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Enzo Le Fée redime a Sunderland con penalti tardío en el Gtech

Enzo Le Fée volvió al punto de penalti en el Gtech Community Stadium con un fantasma a la espalda. La última vez que se plantó allí, intentó una panenka ridícula y terminó siendo el hazmerreír. Esta vez, en el minuto 82, con Sunderland perdiendo y el estadio rugiendo, no dudó. Carrera corta, golpe seco, portero a un lado, balón al otro. 1-1. Catarsis.

De la pesadilla al alivio

El empate de Le Fée salvó un punto para el equipo de Régis Le Bris en un partido que Sunderland había merecido encarrilar mucho antes. El guion parecía condenado a repetirse: mismo estadio, mismo lanzador, misma portería… pero otro desenlace. Donde antes hubo exceso de confianza, ahora hubo frialdad.

Brentford, dirigido por Keith Andrews, había olido el botín de los tres puntos después de un inicio de segundo tiempo fulgurante y un golazo de Vitaly Janelt. Pero el partido nunca terminó de estar bajo su control. Ni siquiera cuando el marcador les sonreía.

Un primer tiempo de dominio y frustración

Sunderland salió mandando. Físico, directo, agresivo en cada duelo. A los ocho minutos, Dan Ballard parecía adelantar a los visitantes con un disparo raso y preciso al palo largo. Celebración corta. El VAR entró en escena, revisó y anuló: Kevin Danso, en su debut, había caído en fuera de juego e interferido en la visión de Caoimhin Kelleher. Gol cancelado, aviso claro.

Le Bris insistió desde la banda, y su equipo respondió. Brentford perdió pronto a su capitán Nathan Collins, obligado a retirarse antes del minuto 20 tras un choque con Noah Sadiki. El golpe descolocó a los locales y Sunderland olió sangre.

Poco después, Le Fée rozó el gol con un derechazo desde unos diez metros que se estrelló en el poste con Kelleher ya batido. El murmullo en la grada lo decía todo: Brentford sufría.

Thomas Meunier tuvo otra ocasión clara, llegando desde atrás y conectando un disparo de primeras que fue directo al cuerpo del guardameta suplente Jannik Schuster. Era otra acción que pedía más precisión, no potencia.

Las carreras de Meunier y Nilson Angulo a la espalda de la defensa local hacían daño, y en el centro del campo Granit Xhaka imponía ley, robando, ordenando y marcando el ritmo. Brentford llegó al descanso casi de milagro con el 0-0, superado en intensidad y metros recorridos.

El giro de Andrews y el misil de Janelt

Andrews no esperó más. Tres cambios al descanso, un mensaje claro a los suyos y un partido que cambió de tono. De repente, fue Sunderland el que se vio encerrado, sin salida limpia, cada despeje convertido en un balón perdido.

El empuje local se tradujo en gol poco antes de la hora de juego. Nordi Mukiele reaccionó bien para despejar de cabeza un centro peligroso, pero nadie de Sunderland apareció para acompañarle en la jugada. El balón cayó franco en la frontal y Janelt, con tiempo y espacio, avanzó hasta la media luna y conectó una media volea impecable a la escuadra. Imparable. 1-0 y el Gtech explotó.

Brentford olió la sentencia. Keane Lewis-Potter tuvo la ocasión para cerrarlo, pero su volea, mal impactada, botó en el césped y se marchó por encima del larguero. Poco después, Anthony llegó a marcar, pero el árbitro anuló la acción al considerar que había arrebatado el balón de las manos del portero Robin Roefs. Otra oportunidad que se esfumaba.

El penalti, la duda y la redención

Sunderland parecía sin aire, sin ideas, sin escapatoria. Aun así, se agarró al partido. Kelleher tuvo que intervenir con una buena estirada para desviar un libre directo de Wilson Isidor. Fue el preludio del desenlace.

Con ocho minutos para el final, Isidor cayó dentro del área con las manos de Lewis-Potter sobre su cuerpo. El contacto existió, la decisión pareció generosa. Penalti. Protestas locales, resignación en la grada. Pero el balón ya estaba en el punto fatídico y Le Fée lo tenía entre sus manos.

El contexto pesaba: mismo estadio, mismo lanzador, recuerdo fresco de aquel panenka fallido en enero. Esta vez no hubo fantasías. Le Fée engañó a Kelleher con un disparo firme, ajustado, y celebró con rabia contenida. Sunderland rescataba un punto que había tenido en la mano en la primera parte y que casi pierde en la segunda.

Brentford, que se vio con el partido encarrilado tras el descanso y las correcciones de Andrews, se quedó con la sensación de haber dejado escapar dos puntos más que de haber sumado uno. Sunderland, en cambio, se marchó con algo más que un empate: se llevó de Londres la certeza de que puede competir, imponerse físicamente y sobrevivir a sus propios fantasmas. Y Le Fée, al fin, se fue del Gtech con la cabeza alta.