Victor Munoz acelera su llegada a Liverpool
Victor Munoz no ha querido esperar. Ni a su debut, ni a su nuevo vestuario, ni al primer contacto con el césped de Anfield. El flamante fichaje de Liverpool ha recortado sus vacaciones para ponerse ya a las órdenes de Andoni Iraola y pelear por minutos desde el primer día.
El extremo, de 23 años, llega después de formar parte de la selección de España que levantó su segundo Mundial en Estados Unidos el mes pasado. No jugó un solo minuto: una lesión le dejó sin protagonismo en el torneo. Aun así, como el resto de internacionales, tenía derecho a tres semanas de descanso obligatorio que le habrían llevado a incorporarse bien entrado agosto.
Decidió otra cosa.
Munoz ha renunciado al tramo final de ese parón y se presentó este miércoles en el centro de entrenamiento de Liverpool, ya recuperado de sus problemas físicos, para completar su primera sesión con sus nuevos compañeros. Quería empezar cuanto antes. Y se nota.
En su primera entrevista con los medios oficiales del club, el mensaje fue claro: su Mundial acabó en cuanto se cerró el traspaso. A partir de ahí, solo existía Liverpool. No podía jugar con España, así que no tenía sentido seguir parado. Tocaba cambiar de chip, conocer el vestuario, adaptarse al club, a la ciudad, al idioma, al ritmo. Cuanto antes, mejor.
Munoz es, por ahora, la única cara nueva del verano en Anfield. Liverpool activó en junio su cláusula de rescisión de 34,5 millones de libras en Osasuna, en una operación que sorprendió a muchos después de semanas de fuertes rumores que lo situaban más cerca de Newcastle. El club inglés se movió rápido, vio la oportunidad y cerró un fichaje que encaja con la nueva línea deportiva: talento joven, margen de crecimiento y hambre competitiva.
En realidad, no es el único refuerzo que estrena Iraola. El central francés Jeremy Jacquet, fichado desde Rennes por 60 millones de libras, ya firmó en enero, pero es ahora cuando debe consolidarse en el equipo tras aquellos primeros meses de adaptación.
Para Iraola, el escenario no es sencillo. La pretemporada ha sido un rompecabezas: plantilla corta, varias lesiones, pocos fichajes cerrados y varios internacionales aún de vacaciones tras el Mundial. El técnico vasco ha tenido que tirar de lo que había, ajustar sistemas y, en algunos tramos, improvisar. Por eso la irrupción adelantada de Munoz es un alivio deportivo y un mensaje competitivo.
El entrenador, eso sí, no tiene intención de precipitarse. La tentación de lanzar al nuevo fichaje al césped desde el primer minuto es evidente, pero también lo es el riesgo. Llega de un verano extraño, con carga física irregular y una lesión reciente. Iraola conoce el escenario y no quiere quemar etapas.
El propio jugador, en cambio, se siente listo. Lo dice sin rodeos. Si el entrenador le pide ser titular, está preparado. Quiere jugar ya. Y pone nombre y fecha a ese deseo: el duelo del domingo ante Monaco, el primer partido de Iraola en Anfield como técnico local. Un encuentro que llega, además, con cierto sabor a revancha.
Liverpool cerró su gira por Estados Unidos con mal cuerpo. Ganaba a Leeds y acabó desplomándose en la segunda parte: cuatro goles encajados tras el descanso, derrota por 4-2 y sensación de fragilidad en un equipo que todavía busca su forma. El regreso a casa ante Monaco se convierte así en un test anímico, táctico y competitivo. Y Munoz quiere estar en el foco.
El extremo también dejó claro por qué eligió este proyecto. Considera que es el paso correcto en su carrera y coincide plenamente con el discurso de Iraola. El técnico le ha transmitido confianza, le ha recordado que aún es un futbolista joven, pero ya profesional hecho y derecho, y le ha prometido acompañarle en su desarrollo dentro de un club gigantesco y en un estadio que pesa como pocos: Anfield.
Ese es el escenario que le espera: un vestuario en transición, un entrenador nuevo con ideas claras y un club que exige resultados inmediatos mientras moldea su siguiente ciclo competitivo. Munoz ha decidido llegar antes de tiempo para no perder ni un solo día en esa carrera.
Ahora falta la respuesta que de verdad cuenta: la del césped, la del domingo, la de Anfield dictando sentencia sobre su nuevo extremo.






