Álex Baena acerca a España a los octavos en Mundial 2026
España necesitaba un golpe de autoridad. Y lo encontró en la zurda de Álex Baena, a los 42 minutos de un partido tenso, áspero y con aroma a final anticipada ante Uruguay en este Mundial 2026.
La jugada no fue un alarde de pirotecnia, pero sí de precisión y sangre fría. El balón quedó suelto en la frontal, Baena se perfiló y armó el disparo con decisión. El tiro botó delante de Fernando Muslera, lo sorprendió y se coló ajustado a un rincón, inalcanzable para el veterano guardameta uruguayo. Un golpe seco al marcador y al ánimo charrúa. Un 1-0 que vale oro para La Roja.
Hasta ese momento, el partido se movía en el filo. España, obligada a ganar para asegurarse el pase automático a los octavos de final, mandaba en la posesión, pero chocaba una y otra vez con el orden defensivo de Uruguay. Cada pérdida se sentía como un pequeño temblor, cada llegada como un ensayo general del gol que no terminaba de llegar. Hasta que Baena decidió que era el momento de romper el guion.
La Roja, que llegó a esta tercera jornada de un exigente Grupo H como líder con cuatro puntos, se jugaba mucho más que tres unidades. Venía de un 4-0 contundente ante Arabia Saudí, pero también arrastraba el peso de un sorprendente 0-0 frente a Cabo Verde en su debut. Demasiadas dudas para una campeona del mundo en 2010 y campeona de Europa en 2024. El tanto del centrocampista actúa como un mensaje: España sigue aquí.
Un once para mandar
Luis de la Fuente apostó por un once claramente orientado al control y al talento entre líneas: Unai Simón bajo palos; Marcos Llorente, Pau Cubarsí, Aymeric Laporte y Marc Cucurella en defensa; Rodri, con el brazalete de capitán, acompañado por Mikel Merino y Pedri en la sala de máquinas; y arriba, electricidad y creatividad con Lamine Yamal, Álex Baena y Mikel Oyarzabal.
Con ese dibujo, España buscó desde el inicio encerrar a Uruguay cerca de su área. Rodri marcó el ritmo, Pedri se ofreció entre líneas y Lamine Yamal intentó abrir el campo y desordenar la zaga celeste. Faltaba, sin embargo, el último toque, la determinación en el área. La selección generaba, pero no remataba la faena. Hasta que el disparo de Baena encontró el hueco que nadie había logrado abrir.
Un grupo exigente, un objetivo claro
El camino de España en este Grupo H ha sido menos plácido de lo que sugería el favoritismo previo. El estreno dejó un 0-0 frente a Cabo Verde que sonó a aviso. La reacción llegó con fuerza en la segunda jornada: un 4-0 incontestable ante Arabia Saudí que devolvió confianza y goles. El duelo ante Uruguay, en cambio, se presentaba como el verdadero termómetro competitivo.
Con el 1-0 al descanso, el escenario es claro: si España sostiene la ventaja, certifica su presencia en los octavos de final del Mundial 2026 desde la primera plaza del grupo. Nada de cuentas, nada de calculadora. Un triunfo para confirmar que la campeona de Europa no ha venido a Estados Unidos, México y Canadá a ser un actor secundario, sino a pelear de nuevo por todo.
La historia reciente de La Roja respalda esa ambición. El recuerdo del título mundial de 2010 y la coronación continental de 2024 no son solo medallas en la vitrina; son el listón que este grupo se ha impuesto. Y en noches como esta, con un grupo al rojo vivo y un rival de colmillo como Uruguay delante, cada disparo como el de Álex Baena puede marcar el rumbo de todo un torneo.
La pregunta ya no es si España tiene talento. Eso está fuera de duda. La cuestión es si sabrá transformar noches como esta en el impulso definitivo hacia otro verano inolvidable.






