Yang Hyun-jun brilla en Paisley antes de unirse a la selección
Yang Hyun-jun se marcha por la puerta grande. En Paisley dejó una última estela verde y blanca antes de hacer las maletas rumbo a la selección de Corea del Sur y a los Juegos Asiáticos. Un gol, un triunfo y la sensación nítida de que Celtic pierde mucho más que a un extremo eléctrico durante las próximas semanas.
Un golpe decisivo en Paisley
The Marbill Coaches Stadium, 5 de septiembre de 2026. Partido trabado, 1-1 ante St Mirren, tensión en las gradas y un Celtic que buscaba algo diferente. Lo encontró en la banda izquierda.
Minuto 68. Camilo Duran rompe líneas, levanta la cabeza y ve el desmarque de Yang. El surcoreano ataca el espacio, recibe y suelta un disparo certero que se cuela para el 2-1. Gol. Remontada. Y celebración desatada ante los aficionados desplazados.
No fue solo el tanto. Yang dominó su carril, encaró, pidió el balón, ofreció salida constante. Fue la referencia ofensiva que el equipo de Martin O’Neill necesitaba en una tarde incómoda ante los Buddies.
Ese gol, además, confirma un momento dulce: es su segundo tanto consecutivo tras ver puerta ante Aberdeen en Celtic Park la noche del miércoles. Dos partidos, dos dianas, y la sensación de que se ha convertido en uno de los hombres del momento en el campeón escocés.
De casi vendido a pieza clave
Cuesta creerlo viendo su nivel actual, pero hace un año Yang estuvo a un paso de abandonar Glasgow. El club tenía prácticamente encarrilada su venta a Birmingham City por apenas 3 millones de libras. El traspaso se cayó en medio del desastroso mercado de verano de 2025, una ventana que todavía escuece en el entorno del club.
A la luz de lo que muestra ahora, aquel “fracaso” del mercado parece casi una bendición encubierta. Desde entonces, el surcoreano ha peleado cada minuto, ha afinado su juego y se ha ganado un lugar fijo en el once. Hoy es difícil encontrar en la plantilla de Celtic a un jugador que haya mejorado tanto su rendimiento en tan poco tiempo.
El cambio tiene un nombre propio: Martin O’Neill. Bajo el mando del veterano técnico irlandés, Yang ha encontrado un contexto ideal. Más confianza, un rol claro y libertad para explotar su uno contra uno. El resultado está a la vista: desborde, gol y una influencia creciente en los partidos grandes.
Hace un año, su ausencia habría pasado casi desapercibida. Hoy se percibe como un golpe serio para el entrenador y para la afición.
Un ataque bien armado… pero con un hueco
Yang se siente cada vez más cómodo partiendo desde la izquierda. Desde ahí, puede perfilarse hacia dentro, asociarse y aparecer en zonas de remate. Al otro lado, Haissem Hassan ofrece equilibrio: el egipcio también se mueve con soltura en la derecha, abre el campo y estira a las defensas rivales.
Falta, eso sí, que Hassan traduzca sus buenas sensaciones en cifras. Todavía no llega ese último pase, ese disparo que rompa partidos. Pero el talento está ahí, y en Celtic confían en que el producto final acabará apareciendo.
Mientras tanto, el equipo pierde al hombre más en forma de su frente de ataque. No solo un regateador de banda. También un futbolista que ya ha demostrado que sabe llegar al área y decidir.
Un vacío en el calendario más exigente
El problema para Celtic no es solo emocional. Es competitivo. La marcha de Yang a la selección de Corea del Sur le hará perderse la visita a Perth para medirse a St Johnstone el miércoles, el doble enfrentamiento de alto voltaje ante Rangers y, además, el estreno en la Europa League frente a Ferencvaros, subcampeón húngaro.
Son semanas en las que el margen de error se estrecha. El derbi de Glasgow siempre deja cicatriz, para bien o para mal. Y el debut europeo en casa ante Ferencvaros marca el tono del grupo. Empezar con victoria es casi una obligación.
En todos esos escenarios, la figura de Yang se antojaba central. Su capacidad para romper líneas y su estado de confianza ofrecían una vía clara para inclinar partidos cerrados. O’Neill tendrá que reinventar su ataque sin uno de sus activos más valiosos del inicio de curso.
Un futuro que se encarece partido a partido
El impacto de Yang ya no se mide solo en goles y asistencias. Se mide en cómo reaccionan los rivales, en el respeto que genera, en el murmullo de las gradas cada vez que encara. Y se mide también en el mercado.
Si mantiene esta línea de crecimiento durante la temporada, el escenario es evidente: ofertas. Muchas y de nivel. No sería descabellado pensar en una operación por encima de los 25 millones de libras el próximo verano si continúa escalando peldaños como hasta ahora.
De estar en la rampa de salida por 3 millones a perfilarse como una posible venta récord. Todo en un año. Todo a base de insistir, mejorar y responder cuando la camiseta pesa.
Por ahora, Celtic tiene algo claro: lo disfrutará mientras pueda. Porque si sigue marcando diferencias como en Paisley, el próximo gran debate en Glasgow no será si se le echa de menos cuando está con su selección, sino cuánto tiempo más podrán retenerlo en el Celtic Park.






