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Neymar dice adiós a Brasil tras su último partido en el MetLife

La historia de Neymar con la selección de Brasil terminó donde empezó. En el MetLife Stadium de New Jersey, el mismo escenario en el que debutó con la Canarinha en 2010, el 10 firmó su último acto con la camiseta amarilla tras la eliminación en octavos de final del Mundial ante Noruega.

Esta vez no hubo samba, ni remontada, ni épica. Hubo derrota. 2-1, con dos goles de Erling Haaland que enviaron a casa a Brasil en su salida más temprana de una Copa del Mundo desde 1990. El tanto de Neymar, de penalti en el tramo final, solo maquilló el marcador. No el golpe.

Cuando sonó el pitido final, el capitán se desplomó sobre el césped. Lloró, inmóvil, hasta que sus compañeros se acercaron para levantarlo. Sabía lo que venía después. “Lo intenté, lo intenté. Ahora se acabó”, dijo a Globo, con la voz rota. “Empecé aquí, terminé aquí”.

Un círculo perfecto. Y doloroso.

El adiós del máximo goleador de Brasil

Neymar se marcha de la selección a los 34 años, castigado por las lesiones en las últimas temporadas, pero con números que lo colocan en la cima de la historia brasileña. Cierra su etapa como máximo goleador de la Canarinha con 80 tantos, tres más que Pelé. Nadie ha marcado más con Brasil.

Su penalti en el tiempo añadido ante Noruega lo convirtió, además, en el segundo brasileño que ve puerta en cuatro Mundiales, un club reservado hasta ahora a Pelé. Otra marca, otro registro histórico en una noche que, sin embargo, quedará asociada a la frustración.

En total, 130 partidos con la selección absoluta, solo por detrás de Cafu (142). Más de una década como rostro del proyecto, desde aquel amistoso ante Estados Unidos en agosto de 2010, también en el MetLife, donde marcó su primer gol con Brasil. Entonces era la promesa que abría una era. Hoy es la leyenda que la cierra.

Brasil cae, Ancelotti mira al futuro

El golpe deportivo es enorme. Brasil, cinco veces campeona del mundo, se despide en octavos ante una Noruega liderada por Haaland, que firmó un doblete y dejó helado al gigante sudamericano. El plan de Carlo Ancelotti se quedó corto en la cita decisiva.

El técnico italiano no escondió la decepción. Habló de “resultado muy decepcionante”, de un vestuario “profundamente triste”, de un grupo que “trabajó muy duro” y que, a su juicio, no mereció perder. Pero aceptó la realidad sin excusas: “Eso es el fútbol, eso es el deporte. A veces hay que gestionar la tristeza y el sabor amargo de una derrota”.

Ancelotti, acostumbrado a noches grandes y golpes duros, ya piensa en lo que viene. “Vamos a tomar esta derrota y usarla como combustible para el nuevo ciclo”, aseguró. No hay consuelo inmediato, pero sí una dirección: reconstruir.

El mensaje es claro. Se acaba la era de Neymar, empieza otra Brasil. Con un seleccionador que pide “nuevas ideas” y una generación obligada a asumir el vacío que deja su máximo goleador histórico.

Un final que pesa como un título perdido

La imagen de Neymar arrodillado, llorando sobre el césped del MetLife, quedará como una de las postales de este Mundial. No fue una despedida planificada, ni un homenaje con ovación de pie. Fue un adiós a quemarropa, entre la incredulidad por la eliminación y el peso de los años.

No hubo vuelta atrás en sus palabras. “Ahora se acabó”. Sin matices, sin puertas entreabiertas. El 10 que durante años cargó con la esperanza de devolver a Brasil a la cima del mundo se marcha sin levantar la Copa del Mundo, pero dejando una huella imposible de borrar en los números y en la memoria.

Brasil, herida y sin su gran referente, deberá decidir ahora qué tipo de selección quiere ser en este “nuevo ciclo” del que habla Ancelotti. La pregunta ya no es solo quién sustituirá a Neymar en el campo.

La verdadera cuestión es quién se atreverá a cargar con el peso de su sombra.