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Ronwen Williams y el desafío de Bafana Bafana en el Mundial

En Atlanta, a miles de kilómetros de casa, Ronwen Williams se prepara para un partido que vale un Mundial. Pero el capitán de Bafana Bafana no solo tiene que atajar remates. También lidia con una avalancha de odio que le llega desde el teléfono.

No solo de extraños. También de sus propios compatriotas.

La selección sudafricana llega al crucial duelo del Grupo A del Mundial 2026 ante Czechia golpeada dentro y fuera del campo. Deportivamente, por un arranque flojo con la derrota 2-0 ante Mexico en el Azteca el 11 de junio. Moralmente, por una tormenta de ataques en redes sociales alimentada por la postura antiinmigración que domina hoy el debate político en Sudáfrica.

El detalle no es menor: el partido de este jueves en Atlanta Stadium coincide con el Día Internacional para Contrarrestar el Discurso de Odio. El contexto lo dice todo.

Un sueño mundialista convertido en pesadilla

Esta generación de Bafana Bafana, formada en buena parte por jugadores que eran niños cuando Sudáfrica fue anfitriona del Mundial 2010, veía este torneo como su gran oportunidad. El sueño de volver al mayor escaparate del fútbol.

Ese sueño se ha enturbiado.

El servicio de protección en redes sociales de la FIFA reveló que los jugadores sudafricanos están sufriendo niveles de abuso online sin precedentes desde que arrancó el Mundial. Los incidentes detectados en apenas una semana ya superan el total registrado durante todo el torneo de Qatar 2022.

Los datos se presentaron en el National Center for Civil and Human Rights, en el corazón de Georgia, a pocos kilómetros del estadio donde Bafana se jugará buena parte de su futuro en el torneo. Un contraste brutal: un espacio dedicado a la dignidad humana, mientras una selección africana es atacada por razones que van mucho más allá del fútbol.

La derrota ante Mexico encendió la mecha. El discurso antiinmigrante que gana fuerza en Sudáfrica arrojó gasolina sobre ese fuego. Y los jugadores, con Williams a la cabeza, han quedado en el centro de la diana.

Política, odio y un capitán señalado

El grupo de vigilancia March and March, que se define como “un movimiento ciudadano de base que aborda la creciente preocupación por la inmigración indocumentada en Sudáfrica”, ha tenido un impacto directo en Bafana Bafana. Su retórica ha calado tanto que, en distintos rincones del continente, hay aficionados que confiesan estar “hate watching” a la selección sudafricana: verla solo para desearle el fracaso.

La presión del grupo ha sido tal que el presidente Cyril Ramaphosa se vio obligado a dirigirse a la nación para anunciar medidas contra las fronteras porosas del país. March and March ha ido más allá: fijó el 30 de junio como fecha límite para que los migrantes indocumentados abandonen Sudáfrica. No dijeron con claridad qué ocurrirá después, pero las imágenes de sus marchas dejan entrever un potencial escenario de violencia.

Gobiernos de otros países africanos han habilitado mecanismos para repatriaciones voluntarias. Y la tensión política ha saltado al terreno del fútbol con la fuerza de una patada a destiempo.

En redes se ha difundido una cita falsa atribuida a Williams, recogida incluso por medios reputados, en la que supuestamente lamentaba que africanos apoyaran a Mexico y decía que el equipo “casi derramó una lágrima” por ello. El capitán lo desmiente de plano.

“Sabemos lo difícil que es ahora en redes sociales, donde todo el mundo te ataca”, explicó. “A veces es por información falsa. Si pierdes un partido y no rindes, como jugadores puedes aceptarlo. Puedes levantar la mano. Pero cuando circula información falsa, entonces duele”.

Williams insistió en que nunca dijo nada contra otros africanos ni contra quienes apoyaron a Mexico. “Siempre he dicho que, como África, somos uno. Nos apoyamos en los buenos y en los malos momentos”, recordó. Y fue más allá: “Cada país tiene su política, sus problemas y sus luchas. No sé de dónde sale todo esto. Duele. Me han atacado… a mí y también a mi país, por lo que está pasando en casa”.

Viejas heridas, nuevas consecuencias

No es la primera vez que la política migratoria y la xenofobia en Sudáfrica salpican directamente a Bafana Bafana.

En 2019, Madagascar y Zambia se negaron a disputar amistosos ante la selección sudafricana por la oleada de ataques xenófobos en el país. Aquello dejó al entonces seleccionador Molefi Ntseki, recién llegado al cargo tras Stuart Baxter, sin la preparación necesaria antes de las eliminatorias para la Copa Africana de Naciones 2021.

El resultado fue contundente: Sudáfrica no logró clasificarse. Terminó tercera en un grupo con Ghana, Sudan y São Tomé and Príncipe. Seis años después, el eco de aquella crisis vuelve en otra forma. Esta vez, el castigo se materializa en insultos, campañas de odio y presión psicológica sobre los jugadores.

“Los jugadores también somos seres humanos. Lo sentimos. A veces se hace demasiado”, reconoció Williams. “Quieres centrarte en hacer tu trabajo, que es ser futbolista, pero terminas metido en política aunque no quieras estar en ese espacio”.

“Dejemos la política a los políticos”

En medio de la tormenta, el capitán se aferra a lo que el fútbol todavía puede ofrecer: refugio y unión.

“Lo maravilloso del deporte es que puede unir, puede hacerte o deshacerte. Puede juntar a la gente”, dijo. Y puso un ejemplo inmediato: “Estamos en Atlanta y veo a tantos africanos… tantos sudafricanos y gente de Mexico, todos en una misma sala. Esa es la belleza del deporte. Esa es la belleza del fútbol”.

Su mensaje es directo: “Disfrutemos y pasémoslo bien. Dejemos la política a los políticos. Dejemos que nosotros juguemos al fútbol y disfrutemos”. Y lanza una petición concreta a los aficionados: “Criticadnos por lo que pasa en el campo, pero las cosas fuera del campo… no podemos manejarlas y no tienen nada que ver con nosotros. Como africanos, unámonos y sigamos adelante, porque estamos todos juntos en esto”.

Un partido que pesa más que tres puntos

El choque ante Czechia no es solo una cita clave por la clasificación. Puede marcar el tono emocional del resto del torneo para Bafana Bafana.

Los dos primeros de cada grupo avanzan de forma directa a octavos de final. A ellos se suman ocho terceros de los 12 grupos, que completan el cuadro de 32 equipos. El margen de error es mínimo. Sudáfrica llega con la obligación de reaccionar y, al mismo tiempo, con la carga de un país dividido y un continente que, en algunos sectores, la mira con recelo.

“El camino que tomemos dependerá de cómo manejemos el odio que hemos recibido desde ciertos sectores del continente, y también las críticas duras de nuestros propios aficionados en casa”, admiten en el entorno del equipo. Williams no lo esconde: la plantilla ha tenido que sentarse a hablar del tema.

“Por triste que suene, los jugadores han aceptado que así es el mundo ahora”, explicó. “Hemos tenido reuniones para hablar de esto como grupo. Pero tenemos un entrenador experimentado como el coach Hugo (Broos), que dice que lo más importante es analizar el partido”.

El mensaje interno es claro: aislarse del ruido. “Lo más importante es bloquear el ruido, centrarnos en cómo podemos mejorar, aprender de nuestros errores y mantenernos unidos como equipo”, subrayó el capitán.

La consigna es casi de supervivencia mental: “Si vas a escuchar la opinión de un millón de personas, vas a perder la cabeza. En este momento, el comentario más importante y la persona a la que hay que escuchar es nuestro entrenador y el cuerpo técnico. Él nos conoce, y nosotros le conocemos. Conoce nuestras fortalezas y debilidades”.

El vestuario se aferra a ese pacto. “Estamos ahí los unos para los otros. Vinimos juntos y nos iremos juntos. Así que mantengámonos unidos como equipo y sigamos concentrados”.

En Atlanta, Bafana Bafana no solo se juega seguir con vida en el Mundial. Se juega también demostrar si puede levantar la cabeza en medio del ruido, del odio y de una batalla política que no empezó en el césped, pero que hoy se libra, también, con un balón en los pies.