Zapatillas de Justin Bieber recaudan casi 30,000 dólares en el Mundial
En la final del Mundial 2026, mientras España y Argentina se disputaban la gloria en el césped del MetLife Stadium de New Jersey, un par de zapatillas también empezaba a escribir su propia historia. No marcaron goles, pero recaudaron una cifra que haría sonreír a cualquier director deportivo: casi 30.000 dólares para una causa infantil.
Se trata de unas SKYLRK Matter Daddy, de caña baja, en tono “latte” con detalles rosa claro, de la línea de apparel de Justin Bieber. El cantante las llevó durante su actuación acústica de “Everything Hallelujah” en el descanso de la final del 19 de julio, el primer show de medio tiempo en la historia de una final de la FIFA. Ese breve rato sobre el escenario bastó para disparar su valor.
Christie’s anunció que el par se vendió por 26.400 dólares, más de diez veces por encima de la estimación inicial, fijada entre 2.000 y 4.000. Todo ese dinero irá destinado al FIFA Global Citizen Education Fund, dentro de la subasta One Goal, un ambicioso proyecto de 100 millones de dólares que busca ampliar el acceso a la educación y al fútbol para niños de todo el planeta.
Un descanso de lujo
La actuación de Bieber formó parte de un descanso de final de Mundial que pareció más un festival global que un simple intermedio. Sobre el escenario se sucedieron Madonna, BTS, Shakira, Burna Boy, la banda Electric Mayhem de los Muppets, Gustavo Dudamel con la New York Philharmonic y un cierre dirigido por Chris Martin, de Coldplay, interpretando el tema original “We Dance” junto al PS22 Chorus.
En ese contexto, las zapatillas de Bieber se convirtieron en pieza de colección al instante. Christie’s confirmó que fue precisamente en esa final donde el artista estrenó esta combinación de colores de la línea Matter Daddy. No fueron las únicas protagonistas: la subasta reunió un catálogo de objetos que encendió la puja entre fans y coleccionistas.
El tirón de BTS y Shakira
Las cifras lo dejan claro. La ropa y los accesorios utilizados por BTS durante su interpretación de su número 1 en el Billboard Hot 100, “Dynamite”, recaudaron en conjunto 300.300 dólares para la misma causa. Cada pieza encontró su propio mercado.
- Entre los lotes destacados: las botas negras Untitled-03 de RM alcanzaron los 19.800 dólares;
- los guantes negros y rojos sin dedos de j-hope, 28.600;
- el cinturón rojo de cuero de Jin, 16.500;
- los pantalones rojos de cuero con pañuelo de seda cosido con los nombres de todos los miembros, usados por Suga, subieron hasta 33.000;
- El pañuelo negro de seda personalizado con el nombre del grupo, caras de demonios y balones de fútbol que lució V se cerró en 46.200, la misma cifra que la chaqueta de motocross roja, negra y blanca de Jung Kook;
- El gran golpe llegó con la camiseta blanca y roja con parches de BTS que llevó Jimin: 110.000 dólares.
Shakira también dejó su huella en el martillo de Christie’s. Su llamativo traje amarillo del videoclip oficial de “Dai Dai” se vendió por 8.250 dólares. Un balón Earth Ball firmado por la colombiana, Kaka y el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, alcanzó los 3.850. Una muestra más de cómo el fútbol, la música y las grandes estrellas pueden empujar en la misma dirección cuando se trata de causas sociales.
Madonna, Coldplay y el valor del papel
La iconografía pop también tuvo su momento. Un par de guantes rosas, brillantes y sin dedos, usados por Madonna durante la apertura de su número en el descanso, se disparó hasta los 41.800 dólares, reflejando el peso histórico de la artista en cualquier escenario que pisa.
No todo fueron prendas. La música también se escribió a mano. La hoja de dos páginas con la letra manuscrita de “We Dance” de Coldplay —con las letras en una página y el setlist del show de medio tiempo en la otra—, firmada por Chris Martin e incluyendo un mensaje de amor, se adjudicó por 15.400 dólares. Un balón azul del Mundial, Earth ball, con los nombres de los artistas del descanso escritos por Martin, superó los 6.000.
El resultado global dibuja una escena clara: el Mundial ya no es solo fútbol. Es espectáculo, cultura pop, filantropía y un escaparate donde unas simples zapatillas, un par de guantes o un pañuelo de seda pueden transformarse en aulas, balones y oportunidades para miles de niños. La pregunta, tras el éxito de One Goal, es evidente: ¿hasta dónde puede llegar el poder combinado del deporte y la música en la próxima gran cita mundialista?






