Mohamed Salah se despide de Liverpool en medio de dudas
Mohamed Salah se marchará de Liverpool el domingo. Eso ya está escrito. Lo que nadie sabe es cómo será su último acto en Anfield… ni siquiera si pisará el césped ante Brentford.
Arne Slot, que vive sus primeras semanas al mando de un vestuario gigantesco y delicado, se negó a garantizar minutos para la gran estrella egipcia en el cierre de la Premier League. Preguntado directamente por la presencia de Salah, el técnico fue tajante en su evasiva: no habla de alineaciones. Punto. Nada de concesiones sentimentales en público.
La duda no nace solo del contexto deportivo. La encendió el propio Salah con un mensaje que retumbó en el club. Tras la derrota por 4-2 frente a Aston Villa el pasado viernes, el delantero criticó abiertamente el estilo actual del equipo y reclamó volver al “heavy metal attacking” que convirtió a Liverpool en una máquina temible. Un dardo directo al libreto de Slot y a la evolución reciente del conjunto.
No es un episodio aislado. Es el segundo choque público entre ambos esta temporada, y llega justo cuando el club pelea por asegurar su presencia en la próxima Liga de Campeones. El ruido alrededor de Salah ya no es solo nostalgia por su adiós, sino una auténtica grieta en pleno tramo decisivo.
El egipcio, uno de los máximos goleadores de la historia de Liverpool y símbolo de la era dorada reciente, ya había marcado el camino de salida en marzo. Entonces anunció que dejaría el club al final del curso, tras alcanzar un acuerdo para rescindir su contrato un año antes de lo previsto. Una decisión que sorprendió, pero que ahora, a la luz de los acontecimientos, parece el desenlace de una relación cada vez más desgastada.
Su rendimiento también ha alimentado el debate. En su novena temporada en Anfield, la producción goleadora de Salah ha caído hasta el punto de perder la titularidad durante un tramo de finales del año pasado. Aquel castigo deportivo dejó cicatriz: el propio jugador acusó al club de haberlo “lanzado debajo del autobús” ante los medios. Una frase dura, impropia de un adiós plácido.
Ahora todo converge en una última tarde en Anfield cargada de incógnitas. La grada quiere despedir a uno de sus héroes recientes; el entrenador protege su autoridad y su idea de juego; el equipo necesita resultados para no fallar en el objetivo de la Champions.
Queda una sola pregunta por responder: ¿verá Anfield a Salah por última vez sobre el césped o su adiós a Liverpool se consumará desde el banquillo, como un epílogo tan frío como inesperado?






