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Messi y la remontada épica de Argentina en la Final del Mundial 2026

Lionel Messi terminó el partido con los ojos vidriosos, abrazado a uno de los hombres que mejor lo entiende dentro de la selección. Argentina acababa de firmar una remontada épica ante Inglaterra para meterse en la Final del Mundial 2026, y el capitán, a sus 39 años, volvió a ser el eje emocional y futbolístico de un equipo que se niega a soltar la historia.

Durante la última media hora, con Argentina 0-1 abajo, Messi encendió el partido. Cada vez que tocó la pelota, el estadio contuvo la respiración. De sus pies salieron las jugadas que cambiarían el destino del encuentro. La presión inglesa se resquebrajó justo cuando el 10 decidió que no era la noche para despedirse.

En los últimos diez minutos, el talento encontró socios a la altura. Primero Enzo Fernández, que cazó una de esas acciones “mágicas” del capitán y la transformó en el 1-1 que sostuvo la campaña argentina al borde del abismo. Después Lautaro Martínez, letal en el momento más cruel para Inglaterra, culminó otra genialidad gestada por Messi para sellar el 2-1 y el pase a la Final.

El pitazo final desató el caos celeste y blanco. En medio del festejo, una imagen sobresalió entre todas: Messi abrazado a Rodrigo De Paul, casi aferrado a él, como si en ese gesto descargara veinte años de presiones, críticas y gloria. Allí, rodeado de gritos y lágrimas, dejó una frase que retrata su vínculo con este grupo.

“Los quiero, no nos íbamos a ir, boludo… Lo íbamos a hacer”.

No fue un discurso preparado. Fue la confesión cruda de un capitán que se sabe querido y que, a la vez, se niega a dejar caer a los suyos. La escena terminó con De Paul también quebrado, visiblemente emocionado, después de haber entrado al campo en el minuto 72 para empujar desde el mediocampo una reacción que parecía no llegar.

La historia de esta selección con Messi al frente está atravesada por heridas y redenciones. Muchos de los que hoy lo rodean crecieron viéndolo sufrir: las frustraciones de 2006 y 2010, la final perdida en 2014, los golpes que casi lo empujan a renunciar definitivamente al equipo nacional. Entre ellos, Enzo Fernández.

En 2018, tras la eliminación en octavos, Enzo le escribió una carta pública suplicándole que no se retirara de la selección. Años después, en 2026, es él quien marca el gol que evita el derrumbe y mantiene vivo el sueño de otro título mundial con Messi como faro. El fútbol, otra vez, cerrando círculos.

La autoridad de Messi en este vestuario no se sostiene solo en los goles ni en los pases imposibles. Nace de un amor mutuo, de una admiración que va en los dos sentidos. Él, que fue ídolo distante para una generación entera, hoy es compañero, líder y confidente de jugadores que crecieron con su póster en la pared y sus derrotas clavadas en la memoria.

Tras la consagración en 2022, esta Argentina se plantó en 2026 con una misión: demostrar que aquello no fue un pico aislado, sino el inicio de una era. Ahora está a un solo partido de entrar en un territorio reservado para muy pocos. Si vence a España en la Final, se convertirá en la primera selección en 64 años en defender con éxito la corona mundial.

No hay promesas. Hay un vestuario que se mira a los ojos, un capitán que les recuerda cuánto los quiere y un grupo que ha decidido no bajarse del sueño. El resto se definirá en 90 minutos que pueden consagrarlos como una de las mayores selecciones de todos los tiempos.