Craig Gordon: la indomable carrera de un portero
Craig Gordon se marcha del fútbol con la misma mezcla de asombro y respeto con la que defendió su portería durante dos décadas. No solo por los títulos, los estadios o las noches europeas. Sobre todo, por haber regresado de una lesión que suele cerrar carreras, no alargarlas.
Rory Loy, exdelantero que conoce en primera persona el calvario de una doble fractura de pierna, lo resumió con una palabra: “increíble”.
En el podcast Scottish Football de la BBC, el antiguo atacante recordó que él sufrió exactamente la misma lesión que el exportero de Celtic, Hearts y Sunderland. La diferencia estuvo en el calendario de la vida.
“Yo hice lo mismo, pero lo hice cuando tenía 20, 23 años”, explicó Loy. Gordon, en cambio, se rompió la pierna a los 39. Ahí cambia todo. A los veinte el cuerpo empuja, la cabeza mira hacia adelante casi por inercia. A los casi cuarenta, cada paso de la rehabilitación pesa el doble.
Loy lo describió sin adornos: “Es una mentalidad diferente a los 23. Sigues siendo joven, estás motivado, tu cuerpo es joven para intentar volver”. Gordon ya no lo era. Y aun así volvió. No solo para completar algún minuto simbólico, sino para llegar a la fase final de este verano con Escocia y despedirse en un Mundial. Un final de carrera que pocos se atreven siquiera a imaginar después de una lesión así.
La crudeza del diagnóstico también habla por sí sola. “La tibia básicamente se parte”, relató Loy. Primero hay que esperar a que el hueso cicatrice. Luego empieza otra batalla: reaprender a caminar, a correr, a impulsarse. Nada vuelve a ser igual. La biomecánica cambia, la forma de andar, de moverse, de golpear el balón. Todo.
Loy contó que necesitó plantillas ortopédicas en sus botas para adaptarse a su nuevo cuerpo. Un detalle mínimo para el espectador, enorme para el futbolista. “Hay tantas capas distintas en todo eso”, añadió. No es solo dolor físico: es desconfianza, miedo al siguiente choque, a la próxima entrada, a apoyar fuerte en el mismo lugar donde un día todo se quebró.
Por eso el regreso de Gordon a la élite, con casi cuatro décadas a la espalda, tras pasar por ese mismo túnel, habla de algo más que profesionalidad. Habla de carácter. “Para que él pasara por ese tipo de cosas a la edad que tenía y aun así tuviera la motivación de volver y jugar al fútbol, simplemente resume el tipo de mentalidad que tenía”, subrayó Loy.
Y aun así, toda esa épica no debería tapar lo esencial: el nivel de portero que fue. Porque, como remató el exdelantero, “al margen de todo eso, el nivel de portería y las paradas que hizo fueron increíbles”. Esa es la imagen que queda. No la camilla, no los tornillos, no las horas de gimnasio en silencio. Sino las manos de Gordon volando una vez más, negando un gol imposible, apurando hasta el último día una carrera que se negó a aceptar el final cuando el cuerpo le dijo basta.





