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Rayo Vallecano y Girona empatan en un partido decisivo

El Estadio de Vallecas amaneció en modo fiesta europea. Una semana después de sellar el pase a su primera final continental, el Rayo Vallecano salió al césped con el pecho inflado y la mente clara: aprovechar la inercia y empujar a un Girona que llegó a Madrid con la soga del descenso rozándole el cuello.

No tardó en notarse quién mandaba.

Fran Pérez, desatado desde el inicio

Fran Pérez, que no estará en la final de la UEFA Conference League contra Crystal Palace, decidió que su escenario era este. Desde el primer cuarto de hora se adueñó del partido. Pidió el balón, encaró, golpeó. Fue el faro ofensivo del Rayo.

En apenas unos minutos ya había avisado con un disparo cruzado que se marchó por poco. La grada se encendió. El propio Pérez volvió a agitar el duelo con un centro tenso que encontró la cabeza de Sergio Camello. El delantero se elevó bien, conectó el remate… y el balón se fue rozando el palo. Dos llegadas claras, mismo protagonista en la creación, mismo lamento en la definición.

Rayo marcaba el ritmo, pero Girona, tímido hasta entonces, enseñó los dientes en su primera llegada seria. A los 38 minutos, Viktor Tsygankov apareció en la frontal y sacó un disparo seco que obligó a Augusto Batalla a blocar con seguridad. Aviso, y recordatorio: el partido seguía abierto.

Antes del descanso, otra sacudida. Camello cazó un balón dentro del área en el 45’ y soltó un disparo potente que parecía gol. Paulo Gazzaniga, felino, voló y sacó una mano espectacular para mantener el 0-0. La parada tuvo sabor de gol para un Girona que se marchó al vestuario respirando aliviado.

El plan de Míchel: atacar para sobrevivir

Las estadísticas son tozudas: Girona había encajado 14 goles en los primeros 15 minutos de la segunda parte a lo largo de la temporada, el peor registro de la categoría en ese tramo. Con ese lastre, Míchel optó por la huida hacia adelante. Atacar como mejor escudo.

El equipo catalán dio un paso al frente tras el descanso. La intención cambió, pero la puntería no. Tsygankov tuvo una ocasión inmejorable en un balón suelto dentro del área. Tenía tiempo, tenía espacio. Volcó el cuerpo, empalmó… y la pelota se perdió muy por encima de la portería. Una oportunidad que pedía, como mínimo, dirigir el tiro entre palos.

El partido empezó a calentarse cuando el plan de Míchel pareció encontrar premio. En el 56’, Alex Moreno filtró un pase dentro del área y el balón impactó en Pathé Ciss. Guillermo Cuadra Fernández señaló penalti sin dudar. Los jugadores del Girona celebraron, el banquillo se levantó, la salvación parecía encontrar un atajo desde los once metros.

Pero la alegría duró lo que tardó el colegiado en ir al monitor. Tras revisar la acción, rectificó y anuló la pena máxima. De la euforia a la indignación en segundos. Moreno y el resto de visitantes protestaron con rabia contenida; el gesto del árbitro fue definitivo. No había penalti. Y el partido volvía a cero.

Un final desatado en Vallecas

El choque se espesó durante varios minutos. Rayo perdió algo de filo, Girona dejó de llegar con tanta claridad. El reloj corría y el empate empezaba a saber a poco para los locales, que miran de reojo los puestos europeos de LaLiga.

Con 76 minutos disputados, el conjunto de Íñigo Pérez volvió a pisar el acelerador. Florian Lejeune se plantó ante un libre directo y soltó un disparo durísimo al palo del portero. Gazzaniga, muy atento, reaccionó rápido y rechazó el lanzamiento en su poste más cercano. Otra intervención clave del guardameta argentino para sostener a los suyos.

Pero la resistencia no iba a durar eternamente.

En el 86’, el área de Girona se convirtió en un hervidero. Un disparo de un jugador del Rayo se coló entre piernas y rebotes, y ahí apareció Alemao, con un gesto tan rápido como instintivo. Estiró la bota y desvió la trayectoria lo justo para mandar el balón al fondo de la red. Gol de puro olfato. Vallecas estalló. Parecía el tanto que abría la puerta de la UEFA Europa League a los franjirrojos.

Sin embargo, el partido tenía reservado un último giro.

Apenas cuatro minutos después, otro suplente tomó el protagonismo. Tsygankov, siempre involucrado, puso un centro medido desde la banda. En el corazón del área apareció Cristhian Stuani, especialista en estos escenarios. Se elevó, ganó el duelo en el aire y conectó un cabezazo seco, imparable. Empate en el 90’. El banquillo del Girona se desbordó en una celebración liberadora. Ese gol valía mucho más que un simple punto.

Europa en pausa, la permanencia en vilo

El empate dejó sensaciones encontradas. Para el Rayo, la frustración de ver cómo se escapaba una victoria que le habría permitido superar a Real Sociedad en la lucha por la plaza de UEFA Europa League. Aun así, el horizonte continental sigue despejado: si el equipo de Vallecas gana la final de la UEFA Conference League ante Crystal Palace, lo que ocurra en las dos últimas jornadas de liga será casi una anécdota.

Para Girona, el tanto de Stuani puede convertirse en un salvavidas. El conjunto catalán afronta las últimas 180 minutos de LaLiga apenas dos puntos por encima del descenso. Tres temporadas consecutivas en la élite que todavía no están garantizadas. El margen es mínimo, el error, carísimo.

En una noche de héroes silenciosos y decisiones milimétricas, el premio al mejor jugador fue para Unai López, cerebro del Rayo y metrónomo de un equipo que ya piensa en Europa, mientras mira de reojo una tabla en la que otros, como Girona, aún pelean por no caerse al vacío.