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Martin O'Neill advierte sobre visita policial a Celtic antes del Old Firm

Celtic llega al derbi de Glasgow con un recordatorio muy claro sobre la mesa. No lo firmó la directiva, ni la federación. Lo firmó la policía.

El propio Martin O'Neill explicó que Police Scotland acudió el viernes a las instalaciones del club para ofrecer lo que definió como “un recordatorio oportuno” sobre el comportamiento general del equipo de cara al duelo de cuartos de final de la Premier Sport Cup ante Rangers.

No fue una visita de cortesía. Fue una advertencia.

La sombra del pasado reciente

El contexto pesa. El mes pasado, tanto Celtic como Rangers fueron sancionados a disputar sus próximos partidos de la Scottish Cup en casa a puerta cerrada, después de que el cruce de cuartos de final de la pasada temporada en Ibrox —decidido por Celtic en la tanda de penaltis— quedara manchado por graves incidentes en la grada.

Celtic no ha vuelto a Ibrox desde aquel día. Sí recibió a Rangers en mayo, en un partido de la Scottish Premiership que terminó con triunfo local por 3-1. Pero regresar ahora al feudo del eterno rival, con ese recuerdo aún fresco y con una sanción colgando sobre ambos clubes, coloca cada gesto y cada reacción bajo la lupa.

La Scottish Professional Football League ya ha movido ficha: no habrá aficionados visitantes en los Old Firm de liga ni de League Cup esta temporada. Un derbi que siempre se ha alimentado del choque de masas se jugará, al menos en este capítulo, sin el rugido del sector visitante.

“Nada de peleas, nada de celebraciones excesivas”

O'Neill detalló que la reunión con la policía duró unos 15 minutos. Breve, pero directa.

“Vinieron a recordarnos nuestro comportamiento”, explicó el técnico norirlandés, subrayando que el mensaje llegaba en el momento justo. Aunque evitó entrar en todos los detalles, dejó claro el foco de la charla.

Según O'Neill, uno de los puntos clave, aunque no se mencionara de forma explícita, afecta al propio desarrollo del juego: lo que ocurra sobre el césped puede tener consecuencias más allá del pitido final.

El mensaje fue claro: nada de peleas, nada de trifulcas, nada de celebraciones desmedidas delante de la grada rival. En un derbi que suele incendiarse con facilidad, cualquier exceso puede convertirse en combustible.

“Creo que esta conversación no se habría producido si no fuera por lo que ha pasado en partidos recientes”, admitió el entrenador, enlazando directamente la visita policial con los incidentes del pasado curso.

Un derbi sin visitantes y con racha verde y blanca

En lo deportivo, Celtic llega con viento a favor. Ha ganado los tres últimos derbis desde que Rangers se impusiera 3-1 en Celtic Park en liga el pasado enero. Además, los actuales campeones escoceses ya han abierto un hueco de cinco puntos en la Premiership tras solo seis jornadas.

El escenario del domingo, sin embargo, será distinto. No habrá ni un solo aficionado de Celtic en la zona visitante de Ibrox. Un cambio que O'Neill no oculta que le resulta extraño.

“Será raro en muchos sentidos no tener aficionados nuestros allí”, reconoció. Para él, incluso un pequeño grupo visitante siempre ofrecía “una migaja de consuelo” en un ambiente hostil.

Pese a ello, el técnico mezcla nervios y entusiasmo ante el desafío. Sabe que el derbi, por sí solo, se alimenta de su propia electricidad.

Rangers, criticado pero en racha

Al otro lado, Rangers vive un arranque de temporada agitado bajo el mando de Derek McInnes. Parte de la afición ha criticado el rendimiento del equipo, pero los números más recientes suavizan el ruido: el conjunto de Ibrox encadena cuatro victorias consecutivas.

Ese detalle no pasa desapercibido para O'Neill. El técnico de Celtic sabe que, si su equipo golpea primero, el clima puede cambiar en cuestión de segundos.

“Si te pones por delante, eso les hace estar ansiosos”, apuntó, con un matiz importante: hablar de adelantarse es una cosa; hacerlo en un Old Firm, otra muy distinta.

O'Neill espera un Ibrox volcado con su equipo, como marca la historia del duelo. Y asume el reto con naturalidad: un rival de nivel, un estadio que aprieta y un partido que puede marcar el pulso de la temporada.

El técnico lo tiene claro: su objetivo es simple, aunque el escenario no lo sea. “Estaría encantado de estar celebrando algo en el partido”, confesó.

En un derbi sin aficionados visitantes, con la policía ya instalada en el guion y con ambos clubes bajo vigilancia, la línea entre la euforia y el descontrol nunca ha sido tan fina. La próxima escena se escribirá en Ibrox. Y esta vez, cada gesto contará.