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Unai Emery despide a Ollie Watkins con lágrimas y disculpas

Unai Emery no solo perdió a su delantero estrella. Perdió también a un líder de vestuario. Y lo hizo en un contexto tenso, con disculpas públicas y un adiós cargado de emoción.

El técnico de Aston Villa explicó que Ollie Watkins pidió perdón al grupo por negarse a jugar el domingo ante Brighton, en pleno desenlace de su salida del club. Emery fue claro: hubo error, hubo disculpa… y hubo perdón.

“Después del partido contra Brighton nos dijo que lo sentía y que había cometido un error. Estuvo mal, pero lo aceptamos. Los jugadores también”, contó el entrenador, subrayando que el incidente queda cerrado dentro del vestuario.

La escena del adiós, según el propio Emery, tuvo poco de fría negociación y mucho de despedida sincera. “Su compromiso y su comportamiento han sido fantásticos. Es un tipo fantástico, incluso más que como jugador. Me despedí de él con un gran abrazo y con pequeñas lágrimas”, confesó el técnico español.

El goleador que se va y el relevo que llega

Watkins, de 30 años, está a un paso de poner fin a su etapa en Birmingham. Se le espera el viernes en Arabia Saudí para completar un traspaso de 51 millones de libras a Al-Hilal, un movimiento que rompe definitivamente el vínculo con el club que le lanzó a la élite de la Premier League.

No se marcha cualquiera. Se va el máximo goleador de Aston Villa en la historia de la Premier League, con 91 tantos, dentro de un registro total de 108 goles en todas las competiciones desde su llegada procedente de Brentford en 2020 por 28 millones de libras. Cuatro años de impacto directo en el marcador y en la identidad ofensiva del equipo.

Villa, sin embargo, no se queda de brazos cruzados. El club está preparado para cerrar el fichaje de Nicolas Jackson desde Chelsea por 65 millones de libras, llamado a convertirse en el nuevo nueve de referencia del proyecto de Emery.

El propio entrenador lo resumió con una frase que marca el cambio de era: “Ahora empieza un nuevo capítulo aquí con Nicolas Jackson”.

Watkins se marcha como goleador récord y con una última mancha que el vestuario ha decidido perdonarle. Jackson aterriza con la responsabilidad de sostener, y quizá superar, ese legado. La pregunta ya no es cómo se despide Villa de su viejo ariete, sino qué tan rápido podrá escribir su historia el nuevo.