Debut de McInnes con Rangers: Un empate y un futuro incierto
Hace un año, un empate en la primera jornada desató la furia en el banquillo de Rangers. Russell Martin no se guardó nada tras el tropiezo en Motherwell. Esta vez, en Tannadice, el marcador volvió a ser 1-1, pero el tono fue muy distinto en el estreno de Derek McInnes al mando.
No hubo gritos, ni dramatismo. Hubo realismo.
El nuevo técnico, con pasado en Aberdeen, Kilmarnock y Hearts, sabe que ha llegado en plena obra. Habla de transición, de tiempo, de fichajes por llegar. Y lo repite sin temblar: este equipo está verde.
“Es un partido”, recordó ante las cámaras de Sky Sports tras el empate ante Dundee United. No quiso mirar atrás ni entrar en comparaciones con etapas anteriores. Su mensaje fue otro: Rangers irá a más.
Un Rangers partido en dos mitades
El arranque, sin embargo, fue preocupante. Falto de compactación, con líneas estiradas y sin mando en los costados, Rangers se vio superado durante buena parte del primer tiempo. Dundee United olió la fragilidad y golpeó con el tanto de Lachlan Rose antes del descanso.
La ventaja local era el reflejo fiel del juego: los mejores futbolistas sobre el césped, salvo destellos de Thelo Aasgaard, vestían de naranja. Lo vio la grada, lo vio el banquillo y lo señaló sin rodeos Andy Halliday en Sportsound: “No importa cuántos defensas pongas, lo fundamental es ser compacto, y Rangers fue lo más alejado de eso”.
Tras el descanso, el equipo cambió la cara. No fue una metamorfosis total, pero sí un paso adelante. Más agresivo, más cerca del área rival y, por fin, con algo de continuidad en campo contrario. El empate llegó gracias a Aasgaard, uno de los pocos que pidió el balón y asumió responsabilidad en los momentos más grises.
Parecía el punto de inflexión. Pero se quedó a medias.
Rangers no supo rematar la faena y terminó agradeciendo que Jesse Randall, en una acción franca en los minutos finales, definiera blando ante el debutante Ivor Pandur. El portero respondió sin alardes, pero con la seguridad que necesitaba en su primera noche con la camiseta de Ibrox.
McInnes no maquilló el resultado: “Es decepcionante, hemos dejado escapar un par de puntos, pero no fuimos lo suficientemente buenos para llevarnos los tres”. Frase corta, diagnóstico claro.
Un once nuevo, un equipo por hacer
La alineación ya dejaba ver el giro de timón. Debutaron de inicio Ivor Pandur, el central Ben Godfrey y los ex Hearts Cammy Devlin y Lawrence Shankland. Un esqueleto nuevo para un Rangers que todavía no sabe muy bien qué quiere ser, pero sí qué piezas necesita.
Desde el banquillo se sumaron también las incorporaciones veraniegas Dan Neil y Ross McCrorie. Nombres nuevos, automatismos por construir. McInnes insiste en que el mercado aún no ha terminado para Rangers, y la actuación en Dundee le dio argumentos.
Steven Thompson, exdelantero del club, coincidió en el mensaje de calma. En BBC Radio Scotland subrayó el contexto: punto fuera de casa, campo complicado, primera jornada. Nada de pánico prematuro. “Habrá tiempo para juzgar cuando tenga los jugadores que quiere y más trabajo hecho en el campo de entrenamiento”, apuntó. Para él, la noche sirvió sobre todo para que el técnico conociera de verdad a su plantilla.
Problemas atrás, urgencias por fuera
Las alarmas no solo suenan por el juego. Ben Godfrey se retiró con molestias en los isquiotibiales y el club aún no sabe si podrá contar con Olwethu Makhanya para el viaje del jueves a Polonia, donde espera Jagiellonia Bialystok en la fase de clasificación de la Europa League. El visado del nuevo fichaje sigue en el aire.
La consecuencia es evidente: Rangers busca refuerzos atrás. Pero McInnes tiene otra prioridad muy clara. Quiere desborde por fuera.
En Tannadice, Djeidi Gassama arrancó como extremo zurdo, pero no pasó del descanso. Sustituido al intermedio, dejó la banda huérfana de profundidad. El tramo final retrató el problema: Mohamed Diomande y Aasgaard terminaron jugando por dentro, sin un especialista abierto que atacara la línea de cal.
El propio McInnes lo explicó en Sky: con el partido roto y espacios a la espalda, su equipo no tuvo futbolistas capaces de encarar y ganar duelos. “Nos sigue faltando un extremo que vaya a por la gente, que marque diferencias y ponga a los rivales en su propio campo”, admitió. Sus delanteros viven del suministro, y el suministro hoy no existe en los costados.
Rangers trabaja, dice, sabe lo que quiere y dónde debe invertir. El diagnóstico es tan evidente como el resultado de la noche.
Un punto que pesa más que la tabla
Sobre el papel, un empate a domicilio en la primera jornada no es una catástrofe. El calendario dará margen, el mercado aún se mueve y McInnes apenas ha tenido tiempo para imponer su libreto.
Pero este 1-1 deja algo más que un simple punto: deja la sensación de que el proyecto arranca a contrarreloj, obligado a encontrar identidad mientras compite y mientras mira de reojo a Europa.
Rangers ya sabe lo que es empezar la temporada con dudas. La diferencia, esta vez, no está en el marcador. Está en el discurso. McInnes no busca culpables ni excusas. Pide trabajo, fichajes y paciencia.
La cuestión es sencilla y a la vez brutal: ¿cuánto tardará este Rangers en parecerse al equipo que su entrenador tiene en la cabeza, antes de que la temporada le exija resultados sin margen para aprender?






