Maxence Lacroix se une a Chelsea: nuevo pilar de Xabi Alonso
Maxence Lacroix ya es jugador de Chelsea. El central francés, procedente de Crystal Palace, ha firmado un contrato de seis años tras un acuerdo entre clubes cifrado en torno a 52 millones de libras, una apuesta contundente para el corazón de la defensa en plena reconstrucción del proyecto de Xabi Alonso.
No llega como complemento. Llega como piedra angular.
“El mejor club del mundo”
Lacroix no tardó en desatar titulares con su primera frase como jugador blue. Si Morgan Rogers había definido recientemente a Chelsea como “el club más grande de Londres”, el ex de Wolfsburg fue un paso más allá ante los medios del club.
“Creo que es el mejor movimiento para mí porque es el mejor club del mundo”, afirmó, sin rodeos.
El francés se apoyó en una red de confianza ya instalada en el vestuario. Habló con Malo Gusto, con Trevoh Chalobah, con Benoît Badiashile. Las referencias fueron unánimes.
“Es fácil que la gente hable bien de este club porque tiene mucha historia y estoy muy orgulloso de formar parte de ella ahora”, explicó. También desveló una conversación clave: la primera llamada con Xabi Alonso. Táctica, ideas, forma de ver el juego. Futbolistas hablando de fútbol.
“Estaba feliz solo por hablar de fútbol con él, y vi que tenemos la misma dirección y el mismo deseo para este club”, contó Lacroix. La decisión, a partir de ahí, fue casi automática. “Cuando hablé con el míster y con la gente que conozco de la selección que juega aquí, como Malo, me dijeron que era el mejor club al que podía venir. Ya estaba pensando: ‘No necesito pensarlo demasiado’. Después de hablar con la gente me dije: ‘Este es el mejor paso adelante para mí’”.
La convicción del jugador encaja con la del club. Chelsea no lo ficha para rellenar la plantilla. Lo ficha para liderar una línea que la temporada pasada fue una herida abierta.
Una posición que quemaba
El puesto de central se convirtió en un problema sensible en Stamford Bridge el curso pasado. La grave lesión de ligamento cruzado de Levi Colwill en verano alteró todos los planes y empujó al entonces técnico Enzo Maresca a pedir públicamente un sustituto. Esa petición, nunca atendida, fue una de las chispas que alimentó la tensión interna y terminó con la salida del entrenador en enero.
Con Colwill de vuelta, la dirección deportiva no quiso repetir errores. La prioridad era clara: reforzar la defensa con un perfil hecho a la medida de la Premier League. El nombre elegido fue Lacroix.
A sus 26 años, el francés llega con cuatro temporadas sólidas en la Bundesliga con Wolfsburg y dos años en Crystal Palace en los que no solo se asentó rápido, sino que se convirtió en referencia de la zaga. Liderazgo, físico, lectura de juego. Un central que ya conoce el ritmo, la dureza y las exigencias del fútbol inglés.
Eso, hoy, es oro para Chelsea.
Giro de timón en el mercado
El fichaje de Lacroix encaja en un cambio de rumbo evidente. El club no solo busca proyección, también experiencia inmediata. En esa misma línea se enmarcan las negociaciones avanzadas por el delantero de 35 años Danny Welbeck y el centrocampista de 36 años Jordan Henderson, un viraje notable respecto a la política de fichajes que había generado tanta división en los últimos mercados.
Con Marco Palestra y Morgan Rogers ya incorporados, y con Emmanuel Emegha, Geovany Quenda y Dastan Satpayev llegando tras acuerdos preexistentes, Lacroix se convierte en el tercer fichaje oficial de la era Xabi Alonso. Pero su rol se antoja distinto: su presencia condiciona directamente la foto de la defensa para la próxima temporada.
No es un fichaje puente. Es un punto de inflexión.
Un efecto dominó en la defensa
La llegada del francés abre la puerta a un verano agitado en la zona central. Chelsea está dispuesto a escuchar ofertas por Trevoh Chalobah, que la pasada campaña fue el central con más minutos del equipo en la Premier League. También se considera transferibles a Badiashile y Axel Disasi.
Mamadou Sarr y Aarón Anselmino apuntan a salidas en forma de cesión, mientras que incluso las situaciones de Wesley Fofana y Josh Acheampong han sido objeto de debate interno. La competencia será feroz y el margen de error, mínimo.
En ese contexto, Lacroix aterriza con un papel claro: ser uno de los pilares del nuevo Chelsea de Xabi Alonso. Un defensa en plenitud, acostumbrado a mandar atrás y con la confianza total de un entrenador que ve en él una pieza central para su idea de juego.
Stamford Bridge quería certezas en la zaga. Ahora las tiene. Falta por ver si este “mejor paso adelante” de Lacroix termina acercando también al “mejor club del mundo” a los títulos que tanto se le exigen.






