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Neymar llora en el MetLife: despedida amarga del Mundial

Neymar se desplomó en el césped del MetLife Stadium con el pitido final. No por un golpe. Por la certeza que se le clavaba más hondo que cualquier entrada: probablemente acababa de jugar su último partido en un Mundial.

Brasil cayó 2-1 ante Noruega en los octavos de final y se despidió del torneo mucho antes de lo que dicta su historia. Él, a sus 34 años, entró desde el banquillo, marcó de penalti en el descuento y, aun así, se marchó entre lágrimas. Un gol que supo más a epílogo que a remontada.

Un regreso entre algodones

Su presencia en la lista de Carlo Ancelotti ya había sido un pequeño triunfo. Una lesión en el gemelo sufrida en mayo con Santos FC puso en duda hasta el último momento que pudiera viajar. Al final entró en la convocatoria, para alivio de una afición que sigue viéndolo como bandera, pero no fue titular en ninguno de los partidos de Brasil en el torneo.

En el MetLife, Neymar esperó su momento en el banquillo. Saltó al campo en el minuto 67, con el marcador todavía 0-0 y el partido en un punto de máxima tensión. Brasil buscaba aire. Buscaba a alguien que encendiera una chispa.

Noruega golpea primero… y segundo

La chispa, sin embargo, la encontró antes Noruega. Doce minutos después de la entrada de Neymar, su delantero estrella abrió el marcador y silenció a la grada brasileña. Golpe duro. El reloj corría, el partido se deshilachaba y Brasil empezaba a jugar contra la ansiedad.

Cuando el equipo de Ancelotti se volcó desesperadamente, llegó el segundo mazazo. En el minuto 90, el mismo atacante noruego firmó el 2-0 con un disparo soberbio desde fuera del área, ajustado al segundo palo. Una obra de arte para unos, un puñal para otros.

Parecía la sentencia.

El último penalti

Pero el fútbol siempre guarda un giro más. Minutos después del 2-0, Leo Østigard cometió penalti al golpear con el codo en la cabeza a Casemiro en un duelo aéreo dentro del área. El árbitro señaló el punto fatídico. El balón, inevitablemente, fue para Neymar.

Tomó aire. Miró al portero Ørjan Nyland. Corrió. Gol. Su disparo se convirtió en su tanto número 80 con la camiseta de Brasil, tres más que Pelé en la tabla de máximos goleadores de la selección masculina.

No hubo celebración desatada. Hubo rabia. Hubo palabras cruzadas con Nyland tras el lanzamiento. Y hubo, sobre todo, la sensación de que llegaba demasiado tarde. El 2-1 maquillaba el marcador, no la eliminación.

La sombra de Pelé y el peso de la historia

Las cifras sitúan a Neymar por encima de Pelé en goles con la selección. La historia, no. Pelé levantó tres Copas del Mundo. Neymar, ninguna. Desde el último título en 2002, Brasil no ha vuelto a tocar el cielo. Con Neymar en la plantilla mundialista, la selección nunca ha pasado de cuartos de final. Esta vez, ni siquiera llegó tan lejos.

La derrota ante Noruega supone la primera eliminación de Brasil en octavos desde 1990. Un golpe estructural para un país que mide su fútbol en estrellas sobre el escudo, no en rondas intermedias.

En medio de ese contexto, la imagen que quedará del MetLife Stadium es la de Neymar arrodillado, roto, con el rostro cubierto por las manos. Un goleador histórico atrapado en la paradoja: más tantos que Pelé, menos gloria que la que el propio Neymar soñó desde niño.

Si este fue realmente su último Mundial, no se marchó con una vuelta olímpica. Se fue con un penalti que no alcanzó para salvar a Brasil y con una pregunta que ya recorre el país: quién tomará ahora el relevo en la eterna búsqueda de la próxima gran estrella que devuelva la Copa del Mundo a casa.