Transformación de Tottenham: De la crisis al renacimiento
Hubo un momento la pasada temporada en que Roberto De Zerbi miró a sus jugadores del Tottenham y lanzó una pregunta brutal: “¿Nos hemos muerto?”. No era una metáfora gratuita. El vestuario del Stadium of Light, tras su primer partido al mando —derrota 1-0 ante Sunderland— parecía un tanatorio futbolístico: jugadores tirados boca arriba, algunos llorando, un equipo roto y a siete jornadas de saber si seguiría perteneciendo a la élite.
Cuatro meses después, el escenario es otro planeta.
Del suelo de Sunderland al cielo de Sídney
En el hotel de la gira de pretemporada, a un paseo del Harbour Bridge y de la Opera House, el ambiente es radicalmente distinto. Risas, bromas, cafés preparados por su propio barista en una planta privada. Partidos de tenis de mesa con más competitividad de la que muchos muestran en noviembre. Y, sobre todo, un vestuario al que se han incorporado fichajes por un valor récord de 237 millones de libras y que vuelve a hablar sin complejos de pelear por títulos y regresar a la parte alta de la Premier League.
El club ha puesto la chequera sobre la mesa. El fichaje estrella, Sandro Tonali, lidera una hornada en la que también aparecen Mateus Fernandes, Jan Paul van Hecke, Andrew Robertson y Martin Dubravka, todos ya con minutos en la gira por Australia y Nueva Zelanda. Solo falta por estrenarse Marcos Senesi, finalista del Mundial con Argentina, que tuvo vacaciones extendidas y ya se entrena en Hotspur Way.
De Zerbi no se esconde: “Merezco querer a los mejores jugadores, porque ahora Tottenham merece construir un equipo top”. Lo dice con la naturalidad de quien ha pasado de preparar un plan de emergencia para el descenso a pilotar una reconstrucción ambiciosa.
Porque Tottenham trabajó a dos bandas: un plan de fichajes para la Championship y otro para la permanencia. El italiano asegura que habría seguido al mando en segunda, pero celebra poder ejecutar el Plan A. Ese plan incluye “respetar la voluntad” de pesos pesados como el capitán Cristian Romero o el portero Guglielmo Vicario, que todavía podrían salir.
En abril, recién aterrizado, se dedicó a hablar. Y a escuchar. “Al principio de mi tiempo tuve un millón de reuniones individuales”, bromea. El mensaje era simple y crudo: si no querían seguir, primero debían ayudarle a salvar al club. “Sí, ayúdame a mantenernos, y luego yo te ayudo a irte. Si no me ayudas a mantenernos, te quedas bajo el agua conmigo”.
Un club desmontado y vuelto a montar
El cambio en el último año ha sido profundo y no solo en el césped. El enfado de la afición, comprensible tras una temporada turbulenta, ha coincidido con una remodelación de los despachos. Vinai Venkatesham ha llegado como nuevo director ejecutivo para liderar la entidad en nombre de la Lewis Family Trust. A su lado, Johan Lange se mantiene como director técnico, el único superviviente de la etapa anterior.
La estructura se completa con Rafi Moersen, director de operaciones de fútbol, y Dan Lewindon, nuevo director de rendimiento, ambos procedentes de City Football Group. La misión de Lewindon es clara: mejorar un historial de lesiones que ha lastrado a Tottenham en las últimas campañas.
En medio de ese rediseño, De Zerbi se ha colocado en el centro de todo. Y en el mercado de fichajes, avisa, su carácter cambia: “Cuando quiero a un jugador, me convierto en un tiburón. No hay opción de decir que no”. Esa agresividad ha sostenido operaciones récord: 85 millones por Mateus Fernandes desde West Ham y 100 millones por Sandro Tonali desde Newcastle.
El técnico disfruta de esa parte del trabajo. No lo vive como una carga, sino como una extensión de su liderazgo. Le gusta decidir y asumir la responsabilidad. Y, sobre todo, le gusta crear un vínculo directo con el futbolista desde el primer contacto. Con Mateus Fernandes, por ejemplo, habló con la madre y con el padre. Al padre le prometió que sería su “segundo papá” en Inglaterra.
Tottenham también se impuso a gigantes como Chelsea, Manchester United y Manchester City para cerrar a Van Hecke y a sus dos nuevos mediocentros estrella. No fue casualidad. Fuentes internas describen una estrategia clara: ser agresivos y rápidos, incluso pagando más, y explotar al máximo la implicación personal de De Zerbi.
El italiano sabe cuándo apretar. Tras el 2-2 ante Brighton en abril, con un gol de Georginio Rutter en el 95’ que complicó la permanencia de Spurs, el técnico escribió a Van Hecke, asistente en aquel tanto. “Querías empujar abajo a Tottenham para Brighton cuando diste la asistencia a Rutter, ahora tienes que venir conmigo, no tienes elección”, le envió. Mensaje directo, memoria larga.
Con Tonali, el cortejo fue igual de calculado. Le escribió al día siguiente de la victoria en la última jornada ante Everton, la que aseguró la permanencia. Después voló a Brescia para verle en su casa. Esa conversación, explican en el club, fue decisiva. El resto fue trabajo de los ejecutivos hasta cerrar el acuerdo.
Y todavía falta pólvora. De Zerbi habla de una “bomba” ofensiva final: se esperan dos delanteros, entre ellos Savinho, de Manchester City. El técnico rechaza la idea de un gasto descontrolado. Recuerda que la familia Lewis inyectó 100 millones en junio porque el club lo necesitaba y apunta hacia Chelsea, Arsenal o Liverpool, que han seguido caminos similares.
Vender caro, comprar con cabeza
No todo han sido llegadas. El club ha ingresado una cifra importante con la venta de Luka Vuskovic a Brighton por 45 millones. Las dudas se ciernen ahora sobre el futuro de Lucas Bergvall y del lateral inglés Djed Spence.
De Zerbi se implica también en las salidas. “Valoramos la petición de Vuskovic de ir a Brighton, con Vinai, con Johan, juntos, porque considero el dinero de Tottenham como mi dinero”, explica. La metáfora va más allá: “Es como si el dueño fuera mi padre, y tú no quieres pedirle a tu padre que pierda dinero”.
La hoja de ruta es clara: comportarse como un gran club. Vender caro, comprar bien y pensar a cinco años vista. “Estamos empezando un plan de cinco temporadas porque estamos construyendo”, recalca. En ese contexto, la negativa a ejecutar el fichaje definitivo de Joao Palhinha desde Bayern Munich fue una decisión de disciplina financiera, no una cuestión de calidad deportiva. El paquete económico no encajaba.
De la prohibición del negativismo a la cena con alcohol
La reconstrucción no es solo táctica ni económica. También es emocional. Después del golpe en Sunderland, el ambiente en el centro de entrenamiento era de duelo. Tristeza, negatividad, una sensación de arrastre que amenazaba con hundir el proyecto antes de empezar.
De Zerbi reaccionó al día siguiente. Reunió al personal sin jugadores y marcó una línea roja: “La primera persona a la que vea decir algo negativo, la mando a casa inmediatamente”. Quería cortar de raíz una cultura de resignación que venía de lejos.
Tottenham llevaba dos temporadas viviendo al borde del abismo. En la anterior había terminado 17º, también coqueteando con el descenso, aunque sin el mismo vértigo y con el consuelo de un título de Europa League bajo Ange Postecoglou. Esta vez el miedo fue real. Y dejó cicatrices.
Para empezar a cerrarlas, el técnico recurrió a algo tan simple como poderoso: una cena. “Una gran cena en Mayfair, con alcohol”, recuerda. Quería que los jugadores se miraran a los ojos lejos del vestuario, que se sintieran algo más que compañeros de trabajo. Cree que el equipo mereció salvarse antes y que la permanencia llegó más tarde de lo que indicaba el rendimiento, pero también detectó algo más profundo: “Creo que en ese momento se consideraban a sí mismos peores de lo que la gente pensaba”.
La cura no termina con un verano de fichajes. Es un proceso. De Zerbi insiste en cambiar “el comportamiento, la actitud y el espíritu” de todos los que vivieron aquella temporada traumática. Aspira a que la próxima vez no tenga que organizar él la cena ni las copas. “Espero que la próxima vez lo organicen ellos solos”, desliza. Porque, para él, la clave está ahí: “Con amor, amistad y cuidado, te conviertes en top, top, top”.
Tottenham ya ha tocado fondo. Ahora ha llenado el vestuario de talento y carácter. La pregunta es otra: con este nuevo pulso, ¿hasta dónde se atreve a mirar este equipo?






