Mauricio Pochettino y el futuro de la USMNT: Sullivan y Gozo al frente
Mauricio Pochettino mira al futuro de la USMNT con lupa. Y, en el centro del encuadre, aparece un chico de 16 años que ya se ha cansado de pedir permiso.
Sullivan, el adolescente que golpea la puerta
Sullivan se ha convertido en el estandarte de la nueva camada. Tres goles en sus últimos tres partidos, con apenas 16 años, enfrentándose a profesionales hechos y derechos. No es un experimento: es producción real contra “hombres”, como remarcan dentro del entorno de la selección.
Tim Howard ya se ha subido al tren.
«En los próximos cuatro años, va a haber 115 jugadores que jueguen para la selección», dijo en el podcast Unfiltered. «¿Quién es mejor que este chico? ¿Quién es mejor que este chico que no merece una oportunidad? No digo que juegue todos los partidos, pero debería estar en la conversación para jugar todos los partidos».
Howard lanzó el mensaje, pero también el matiz: no se trata de regalar nada.
«Para todos los que critican, no digo que se le dé algo en bandeja de plata que no se haya ganado. Digo que no somos Brasil, Argentina, Holland, Spain, England, Germany. No producimos estos jugadores».
Sullivan, por su parte, no se esconde. Siente que está listo. Sabe que el camino no será perfecto, pero cree que puede jugar… y aportar.
«Pensando en ese partido contra Belgium, creo que podría entrar en ese partido por derecha y marcar la diferencia», contó en el podcast State of the Union de Alexi Lalas. «Tienes que creer en ti mismo. Tienes que pensar que puedes ayudar a tu equipo a ganar. Obviamente aún no es mi equipo, pero siempre estoy soñando y esperando convocatorias».
Gozo, el fuego que dejó el Mundial
Zavier Gozo comparte discurso, aunque su historia es distinta. El entonces extremo de Real Salt Lake rozó el último Mundial: entró en la lista preliminar de la USMNT, pero Pochettino decidió que era demasiado pronto para llevar a un debutante a una Copa del Mundo.
Hoy, ya en Crystal Palace, sigue masticando aquella decisión… y utilizándola como combustible.
«Sí creo que merecía estar ahí. Voy a ser honesto», dijo en The Late Run. «Pero obviamente es elección del entrenador. Quizá pensó que no estaba listo, o lo que sea, pero eso encendió un fuego en mí para llegar al próximo Mundial y mostrar por qué debo estar ahí».
Ahí aparece la gran pregunta: ¿cómo sabe Pochettino que un jugador está realmente preparado?
No hay fórmula mágica. No hay plantilla que se copie y pegue. Es caso por caso.
Pochettino y la línea roja: el talento no basta
El debate con los jóvenes suele arrancar por el mismo lado: la carga de minutos. Pochettino, en ese punto, rompe el guion habitual. No le preocupa tanto el físico.
«Conozco la mentalidad de los entrenadores», explicó. «A veces dicen: “Tengo un chico de 17 años que juega en la MLS, pero cuando la selección llama, decimos que no porque necesita descansar”. Si tienes 17 años y necesitas descansar… sí, tenemos un gran problema».
El foco, para él, está en la cabeza. En la madurez. Y no solo en lo que pasa dentro del campo.
Quiere saber cómo entrenan. Cómo trabajan cuando las cámaras se apagan. Cómo tratan a quienes les rodean.
«Creo que el respeto es lo más importante, y necesitan ser respetuosos», subrayó. «Y por supuesto queremos jugadores con talento. Queremos jugadores que se sientan valientes, confiados, pero no que sientan cosas que no muestran. Creo que solo tienes derecho a hablar un poco fuera de lugar si eres Messi.
»Si ganas ocho Ballon d'Ors, ok, puedes hablar con cierta arrogancia, pero incluso entonces… si eres joven y empiezas a decir que puedes jugar aquí, que puedes jugar allá, o que puedes jugar… digo que no creo que sea la mejor manera de construir tu carrera. Y por eso tenemos que tener cuidado».
Pochettino mira cada detalle. Desde la forma en que un chico responde en una entrevista hasta cómo se dirige a un rival o a un compañero. Todo suma. Todo puede restar.
Posiciones cerradas, ventanas entreabiertas
No todas las puertas se abren igual. Hay posiciones con huecos evidentes para sangre nueva y otras en las que el margen es mínimo. El arco, por ejemplo, es un embudo: muchas opciones, un solo puesto.
«Creo que vamos a dar algunas oportunidades a nuevos jugadores, no solo en esa posición, sino en diferentes posiciones», explicó. «Tendremos la posibilidad de añadir un nuevo jugador y darle la oportunidad. Para nosotros ahora se trata no solo de pensar en hoy, sino también en el futuro y en 2030».
El horizonte no es solo el Mundial de 2030. Antes llegan los Juegos Olímpicos, una nueva Gold Cup y, quizá, una Copa America. Todo exige coordinación fina con Steve Cherundolo, encargado de la U-23.
La idea: dar a algunos jóvenes minutos con la absoluta para que aterricen mejor en una aventura olímpica. Pero que nadie espere una selección sub-23 disfrazada de mayor durante meses. Pochettino quiere apoyarse, todavía, en sus veteranos clave.
Los chicos van a entrar. Pero no a empujones.
Las lecciones del pasado: de 2018 a la Gold Cup 2025
La USMNT ya vivió una ruptura generacional brusca. Tras el fracaso del 2018, la federación prácticamente desmontó el grupo anterior y se volcó con una camada joven que terminó convirtiéndose en la columna vertebral del equipo.
Funcionó. Pero dejó una duda flotando: ¿qué se perdió sin esos veteranos en el vestuario?
El debate resurgió antes y durante la Gold Cup 2025, cuando Christian Pulisic y Yunus Musah renunciaron para descansar. Exjugadores cuestionaron, con razón o sin ella, su compromiso. Detrás de esas críticas latía otra inquietud: ¿se había cortado demasiado rápido el cordón con la vieja guardia?
Esta vez, el plan será distinto. Habrá salidas, sí, pero no una purga masiva. Un proceso más metódico, que proteja a los jóvenes… y también a los veteranos que aún tienen algo que dar.
«Diría que es una continuación de los últimos dos ciclos en los que he estado, porque sé que así funciona», explicó Chris Richards a GOAL. «No es que simplemente te deshagas del equipo que estuvo en el Mundial y sigas desde ahí».
Richards, Gozo y la nueva mirada desde dentro
Richards vive este cambio desde un ángulo privilegiado. Comparte vestuario en Crystal Palace con Gozo, un chico que todavía persigue su primera convocatoria con la USMNT. Ver de cerca ese hambre le ha dado aire fresco al proceso.
Pochettino también lo ve así. Para él, jugadores como Richards son clave: puentes entre generaciones, guías para los que llegan.
«No podemos traer una plantilla entera de jugadores jóvenes, no, porque necesitan tener algunos con experiencia ya compitiendo», remarcó. «Sí, vamos a hacer una mezcla. Nuestra idea es mezclar jugadores experimentados… Creo que jugadores experimentados y jóvenes pueden encajar juntos y empezar a trabajar, y ver cómo los chicos empiezan a manejar la presión de jugar en el primer equipo en partidos realmente bonitos».
La palabra “presión” aparece una y otra vez. No como amenaza, sino como filtro.
El examen invisible: hábitos, gestos y silencios
Pochettino insistió durante toda su comparecencia: lo está viendo todo. Sobre todo, lo pequeño. Esas cosas que casi nunca salen en los resúmenes.
«Es importante no solo verlos o ver los partidos, el rendimiento, sino también qué dicen en los medios, cómo se comportan con el rival, cómo se comportan con sus compañeros», explicó. «Creo que es muy importante. Queremos ser un muy buen equipo. Queremos construir algo diferente y ser competitivos».
Su lista mental incluye de todo: cómo saludan a un entrenador, a qué hora llegan al entrenamiento, cuánto se quedan después. Para él, esos hábitos diarios revelan si un jugador está realmente a la altura del estándar que exige.
El mensaje para los que sueñan con la llamada es claro: cada detalle cuenta. Y él está tomando nota.
El desafío de decidir a distancia
En un club, Pochettino podía cocinar estas decisiones a fuego lento. Veía a los jugadores todos los días. Percibía cuándo alguien estaba listo para saltar. Podía equivocarse menos porque convivía con ellos.
Con una selección, el margen es otro. Las concentraciones son cortas, los entrenamientos escasos, los parones internacionales espaciados. El jugador que ve en septiembre puede ser muy distinto en marzo.
Pochettino lo sabe. Y lo asume como parte del juego. Un chico puede no estar preparado para la próxima ventana… y convertirse en pieza clave del ciclo solo unos meses después.
Las próximas convocatorias llegarán en cuestión de semanas. No serán una lista más. Van a empezar a dibujar el esqueleto del proyecto que mira a 2030. Los jóvenes empujan. Los veteranos todavía resisten. El equilibrio está en manos del técnico argentino.
«Necesitamos crear un grupo de jugadores que sean realmente profesionales y compitan de la manera que esperamos», sentenció. «Todos necesitan competir con los jugadores talentosos y jóvenes que tenemos por delante».
La puerta está entreabierta. Sullivan, Gozo y compañía ya golpean. La cuestión es simple y brutal: ¿quién estará listo cuando Pochettino, por fin, descuelgue el teléfono?






