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Oisín Mullin y la llamada de Mayo que no se concretó

Oisín Mullin confirmó lo que ya se intuía a la distancia: sí hubo una conversación con el seleccionador de Mayo, Andy Moran, sobre un posible regreso relámpago al condado para disputar la final del All-Ireland. Hubo llamada, hubo tentación, hubo ilusión. Lo que no hubo fue viaje.

El defensa, antiguo Young Footballer of the Year y figura clave en las finales de 2020 y 2021 con Mayo, habló desde el otro lado del mundo, donde su vida deportiva transcurre ahora con Geelong en la AFL, adonde llegó a finales de 2022.

La historia salió a la luz cuando el técnico de Geelong, Chris Scott, reveló en Fox Sports que Moran había telefoneado a Mullin la semana pasada para tantear una posibilidad tan romántica como complicada: que el irlandés cruzara medio planeta en plena fase decisiva de la temporada australiana para vestirse de verde y rojo una vez más.

Antes del duelo de Geelong ante Collingwood, Mullin tomó la palabra en Channel 7 y puso orden en el relato. Sí, hubo charla. Y no, no era un simple rumor.

“Tuve una charla con el entrenador de casa y, obviamente, con Chris aquí”, explicó. Esa frase, sencilla, confirmó lo que en Mayo ya se comentaba en voz baja.

Un puente tendido entre dos mundos

El contacto no surgió de la nada. Geelong ya había abierto la puerta a ese vínculo emocional meses atrás. Durante la pretemporada, el club australiano le concedió a Mullin un periodo prolongado en casa, y Mayo aprovechó para integrarlo en los entrenamientos. Un gesto que mantuvo vivo el lazo con el condado y alimentó, inevitablemente, la idea de un regreso puntual.

“En la pretemporada, Geelong me dio un periodo extendido en casa y tuve la fortuna de que Mayo me dejara entrenar con ellos también, así que existía esa conexión”, recordó el jugador.

Ese puente entre County Mayo y Geelong se activó de nuevo cuando Moran decidió “tocar base”, como describió el propio Mullin. El seleccionador habló con él y, después, con Scott. El plan, tal y como detalló el técnico de Geelong, era tan simple en el papel como complejo en la práctica: jugar con Geelong ante Melbourne el viernes, volar a Irlanda para disputar la final del All-Ireland y regresar de inmediato a Australia.

Scott lo resumió así en televisión: Oisín Mullin recibió una llamada del entrenador de Mayo, “plantando la semilla” de un posible viaje exprés para disputar la final y regresar luego a la AFL. Una idea de película. Un calendario de pesadilla.

El muro del calendario

Ahí se estrelló el sueño. No por falta de voluntad, sino por la realidad competitiva que marca el deporte profesional.

“El entrenador de casa simplemente se puso en contacto conmigo y habló con Scotty, pero por las circunstancias, por dónde estamos en la tabla aquí y el momento de la temporada, simplemente no funcionó”, admitió Mullin.

La frase lo dice todo. Geelong pelea por objetivos propios, el tramo de la campaña no admite distracciones y el riesgo físico de semejante maratón aérea en pleno sprint competitivo es evidente. El romanticismo del regreso chocó de frente con la lógica del alto rendimiento.

Mullin, 26 años, no es ya solo el joven talento que deslumbró en el camino de Mayo a las finales de 2020 y 2021, cuando se ganó un All-Star y el premio a Young Footballer of the Year. Es también un profesional asentado en su cuarta temporada con Geelong, un jugador que ya sabe lo que es disputar una Grand Final de la AFL, como hizo el año pasado ante unos Brisbane Lions que revalidaron su título.

Un título que sacude 75 años de historia

Si el viaje no se concretó, la conexión emocional sí cruzó océanos. Mullin siguió la final desde Australia, pendiente de cada jugada, de cada punto, de cada golpe de historia.

“Estaba emocionado viendo desde aquí cómo los chicos lograban el resultado y lo sacaban adelante”, confesó.

Lo que vio al otro lado de la pantalla fue algo que generaciones de aficionados de Mayo llevaban esperando toda una vida. “Fue enorme. Hacía 75 años que no lo ganaban. Han jugado tantas finales y no habían conseguido cruzar la línea”, explicó, subrayando el peso histórico del triunfo.

La imagen que dibuja del condado tras el título es la de un lugar desbordado: “Para finalmente conseguirlo, todo el condado se ha encerrado. Las celebraciones están por las nubes, parece increíble”.

No hay exageración en sus palabras. Mayo ha vivido demasiadas noches de casi, demasiadas finales que se escaparon en los detalles. Esta vez, el final fue distinto. Y aunque Mullin no estuvo sobre el césped, su nombre sigue ligado a esa generación que empujó al condado de nuevo a la élite y mantuvo viva la llama hasta que, por fin, se rompió la maldición.

Entre el presente australiano y la sombra de la camiseta verde y roja

El caso Mullin resume mejor que ningún otro la encrucijada de tantos talentos irlandeses que dan el salto a la AFL. El corazón tira hacia casa, hacia Croke Park, hacia el sueño de un All-Ireland. La carrera profesional exige otra cosa: continuidad, compromiso absoluto, respeto a un calendario implacable.

Esta vez ganó Australia. Ganó Geelong. Ganó la realidad. Mayo, sin embargo, también ganó. Y lo hizo con un antiguo héroe siguiendo cada minuto desde el otro lado del mundo, sabiendo que, por muy lejos que esté, su teléfono seguirá sonando cuando en el condado se sueñe con otra final.