mundial con una autoridad que ya no admite etiquetas de “sorpresa”. Ganó 3-0 a Canadá en octavos, se convirtió en el primer país africano en alcanzar esta ronda más de una vez y confirmó que lo de 2022 no fue un accidente, sino el inicio de una era.

“Ya no somos una sorpresa. Cuando se habla de Marruecos, somos un candidato serio”, lanzó Ouahbi, orgulloso, a través de traductor. No sonó a consigna vacía. Sonó a constatación.

Ounahi rompe el partido

Durante 45 minutos largos, el duelo fue un pulso cerrado, intenso, físico. Canadá, empujado por la inercia de un Mundial histórico, discutió cada balón, trató de imponer ritmo y se plantó sin complejos ante la sexta selección del ranking FIFA.

Pero el marcador no se movía. Hasta que apareció Azzedine Ounahi.

Minuto 50. Falta lejana, perfil derecho. Achraf Hakimi se planta sobre el balón, amaga el disparo directo y, en cambio, filtra un pase inteligente. Ounahi llega desde atrás, arma la pierna derecha y, entre un bosque de piernas, coloca el remate raso en la base del palo. Un disparo seco, quirúrgico. 1-0. El muro canadiense, por fin, se resquebrajaba.

El gol cambió el tono del partido. Marruecos se sintió cómodo defendiendo y esperando su momento. Canadá, obligada a remar contracorriente, abrió líneas y dejó espacios. La selección norteamericana siguió compitiendo, pero el duelo ya tenía dueño emocional.

El reloj avanzaba y el marcador seguía corto. Hasta que Ounahi volvió a aparecer.

Minuto 82. Brahim Díaz recibe, gira y encuentra el hueco. Filtra un pase al corazón del área. Ounahi, otra vez, llega al espacio justo, controla y define con la derecha desde el centro del área. 2-0. Esta vez, la sensación fue de sentencia.

Soufiane Rahimi, ya en el último suspiro del añadido, cerró la noche con el 3-0, rematando una actuación que sonó a aviso para cualquiera que se cruce con este equipo.

Bounou, el canadiense que apagó el sueño canadiense

La historia tenía un guiño cruel para Canadá. Yassine Bounou, nacido en territorio canadiense de padres marroquíes, fue uno de los grandes responsables de que el sueño local se apagara en Houston.

Firmó tres paradas clave, incluida una estirada espectacular a disparo lejano de Tajon Buchanan alrededor del minuto 79, cuando Canadá aún se aferraba a la esperanza. Poco antes, Jonathan David había tenido una falta peligrosa desde la frontal, pero su disparo se marchó por encima del larguero.

Canadá no dejó de intentarlo. Empujó, corrió, chocó. Pero siempre se encontró con un bloque marroquí sólido y con un guardameta que eligió el bando de sus raíces.

“Estamos muy orgullosos de representar a África, porque es un continente con mucho talento y que merece estar en el máximo nivel del fútbol”, subrayó Bounou. No fue una frase cualquiera: Marruecos encadena su segundo Mundial alcanzando, como mínimo, los cuartos, tras el histórico cuarto puesto de 2022 y aquella primera semifinal para un equipo africano.

Canadá se despide, pero deja huella

Para Canadá, el 3-0 duele, pero no borra lo logrado. Coanfitrión del torneo, el equipo de Jesse Marsch se metió por primera vez en su historia en una fase de eliminación directa y, además, ganó su primer partido de rondas finales con el 1-0 ante Sudáfrica.

Todo esto, con la figura de Alphonso Davies prácticamente ausente por una lesión de isquiotibiales. El jugador del Bayern München apenas pudo disputar 15 minutos como suplente frente a Sudáfrica y ni siquiera estuvo disponible para estos octavos. “Su isquiotibial no se sentía bien. Esperábamos que al despertarse se encontrara mejor, pero no fue así”, explicó Marsch.

Sin su estrella, Canadá se sostuvo en la intensidad, en el colectivo y en una propuesta valiente. Y su técnico, pese al golpe, quiso remarcarlo en el vestuario.

“Les dije que estaba orgulloso de ellos y los desafié a entender que podemos jugar así siempre contra los mejores equipos del mundo. Podemos estar mejor en el día. Y el reto es: ¿podemos sostener ese estándar durante 90 minutos?”, relató.

Marsch fue más allá al valorar el partido: aseguró que, por tramos, su equipo había sido superior. “La forma en que presionamos, en que estuvimos en el partido, la calidad que mostramos, el impacto general… fuimos mejores. Fuimos mejores que el equipo número 7 del mundo hoy”, dijo, equivocando por un puesto el ranking real de Marruecos.

Ouahbi no dejó pasar el comentario. “En términos de intensidad, estuvieron bien. Estuvieron bien durante 98 minutos. ¿Fueron mejores? Es difícil decirlo. Hay que tener valor para decir eso cuando pierdes 3-0”, respondió, seco, dejando claro quién se llevaba la última palabra.

Un duelo áspero, con cuentas pendientes

El choque tuvo cicatrices. Ocho tarjetas amarillas, cuatro por lado, dibujan el tono de un partido duro, con duelos al límite y viejas cuentas desde el último Mundial, cuando Marruecos también venció a Canadá por 2-1 en fase de grupos.

En el minuto 40, Hakimi y Richie Laryea se enzarzaron tras una acción en banda: empujones, caída al suelo y una pequeña tangana que encendió a ambos banquillos. El árbitro saldó la escena con amarilla para los dos.

La mala noticia para Marruecos llegó pronto. Ismael Saibari tuvo que abandonar el campo lesionado en el minuto 22, una preocupación de cara a lo que viene, en un equipo que vive mucho de sus automatismos en la medular.

Marruecos mira hacia Boston con ambición

Clasificada ya entre las ocho mejores, Marruecos espera ahora al ganador del Paraguay–Francia, al que se enfrentará el jueves en el Boston Stadium. No es un techo. Es un nuevo peldaño.

“Queremos seguir. No queremos parar”, advirtió Ouahbi. No son palabras al aire. Este grupo ya sabe lo que es caminar hasta semifinales, ya sabe lo que es cargar con el peso de un continente entero y responder.

África vuelve a tener a su estandarte en cuartos. Y Marruecos, que hace tiempo dejó de ser cuento de hadas, empieza a parecerse mucho a una realidad incómoda para cualquiera que sueñe con levantar la Copa.