De la angustia al éxito: La transformación del Tottenham
En abril, en un vestuario helado del Stadium of Light, Roberto De Zerbi miró a sus jugadores del Tottenham y lanzó una pregunta que dolió más que la derrota: “¿Nos hemos muerto?”. Cuerpos tirados en el suelo, algunos futbolistas llorando tras un 1-0 ante Sunderland, siete jornadas por delante y un gigante de la Premier tambaleándose al borde del abismo.
Cuatro meses después, el paisaje no puede ser más distinto.
De la angustia al café en Sydney
En un hotel de Sydney, a pocos metros del Harbour Bridge y la Opera House, el mismo grupo que se arrastraba en Sunderland ahora ríe, bromea y apura cafés preparados por su propio barista en una planta privada. Hay partidas intensas de tenis de mesa, novatos que se integran, bromas cruzadas en varios idiomas y una sensación nueva: el Tottenham vuelve a parecer un club que mira hacia arriba.
Sobre la mesa, una inversión récord: 237 millones de libras en fichajes. Sandro Tonali, bandera del nuevo proyecto, Mateus Fernandes, Jan Paul van Hecke, Andrew Robertson y Martin Dubravka ya se han estrenado en la gira por Australia y Nueva Zelanda. Solo falta por debutar Marcos Senesi, recién incorporado a los entrenamientos en Hotspur Way tras su participación con Argentina en la final del Mundial.
De Zerbi lo resume sin rodeos: “Merezco querer a los mejores jugadores, porque ahora el Tottenham merece construir un equipo top”. Lo dice un técnico que hace nada trabajaba con dos planes sobre la mesa: uno para la permanencia y otro para el descenso.
Un club al borde del descenso… con dos planes de mercado
El italiano repite que habría seguido al mando en Championship. No era una frase vacía. El club tenía diseñado un mercado para cada escenario. Al final, la salvación llegó en la última jornada, con una victoria ante Everton que selló la continuidad en la Premier y activó el Plan A.
En ese plan A entraba, también, “respetar la voluntad” de pesos pesados como el capitán Cristian Romero o el guardameta Guglielmo Vicario, cuyo futuro todavía no está garantizado. Pero antes de hablar de salidas, De Zerbi tuvo que hacer terapia individual.
“Al principio, en abril, tuve un millón de reuniones individuales”, bromea. En esas charlas, el mensaje fue tan claro como crudo: si no querían seguir, primero tenían que ayudarle a salvar al equipo. “Les dije: ‘Sí, ayúdame a mantenernos, y luego yo te ayudo a salir. Si no me ayudas a mantenernos, te quedas bajo el agua conmigo’”.
No era solo una cuestión de plantilla. El club entero estaba tocado.
Nueva cúpula, misma exigencia
En doce meses, el Tottenham se ha sometido a una cirugía mayor. La afición, enfadada y cansada tras dos temporadas de sufrimiento —la última, con el equipo otra vez en el puesto 17, aunque con un título de Europa League bajo Ange Postecoglou—, exigía cambios profundos. Y llegaron.
El nuevo director ejecutivo, Vinai Venkatesham, dirige la entidad en nombre de la Lewis Family Trust. A su lado, Johan Lange, director técnico y único superviviente de la antigua estructura, pilota las negociaciones. Completa el núcleo duro Rafi Moersen, director de operaciones de fútbol, y Dan Lewindon, nuevo director de rendimiento, ambos procedentes del City Football Group.
Lewindon tiene un encargo muy concreto: reducir la plaga de lesiones que ha lastrado al club. Pero nadie se libra del radar del entrenador. De Zerbi se mete en todo. Y cuando se habla de fichajes, su frase ya es casi un lema interno: “En el mercado, cuando quiero a un jugador, me convierto en un tiburón. No hay opción de decir que no”.
Esa agresividad ha traído dos operaciones que rompen el techo histórico del club: 85 millones de libras por Mateus Fernandes desde West Ham y 100 millones por Sandro Tonali desde Newcastle.
“Me encanta trabajar en el mercado. No es presión, es una de las partes más bonitas de mi trabajo”, explica. ¿Por qué? “Cuando tomas la decisión, tomas la responsabilidad. Si el entrenador llama al jugador, puedes construir una conexión especial desde el principio”.
Mensajes, llamadas y una “bomba” en ataque
El Tottenham no solo ha invertido. Ha ganado batallas. Van Hecke llegó pese al interés de Chelsea. Antes, el club ya se había adelantado a Manchester United y Manchester City para cerrar a los dos mediocentros récord, Fernandes y Tonali.
Dentro del mercado, todo es teoría de juegos. Fuentes internas reconocen que el club entendió que debía ser agresivo y rápido. Agresivo en las cifras, sí, pero también en el papel del propio De Zerbi como reclutador.
Tras el 2-2 ante Brighton en abril, con un gol de Georginio Rutter en el 95’ que golpeó de lleno las opciones de permanencia, el técnico no se quedó solo con la frustración. Van Hecke, asistente en ese tanto, recibió un mensaje directo. “Le escribí: ‘Tú quisiste hundir al Tottenham para Brighton cuando diste la asistencia a Rutter, ahora tienes que venir conmigo, no tienes elección’”, cuenta el italiano.
Con Tonali, la operación también empezó con un texto. Un día después de asegurar la permanencia ante Everton, De Zerbi le escribió. Luego voló a Brescia para verle en su casa. Aquella conversación fue decisiva. El resto lo remataron los ejecutivos del club, entre reuniones y llamadas.
Y no se detiene ahí. El entrenador ya habla de una última “bomba” ofensiva: el club trabaja en la llegada de dos delanteros, uno de ellos Savinho, de Manchester City.
Gasto fuerte, pero con freno
Desde fuera, el desembolso puede parecer temerario. De Zerbi lo niega. Insiste en que no siente “ninguna presión” por los 100 millones de libras inyectados en junio por la familia Lewis. A su juicio, era una necesidad estructural, un movimiento que otros grandes —Chelsea, Arsenal, Liverpool— también han realizado en los últimos años.
El club también ha ingresado. La venta de Luka Vuskovic a Brighton por 45 millones de libras ha dejado una cifra importante en caja. El futuro de Lucas Bergvall y del lateral inglés Djed Spence sigue en el aire.
Con Vuskovic, la decisión fue compartida. “Valoramos la petición de Vuskovic de ir a Brighton, con Vinai, con Johan, juntos, porque considero el dinero del Tottenham como mi dinero”, explica De Zerbi. La metáfora llega sola: “Es como si el dueño fuera mi padre, y tú no quieres pedirle a tu padre que pierda dinero”.
Su idea es clara: comportarse como un gran club. “Como todos los grandes, tenemos que vender a un jugador al precio más alto posible y traer a otro al precio más bajo posible. Estamos empezando un plan de cinco temporadas porque estamos construyendo”.
Ese mismo criterio llevó al club a renunciar a la opción de fichar en propiedad a Joao Palhinha desde Bayern Munich. No por falta de calidad, sino porque el paquete económico total no encajaba en la estrategia.
De la prohibición de la negatividad a la cena con alcohol
El problema no era solo de piernas. También de cabezas. Después del desastre en Sunderland, el ambiente en el centro de entrenamiento era de duelo. Tristeza, pesimismo, resignación.
“El día después organicé una reunión sin jugadores y dije: ‘Al primero que vea decir algo negativo, lo mando a casa inmediatamente’”, recuerda De Zerbi. Quería cortar de raíz una cultura que llevaba dos temporadas instalando al Tottenham en la zona baja, pese a haber levantado una Europa League con Postecoglou.
Ahora, el trabajo pasa por transformar “el comportamiento, la actitud y el espíritu” de quienes arrastran esa temporada traumática. Para ello, también hay espacio para gestos menos rígidos. “Llevé a los jugadores a una gran cena en Mayfair, con alcohol”, confiesa. Nada de retiros monacales. El técnico cree que el grupo tuvo mala fortuna en los últimos partidos y que pudo lograr la permanencia antes.
“Creo que en ese momento se consideraban a sí mismos peores de lo que la gente pensaba”, admite. La herida, dice, aún se está cerrando. “Espero que la próxima vez ellos mismos organicen la cena y las copas”.
Porque para De Zerbi, el salto competitivo no solo se compra en el mercado. Se construye entre personas. “Con amor, amistad y cuidado, te conviertes en top, top, top”.
El Tottenham que se arrastraba en Sunderland ya no existe. Ahora falta comprobar si este nuevo equipo, armado a golpe de millones y carácter, está preparado para algo más que sobrevivir.






